¿PERO QUIENES SON LOS PIRÓMANOS?

La Calderona en llamas. Un incendió que parecía controlado pero el fuerte viento ha impedido un rápido desenlace . Más de 1.400 hectáreas se han quemado… y falta una valoración global de los daños.

incendio-calderona-U301686726197tG-U40201833166HAE-984x608@Las Provincias-LasProvincias

La Calderona. Foto Las Provincias

De pequeño recuerdo en el pueblo el repicar de campanas en verano que adelantaban algún mal acontecimiento.

Corre chiquillo, ves a casa que hay un quemao.

Eran años en los que el voluntariado no existía y la guardia civil iba por los pueblos afectados reclutando hombres mayores de edad para ir a intentar controlar el fuego. Eran años del Icona, eso de las transferencias autonómicas no existían. El forestal era la autoridad y coordinaba los efectivos de la mejor manera posible.

De más mayor recuerdo los veranos trabajando en Icona. Dias al sol componiendo paredes de piedra a modo de puzzle para evitar erosiones en los barrancos en forma de diques. Era la manera que tenía un estudiante de no cargar la economía familiar durante el largo curso escolar. El tío Pillín me enseñó a buscarle la cara a las piedras. Este trabajo en los barrancos lo compaginábamos con el de repoblar con pinos las laderas casi desiertas. Plantábamos pimpollos en unas marcas que previamente habían hecho no recuerdo como. Esto era lo que ahora llamamos reordenamiento forestal.

Hace dos semanas hice una bonita excursión. Cogí la moto y marché de Alcublas a Chulilla, de allí a Sot de Chera, Chera, Requena, Utiel, Benageber, pantano, Tuejar, Chelva, Calles, Losa del Obispo, Villar del Arzobispo y de nuevo a Alcublas. Os la recomiendo: la Serranía en estado puro. Pero a medida que me adentraba en zonas forestales la belleza se convertía en vergüenza. Las nieves de este invierno han dejado un panorama desolador, árboles caídos, otros tronchados, ramas secas, etc. Un perfecto caldo de cultivo o pólvora para hechos como el de la Calderona. Luego vendrán que si la mano del hombre…

De pequeño no se estilaba el reordenamiento forestal. Es más, se repoblaba con el denostado y poco glamuroso pino y no se tenían en cuenta las especies autóctonas. De pequeño los pastores entraban al monte y contenían la exuberancia del matorral. ¿Y ahora?

Ahora hay congresos forestales, técnicos en reordenamiento forestal, unidades del ejército (UMA), mientras que mi amigo Primitivo el forestal de Icona ya se jubiló. Y el monte está peor. La ecuación de incendio igual a cambio climático más despoblación rural se cumple a rajatabla. Gobiernos pasados, presentes y posiblemente futuros no hacen nada para evitar los grandes incendios. Luego la culpa es de quien enciende la cerilla. Pero, ¿qué grado de culpa tiene quien no pone las medidas adecuadas para que ésto no suceda?

La mano del hombre… ¿pero quién es el pirómano?

Enrique Domingo

 

CERREMOS LOS OJOS Y PENSEMOS EN LO RURAL

Todo es según el color del cristal con que se mira. Hace ya dos siglos que Ramón de Campoamor incluyó esta frase en uno de sus poemas. Aprovechando la cita me viene una reflexión: si cerramos los ojos y pensamos en el despoblamiento rural, ¿qué vemos? ¿qué color tienen esas imágenes?, ¿son cercanas o lejanas? Y lo más importante, ¿desde dónde las pensamos?

18766690_1018595611608838_5698548893385622537_o

Acueducto Los Arcos, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Independientemente de si vivimos en el pueblo o en una ciudad, es muy probable que este ejercicio de visualización lo hagamos desde lo urbano. La ciudad, su poderío y todo lo que ello representa coloniza de una manera brutal tanto el territorio como nuestros pensamientos. Por ello debemos buscar y encontrar hueco para lo rural también desde las ciudades. Seguramente nos vendrán pensamientos de mujeres que se van, jóvenes que vuelven tras el curso académico, campos abandonados, polígonos que de ello solo tienen el cartel, viviendas rehabilitadas, carteles de se alquila, tiendas llenas en verano… Dinámicas todas ellas tan diferentes como iguales pero que terminan hablando un idioma propio que todos bien conocemos.

Ha salido recientemente la noticia  que dice que la Generalitat anuncia rebajas fiscales contra la despoblación en las zonas rurales. Se aplicará a municipios de menos de mil habitantes y en particular a los 72 pueblos con riesgo de desaparecer. Es un primer paso, un excelente primer paso. Antes de hablar de si son las medidas necesarias o no, vamos a esperar a ver cuáles son, cuando se ponen en marcha y la cuantía de las mismas. Está demostrado que “el café para todos” no da buenos resultados y es más rentable y eficaz el analizar la idiosincrasia de cada territorio para aplicar luego medidas individualizadas.

Cerremos los ojos y pensemos en lo rural. Pero tengámoslos bien abiertos para reclamar las medidas necesarias y apoyar todas las iniciativas que vengan en nuestra mejora y ayuda.

 

 

SON MUCHAS PERSONAS DOSCIENTAS CINCUENTA MIL.

… a la solana –  Ezequiel Castellano (Coordinador del CELS) 

Este fin de semana pasado han finalizado las trovadas de escuelas en valenciano en las que sumando todas las ediciones, se ha obtenido una cifra global de un cuarto de millón de personas las participantes de la misma, a pesar de los obstáculos que la caverna ideológica pretende poner para que este país no pueda vivir en libertad.

Imagen 079

Xarxa Jove en Ademuz (Foto MasTuria)

Estos encuentros son espacios de convivencia y una invitación a participar y a sumarse desde el respeto, la diversidad y la interculturalidad; tres puntos estos que no suelen practicar aquellas personas que han decidido situarse fuera del decreto de plurilingüismo y hacer todo lo posible para que no se aplique.

Un año más, la primavera valenciana que supone estos encuentros, ha contado con el apoyo de las instituciones públicas y ello es motivo de celebración, puesto que durante los últimos 20 años anteriores, el gobierno valenciano y sus acólitos, dieron la espalda a este movimiento voluntario de personas.

Desde la perspectiva de las comarcas castellanoparlantes, hemos de ver con amplitud de miras esta actividad e incluso, deberíamos aprender a promocionar un  movimiento parecido para que los más jóvenes de la Serranía, el Rincón de Ademuz, el Alto Palancia, Utiel – Requena, Hoya de Bunyol, Calle de Cofrentes, Canal de Navarrés, el Vinalopó y el Bajo Segura, valoraran en su justa medida el valor que tiene para nosotros el valenciano.

Sinceramente, no descartaría la posibilidad de participar en las “trobadas” de las comarcas vecinas, pero además, deberíamos poner en marcha encuentros similares. En este sentido, debemos aplaudir la iniciativa de los programas clave de la estrategia Valenciana de la Juventud, gracias a los cuales se ha comenzado a crear políticas de juventud, al menos entre la Serranía y el Rincón de Ademuz.

Un programa que tras meses de trabajo entre la técnico de Xarxa Jove (Sandra Antón) y los tomadores de decisiones políticas de los municipios (técnicos mancomunidad, AEDLs, alcaldes y/o alcaldesas, concejales y personal docente) hicieron posible que el 11 de abril, unos 83 jóvenes de ambas comarcas se reunieron en Ademuz para pasar una jornada de aprendizaje y puesta en valor de nuestro territorio.

Los jóvenes trabajaron de forma colaborativa y coordinada para mostrar lo mejor de sus municipios, analizar las Dificultades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades que ofrece el área y extraer ideas sobre el futuro de ambas comarcas.

Tras ocho meses de andadura del programa Xarxa Jove, se ha hecho evidente que el trabajo en red y la colaboración de los municipios es primordial para obtener resultados positivos, y más aún en temas de juventud, un tema tan transversal y a priori tan poco visible en los municipios que forman parte de las comarcas del interior.

He sabido que durante estos días se va a valorar este proyecto y no se debe tener ni una sola duda sobre su bondad. Los habitantes de estas comarcas del interior del País Valenciano hemos estado olvidados demasiado tiempo y va siendo hora de paliar políticas tendentes a la consolidación de la población actual. No nos podemos permitir más sangría en el éxodo de los más jóvenes. Ellos son los que han de afianzar la supervivencia en este territorio.

ARTE EN AHILLAS – 2017

Un año más, la Asociación de Vecinos de Ahillas ha organizado durante las fiestas de Pascua y San Vicente Ferrer su ya tradicional, y cada vez más prestigiosa, exposición internacional “Arte en Ahillas”. Exposición colectiva de arte contemporáneo que actualmente define a esta pequeña aldea de Chelva, en pleno corazón de La Serranía, como un lugar de artistas y arte.

(1) ARTE EN AHILLAS
Esta edición del año 2017 de “Arte en Ahillas”, organizada una vez más por la Asociación de Vecinos de Ahillas, con la colaboración del Ayuntamiento de Chelva y las empresas “La Imprenta”, “Charcutería Juan José Martínez” y bodegas “Terra D ́Art”, ha contado con un atractivo cartel, diseñado para la ocasión por Stewart Lowe, escultor y pintor afincado en Ahillas.

(2) CARTEL 2017
La exposición, que este año cumplía su decimocuarto aniversario, quedó inaugurada al público el pasado sábado 15 de abril en la antigua “Escuela de Ahillas”, reconvertida en 2008 en centro cultural y social de la aldea, y pudo visitarse de 12 a 14 horas y de 17,30 a 20,00 horas, durante los dos puentes festivos de abril, los días 16, 17, 22, 23 y 24.

(3) LA ESCUELA
En esta decimocuarta edición, expusieron como artistas residentes o vinculados de algún modo a Ahillas: Paco Sainz, Stewart Lowe, Vicent Ros, Alicia Torres Simón, Rachel McClure, Miguel Navarro y Lynda Haldane.

Siendo los artistas invitados para la ocasión: Helena López Calomarde, Andrada (Ma José Llatas) y Ricardo Catalá.

(4) Panel con los artistas
En la zona central de la sala de exposiciones se encontraban expuestas las esculturas sobre expositores verticales blancos, destacando en primer término una bonita escultura del artista escocés, antes ingeniero, Stewart Lowe, realizada en piedra natural y mármol.

(5) Stewart Lowe
A su lado, tres esculturas en madera de Miguel Navarro. La primera, a la derecha, sujeta a un soporte metálico y mármol blanco, que favorecía la sensación de encontrarse ingrávida en el aire.

(6) Miguel Navarro
Y a su izquierda dos escultura más de Miguel Navarro. Una, enteramente de madera, de buen tamaño y con formas geométricas muy definidas.

(7) Miguel Navarro-2
Y la segunda, combinando madera y piedra, reproducía de manera muy realista a una pequeña foca, en madera, descansando sobre una piedra natural pulida.

(8) Miguel Navarro-3
Al fondo a la derecha, se mostraba la última escultura expuesta: una pequeña figura humana sentada. Obra con hondas raíces clásicas, realizada en piedra por el reconocido escultor Paco Sainz, el primer artista llegado a Ahillas.

(9) Paco Sainz

 

Por otro lado, en las paredes se podían contemplar, en primer lugar a la izquierda, nueve pequeños relieves cuadrados geométricos blancos, formando una misma obra escultórica, de Rachel McClure.

(10) RACHEL MCCLURE
En el centro de esta pared, tres cuadros de Stewart Lowe, pintor además de escultor, el último en llegar a Ahillas: un paisaje y dos desnudos, que destacaban en la muestra por su fuerza expresiva.

(11) Stewart Lowe
Y a su lado, cuatro aguafuertes de tema taurino, de la serie titulada toros, de la artista Lynda Haldane nacida en Londres y residente entre España (Ahillas) y Escocia.

(12) Lynda Haldane
Lynda Haldane estudió Bellas Artes en la Facultad de San Carlos de Valencia y Litografía y Grabado en Arteleku, San Sebastián, y su obra recrea, en especial, escenas cotidianas de su aventura en la aldea de Ahillas, tanto en óleos sobre lienzo como en lápiz sobre papel. Aunque para esta exposición ha mostrado su faceta de artista del grabado.

(13)Aguafuerte-Serie toros
En frente, completando a los artistas ahilleros, un cuadro de Vicent Ros Soler, que aun siendo principalmente fotógrafo de todo el ecosistema serrano (montañas, árboles, flores, atardeceres), también ejerce, como en esta exposición, de pintor de estilo realista.

(14) Vicent Ros Soler
Y a su izquierda, una característica obra de Alicia Torres Simón, que aunque residente en Valencia, por su vinculación y amistad participa dentro del colectivo de Ahillas. Una pintura expandida que se aleja del soporte convencional, realizada en pan de oro y resina acrílica, de aspecto abstracto, a medio camino entre pintura, escultura e instalación.

(15) Alicia Torres
La muestra, aglutinada entorno a las obras de los artistas residentes o vinculados a Ahillas, contaba además con la presencia de otros invitados. En esta ocasión, con la joven Helena López Calomarde.

(16) Helena López
Con Ricardo Catalá, de Alfara del Patriarca (Valencia), conocido artista autodidacta especialista en collages.

(17) Ricardo Catalá
Y, por último, con obras de la artista de La Serranía, en concreto de El Villar, Maria José Llatas Molina (ANDRADA), licenciada en Bellas Artes en San Carlos, especialidad escultura- arte público. Expuestas en la pared del fondo de la sala, nos impactaron enormemente por su valentía y compromiso.

(18) ANDRADA
Esta nueva edición “Arte en Ahillas”, singular y muy interesante como las anteriores, ha dado a conocer la obra de un grupo de artistas contemporáneos que, venidos de diversos rincones, han revitalizado con su presencia esta aldea de La Serranía que se encontraba abandonada y que hoy goza de prestigio gracias a ellos y a su reconocida obra artística. Enhorabuena a todos por el éxito conseguido y esperamos vernos el año que viene en la decimoquinta edición de “Arte en Ahillas”…

Por: JUAN ANTONIO FERNANDEZ PERIS

 

TITAGUAS – LA CALERA del Castillo de la Cabrera y su valor etnológico

José Ramón López Carceller

Hola amigos, hoy presentaré después de un largo tiempo sin hacerlo un trabajo relacionado con la Serranía valenciana que, como sabéis por otras publicaciones mías me gusta investigar su historia y su cultura.
No quiero dejar pasar más tiempo sin hacerlo, y he decidido mostraros éste artículo que, he dedicado a los antiguos y tradicionales HORNOS DE CAL, actividad que, llevaron a cabo nuestros antepasados en la comarca de los Serranos.

18402158_1282776291819913_5713495400362840637_o

Este es un contenido que llevo bastante tiempo preparando e intentando sintetizar para que resulte la lectura lo más amena y atractiva posible, aunque por ser una actividad que requiere un trabajo laborioso y artesanal llevado a cabo por un equipo de personas de una forma conjunta y coordinada, poco se puede abreviar para tener una idea clara de la construcción de los hornos de cal.
Lo he preparado resaltando los detalles más peculiares y relevantes para la mejor comprensión de la fabricación de esta sustancia de color blanco o blanco grisáceo como es la cal. Por eso creo que con su lectura conoceréis las características y el esfuerzo que hacían los habitantes de esta bella comarca serrana en tiempos remotos para realizar estas tareas.

18422469_1282776421819900_1810961624215218723_o18489897_1282776355153240_1240624525409570397_o

Como siempre acompañaré fotos de mi archivo personal que, nos muestran el estado actual del horno, y otras fotos más localizadas en las redes sociales que, ilustrarán con claridad junto con dibujos el procedimiento de la fabricación de los hornos de cal.

Para comenzar deciros que, siento mucho respeto y una gran admiración por la arqueología y la paleontología. La primera me apasiona porque estudia los descubrimientos de la antigüedad a través de excavaciones, y la otra, me entusiasma porque analiza los restos fósiles de los seres que habitaron la tierra hace millones de años, siendo ambas ciencias disciplinas históricas qué, han despertado en mí la curiosidad de conocerlas e investigar sobre ellas.

Pero también me gusta saber y conocer en profundidad de la arquitectura de los edificios antiguos, tanto urbanos como los rurales que están diseminados por el territorio de la Comunidad Valenciana, gusto que, comparto con mi amigo Ramón Sánchez Castelló que, siempre está dispuesto a colaborar conmigo desinteresadamente en cualquier manifestación cultural.

18404006_1282776638486545_8179074748708108211_o18489545_1282776498486559_4334045938081140347_o

Es por eso que, hace unos meses hablábamos del Horno Medieval de Aras de los Olmos ubicado en el centro histórico de la población, con un cometido muy específico como es la fabricación de pan, alimento básico para nuestra dieta.

Pero la publicación que presento hoy es diferente, por su localización y por ser una actividad importante para los habitantes de la Serranía del siglo XVIII y XIX, y hasta mediados del XX.

En este texto contaré lo que he podido saber de los HORNOS DE CAL, llamados también “LAS CALERAS”, pero en particular de la CALERA DEL CASTILLO DE LA CABRERA, ubicada en el pueblo valenciano de TITAGUAS, lindero con Aras de los Olmos por el Norte de su término municipal, del cual hablaré con detalle más adelante después de hacer una descripción general de los hornos de cal.

18403912_1282777261819816_3903720780083184405_o18359475_1282776001819942_6131521693578128277_o

La CALERA está situada a las faldas de una colina, o cerro rocoso donde un poco más arriba del monte, ya en la cumbre, también se encuentran los restos arqueológicos de un castillo conocido por el nombre de EL CASTILLO DE LA CABRERA, fortificación musulmana derruida desde donde se divisa un espectacular paisaje por diferentes lados de la fortificación en ruina.

Desde esta atalaya y echando la vista atrás, es decir, oteando en dirección contraria a Titaguas, también se puede contemplar el bello y hermoso paraje de Aras de los Olmos que, se divisa entre los montes que circundan el lugar.

Desde el mismo promontorio pero esta vez mirando en dirección a la población de Titaguas, se observa un precioso valle situado entre montañas limitado por la carretera CV35, y combinado con tierras de cultivo de cereal donde resalta en la encrucijada de dos caminos la antiquísima masía de la MAILESA, construcción dedicada a la explotación agraria que, forma parte de la arquitectura rural del Altiplano de Alpuente y que, con el transcurrir del tiempo ha ido perdiendo su función como masía debido a la emigración de los habitantes de la Serranía hacia otras ciudades como Valencia y Barcelona, buscando mejor vida, lo que ocasionó el abandono total del inmueble.

Dada la importancia que debió tener la masía de LA MAILESA como singular construcción rural, y dada la cercanía al horno de cal, considero interesante hacer una breve mención sobre algunos acontecimientos históricos que sucedieron sobre ella.

Según nos informa el Ayuntamiento de Titaguas, la rehabilitación de la masía para la nueva actividad de Hotel Rural, comenzó a ser restaurada por iniciativa privada mediante licencia de obras del año 2011, pero lamentablemente fue interrumpida su construcción en el año 2012 aproximadamente, quizás motivado por causa de las desfavorables condiciones económicas en España en esos momentos.

18449443_1282779298486279_81901350564677669_o18359149_1282779211819621_2670065250710417662_o

Esta casa de labor situada en el término municipal de Titaguas actualmente, perteneció al territorio de Aras de los Olmos hasta el 20 de Septiembre de 1757, pero después de un larguísimo pleito entre las poblaciones limítrofes de Alpuente, Aras de Alpuente, y Titaguas por desavenencias en el señalamiento del límite entre ellas, fue dictada sentencia definitiva por la Real Audiencia mejorando la anterior del Marqués de Risco de 6 de enero de 1731 en la que, se determinaba que procedía la segregación de la casa rural LA MAILESA en favor del municipio de Titaguas.

18342516_1282779355152940_3950101852637618768_n

Para mayor comprensión del amojonamiento entre Titaguas y Aras, acompaño en el apartado de fotos un plano cuya fuente es “simonderoxasclemente-Memoria de clemente en Aras” de Juan Vicente Botella, donde se puede apreciar como el linde del término municipal antiguo de Aras, anterior al 20 de Septiembre de 1757, se desplaza en el sentido de las agujas del reloj, es decir retrocede hacia Aras, dejando dentro de los nuevos límites de Titaguas la masía de las Mailesa, además de otras partidas como La Masada, y Fuente del Oro, La Cabrera. La Matrera, La Burguesa, Los Secanos, La Rebollosa y la fuente del Rebollo.
Para más información podéis consultar al final del texto en –Fuente Consultadas-.

A modo de pincelada histórica, y sin entrar en detalles de los amojonamientos de los términos municipales entre las tres poblaciones, deciros que Titaguas y Aras de Alpuente, hoy denominado Aras de los Olmos, fueron antiguas aldeas de Alpuente convirtiéndose posteriormente en poblaciones independientes mediante privilegios otorgados a los dos municipios.

18342163_1282779395152936_3609786124169681812_n

Para mayor esclarecimiento he consultado la Guía del Archivo Municipal de Aras de los Olmos. Documento que, nos indica que, el 11 de Mayo de 1728, el Consejo de Castilla expedía el privilegio de Villa Real al lugar de Aras de Alpuente. El Privilegio preveía que se le asignara un término municipal proporcional al vecindario, pero manteniendo la comunidad de pastos, cuyos actos de posesión comenzaron el 4 de junio de 1728.

Titaguas, como tal aldea de Alpuente también obtuvo Privilegio de Villa Real el 6 de Mayo de 1729, un año después que le fuera concedido a su pueblo vecino Aras de Alpuente, hoy denominado Aras de los Olmos.
Su término municipal se adecuó al número de habitantes de la población y así mismo se le informó que debía continuar con la mancomunidad de pastos con Alpuente, decisión ésta que no le salió gratis a Titaguas, ya que por este Privilegio Real, tuvo que pagar al Rey Felipe V, 24.706 reales de vellón.

Con este relato de acontecimientos históricos ocurridos en el siglo XVIII sobre la masía de la MAILESA que, conciernen directamente a Titaguas y Aras, ahora sí que ya podemos seguir con la historia de los HORNOS DE CAL.

Producto del empeño por la investigación del pasado de la Serranía, hemos localizado, la CALERA DE TITAGUAS, con signos evidentes de deterioro por falta de mantenimiento a pesar de ser una riqueza cultural digna de examinar su pasado etnológico y cultural.

Como introducción a este menester diré que la obtención de cal a través de los hornos tradicionales, es un procedimiento o técnica muy antiguos, cuyo punto de partida podría ser en la época Romana, aunque la cal es un material que se utilizaba en la PROTOHISTORIA, es decir, periodo de la vida entre la prehistoria y la historia conocida por medió de la comunicación hablada, pues de este periodo no existen documentos escritos que acrediten tal hecho.

LAS CALERAS, son hornos para calcinar la piedra caliza que, se ubicaban preferentemente en zonas donde había suficiente piedra caliza en sus alrededores, materia prima necesaria para obtener la cal, o lo que es lo mismo “oxido cálcico”. También era aconsejable construirlos en terrenos inclinados, cerca de un espacio llano, y cuando estaba localizado el lugar idóneo, los “calcineros” o “caleros” que así se llamaban los trabajadores expertos en estas lides, hacían un hoyo en la pendiente con la herramienta de la época que, no era otra que, el pico, la pala y otros utensilios con los que construían la “olla”, hueco que tenía un diámetro y una profundidad que dependía de la cantidad de cal que había que fabricar, pues los obreros tenían muy en cuenta el tiempo que iba a estar almacenado el producto terminado sin ser vendido, y la razón consistía en qué, el periodo de vida de la cal después de salir del horno no era duradero, motivo que limitaba sus dimensiones, pues el exceso de cal almacenada mucho tiempo por demasiada producción corría el riesgo de ser desechada por su mal estado.

LA CALERA DE TITAGUAS DEL CASTILLO DE LA CABRERA:

Los restos de este horno, no son muy diferentes en sus características a otros tantos repartidos por la Comunidad Valenciana y en otras latitudes de la geografía española, como por ejemplo los localizados en Mallorca en las zonas de Calviá, Ses, Salines, Felanitx, y otros lugares recayentes a la vertiente de la Sierra de Tramontan que, forman parte del paisaje tradicional.
Todos desempeñaron la misma actividad artesano-industrial, fabricar cal, e indirectamente cumplieron una función social, la de dar trabajo temporal a los obreros, pero el avance industrial y las nuevas tecnologías obligaron a abandonar este sistema legendario de fabricación.
Según manifiesta el autor Carles Rodrigo en su trabajo La Calera del Castillo de la Cabrera, al parecer este horno fue el último que se construyó en Titaguas.

18451690_1282777798486429_3409803183513999437_o18449257_1282777571819785_5036485710454766060_o

Las autoridades municipales de Titaguas intentan mantener y conservar esta construcción artesanal histórica dado el valor etnológico que representa para la cultura tradicional serrana. Tanto es así, que años atrás instalaron un directorio informativo cerca de la calera para mostrar a los visitantes la idiosincrasia del horno.
En el citado panel se explica con textos y dibujos el proceso de fabricación de la cal, pero actualmente este tablón se encuentran en mal estado de conservación debido a los desperfectos que han provocado las inclemencias del tiempo por no tener un techo que lo proteja, pues no debemos olvidar que el clima de Titaguas al igual que en Aras de los Olmos, es continental y la población está situada a 820 metros de altitud sobre el nivel del mar, lo que hace que las temperaturas sean extremas, tanto por el día como por la noche.

Al igual que en Mallorca, los obreros de la Serranía valenciana que se dedicaban a construir hornos de cal buscaban las laderas de un monte a ser posible, es decir, terrenos inclinados que les permitiera poder construirlos con facilidad. Era importante también que, la ubicación estuviera orientada hacia el Sur, y protegida de la orientación Norte.

18401866_1282779485152927_1912336811231118566_o

El lugar elegido para construir LA CALERA DE TITAGUAS fue el paraje de “La Mailesa”, lugar situado entre las poblaciones de Titaguas y Aras de los Olmos, y según indica el plano a escala 1:20.000 del Instituto Geográfico Nacional facilitado por el ayuntamiento de Titaguas., el horno está situado en la “Hoya del Castillo”, en la parte baja de los restos del Castillo de la Cabrera, cuyo acceso principal es a través de la carretera CV35, desde donde se inicia el camino que conduce al rio Turia, y a pocos metros de su inicio hay otro camino a la derecha debidamente señalizado que nos lleva al pie del horno. Para mejor localización se acompaña plano.

En este territorio de la Serranía, los hornos de cal se construyeron aprovechando la cantidad de piedra caliza existente en la zona, y porque, de igual modo, en los alrededores del horno se disponía de cuantiosa leña de los bosques donde convivían pinos, carrascas, y otros árboles, acompañados de matorrales y arbustos que formaban el sotobosque a los pies del arbolado que, sirvieron para alimentar el fuego del horno.
La piedra caliza era la materia prima necesaria para convertirla en “cal viva u óxido de calcio” (CaO) una vez cocida, y la leña, junto con las matas y arbustos se usaba como combustible para calcinar la piedra.

Ambas materias por estar cercanas a la calera simplificaban la fabricación de la cal, evitándose así el transporte del material desde otros lugares hasta el horno con mulos y carros.

Desde el siglo XVIII hasta mediados del XX, la cal tenía mucha importancia en la construcción tradicional en la Comunidad Valenciana por ser un ingrediente necesario en la composición de los morteros o argamasas, debido a que en ese periodo de tiempo todavía no se conocía el cemento.
Pero la cal no solo se gastaba en las construcciones y obras de la Serranía , sino que, tenía otras aplicaciones.

También se empleaba mezclada con agua para pintar, o “faldegar”, como llamaban los serranos a la acción de pintar las fachadas de las casas, bien en blanco, o con remates decorativos en ventanas, en puertas, y en elementos ornamentales en distintos colores, en el que destacaba casi siempre el tono azul. Sustancia que conseguían mezclando la cal con “azulete”, polvos que usaban las mujeres para dar color azulado a las prendas blancas.

Además de mantener limpias y aseadas las fachadas sobre todo en las fiestas patronales de los pueblos, la cal también ejercía una labor de protección del paramento, ya que lo impermeabilizaba con la película que se formaba por la acción que ejercía el carbonato de calcio.
A otros niveles distintos del tradicional, la cal también se utilizaba en agricultura para pintar los troncos de los árboles y sulfatar las plantas en evitación de plagas. De igual manera se usaba como desinfectante para que no se propagaran las enfermedades infecciosas, y en medicina formaba parte como ingrediente de algunos medicamentos y anestesias, siendo muy utilizada además en la industria del curtido, pues formando una solución con agua servía para ablandar el pelo de las pieles.

EL PROCEDIMIENTO PARA OBTENER LA CAL EN LA CALERA DE TITAGUAS:

La construcción y preparación del horno era una actividad dura, nada fácil y muy laboriosa. Para ejecutar la obra se necesitaban buenos especialistas, pero no era menos dura y dificultosa la cocción de la cal ya que, la calcinación de la roca caliza requería un proceso lento en el que intervenían varias personas además del maestro calero.

18422203_1282778185153057_407017607855955381_o

El grupo de trabajadores lo formaban por un lado, los “caleros”, como así se hacían llamar aquellos operarios cualificados con suficiente experiencia y reconocimiento adquirido, aunque no dedicados exclusivamente a este oficio, pero sí necesitados de mejorar su situación económica con otras tareas, pues normalmente eran personas dedicadas a la agricultura que aprovechaban la época de menos actividad agrícola situada entre la segunda mitad del invierno, y la mayor parte de la primavera para desarrollar esta actividad. Sin embargo otros autores sobre publicaciones de los hornos de cal afirman que, “la cocción en el horno se realizaba entre abril y septiembre, los meses de menor humedad”. Para mayor información podéis consultar el enlace correspondiente en –Fuentes consultadas-.

Por otro lado hacían falta ayudantes para completar el ciclo de construcción del horno y cocción de la piedra caliza, siendo habitualmente escogida esta labor de peonaje entre las gentes del pueblo para trabajar a jornal, cuya retribución salarial se pagaba por el sistema del cambio, es decir, con capazos del preciado producto.

Como he mencionado anteriormente, el procedimiento era lento y siempre vigilando el horno para controlar su evolución.
Se necesitaba bastante tiempo para extraer la piedra, para transportarla a pie del horno, y ordenarla después.
Algo similar sucedía con la leña y los arbustos, había que cortarlos, transportarlos en forma de haces cargados a hombros de los ayudantes o con mulos, y después clasificarlos.

18359532_1282776565153219_3577902208977564567_o18402077_1282776721819870_1849282627508180783_o

En el lugar escogido para la construcción del “Horno o calera”- se excavó a mano con las herramientas de la época, un hoyo o pozo cilíndrico con un diámetro aproximado de 4,00 metros y una profundidad media de 2,50 metros al que denominaban “Olla”, y al suelo o parte más baja del horno se llamaba “fondo de olla”, el cual estaba formado por escalones o poyetes que servían de apoyo de la bóveda de cal y de delimitación de la cámara de fuego que estaba más honda.
La “olla” la rodearon con un muro de mampostería construido mediante la técnica de piedra seca sin labrar y sin formar hiladas, con una altura aproximada de 2,00 metros en su parte más alta, y con un espesor de 1,00 metro aproximadamente. Este muro servía para consolidar la estructura del horno, además de conservar el calor interior.
Para mantener las calorías, se procedía al rellenado de los huecos entre las piedras con tierra o barro que evitaba la fuga de la energía calorífica.
Esta pared gruesa se apoyaba en el suelo de la pendiente del terreno dejando un hueco abierto en la parte que daba acceso al camino que, era precisamente la “boca del horno”.

18422469_1282776421819900_1810961624215218723_o

Aunque no se aprecie en las fotografías, la boca de horno se construyó de la misma manera que una ventana, es decir, tenía adosadas a sus lados y techo piedras especiales resistentes al calor, que hacían las funciones de las jambas y el dintel propios de una ventana. Algo distinto a las caleras de otros lugares que, la boca del horno se formaba con un arco de medio punto, o terminada como la pendiente de un tejado a dos aguas.

A continuación, el maestro hornero y los especialistas, construían en el interior del horno la bóveda en seco, comenzando la colocación con piedra caliza de tamaño grande en primer lugar, disminuyendo su tamaño a medida que iban subiendo con la bóveda hasta llegar al nivel superior del muro exterior. Una tarea que requería de la persona con buenos conocimientos sobre bóvedas, y una gran destreza, además de poseer buenas condiciones físicas, debido a las dificultades constructivas que entrañaba la construcción.
El remate de la obra se llamaba “la coroneta”. Se construía con piedra común y servía para cubrir la bóveda terminada con piedra caliza, adoptando su forma cónica y dejando las piedras algo separadas entre sí para que, sirviera de respiradero de los humos de la combustión de la leña.

Terminada la colocación de la piedra en el horno, bien la calcárea en el interior, como la exterior del muro de cerramiento y “la coroneta”, se procedía al encendido del horno con los matorrales acopiados y con la leña recogida de los alrededores que, eran introducidos en la cámara de fuego.
Se empezaba con fuego lento hasta conseguir que las piedras calcáreas sudasen. A continuación se avivaba intensamente el fuego en el “fondo de la olla” hasta alcanzar temperaturas comprendidas entre los 900 y 1.200 grados centígrados necesarios para la cocción de la piedra caliza, magnitud ésta que, no se alcanzaba hasta pasados los tres días del encendido del horno, debiendo mantenerla durante todo el tiempo que duraba el proceso de cocción estimado por los especialistas entre diez y quince días.
Las ganancias que se obtenían eran muy bajas, ya que por cada 1.000 kg, de piedra caliza, se obtenía un 55% aproximadamente de “cal viva”, y para alimentar el fuego se necesitaban del orden de 2.000 kg de leña.

El mantenimiento constante de la temperatura ideal era muy importante y esencial para fabricar el producto correctamente, hecho que obligaría la observación permanente del fuego día y noche, ya que las oscilaciones térmicas podían restar calidad a la cal incluso podía dejar inservible la hornada.
También era imprescindible que, las condiciones climáticas fueran favorables, pues las inclemencias del tiempo adversas como la lluvia podrían complicar la elaboración del producto satisfactoriamente.
Así mismo, era necesario tener limpia de ceniza la cámara del fuego, y para eso un operario debería estar en actitud vigilante incesantemente para quitar el exceso de ceniza con una pala de mango largo cuando fuese necesario.

Finalizado el periodo establecido para la cocción de la cal que, se sabía cuándo el humo salía blancuzco, es decir, tirando a blanco sucio, el producto terminado se había convertido en “cal viva u óxido cálcico”.
Este material terminado que, posee un determinado poder cáustico y deshidratante, mezclado con agua reacciona hirviendo y se transforma en “hidróxido de calcio” o “cal hidratada”, o también llamada “cal muerta”, cuya fórmula química es Ca(OH)2, y una vez alcanzada la temperatura de 90ºC, y terminada la ebullición, se ha obtenido la “cal muerta”, cal útil para realizar obras de todo tipo después de su debido reposo.

Actualmente la obtención de “cal muerta” por este procedimiento está en desuso por haberse industrializado el método en beneficio de una fabricación más rápida con la que se consigue obtener cal hidratada más segura, y manejable para los usuarios.

Terminado todo el proceso de fabricación de la cal todavía se tenía que esperar otros diez o quince días a que las piedras se enfriasen, y transcurrido ese tiempo, se empezaba a extraer la “cal viva” desde “la coroneta”, es decir, de arriba hacia abajo hasta dejar el horno vacío. A partir de ese momento vendría la preparación y selección del producto terminado para ser vendido según las necesidades y encargos de los usuarios.

18424159_1282778638486345_666326101223910604_n

Con la selección del producto y su posterior comercialización, doy por terminado este trabajo con la esperanza de haber podido explicar pormenorizadamente un oficio ancestral ya desaparecido y poco conocido por las nuevas generaciones.
También ha sido mi propósito hacer un trabajo completo en el que, he procurado compaginar la narración de la CALERA DEL CASTILLO DE LA CABRERA con la sucesión de acontecimientos habidos sobre la masía de la MAILESA, edificio cercano a la Calera y que, en definitiva ambos corresponden a la historia de dos pueblos vecinos, Titaguas y Aras de los Olmos.
FUENTES CONSULTADAS:
-Guía Archivo Municipal de Aras de los Olmos.
-La Calera del Castillo de la Cabrera de Carles Rodrigo
-Hornos de Mallorca
http://www.calvia.com/servlet/model.web.ShowDoc…
-Titaguas un enclave privilegiado en la comarca de los Serranos.
-Blanqueando Castellón. La Caliza y los Hornos de Cal
-Los oficios de la Sierra de Espadan: Los Hornos de Cal.
http://castellon-en-ruta-cultural.es/los-oficios-de-la-ser…/
-simonderoxasclemente-Memorioas de Clemente en Aras
http://simonderoxasclemente.blogspot.com.es/…/memoria-de-cl…

BAJO LA UMBRÍA DEL ABANDONO

La casa vieja y los gatos. La casa vieja. Los gatos. Una rocha que sube despacio hasta las eras y que en mitad de la pendiente se da la mano con esa soledad que tiene el mismo tono grisenco del que está pintado el abandono de los pueblos.

3

Esos lugares que acaban no apareciendo por ningún mapa. Los que terminan no siendo. Las ventanas de las cambras y un poco más arriba el trespol sobre el que se duermen los trastos que no se usan. Aquello que acaba entrando al santuario de la memoria por la puerta falsa del recuerdo. Ese silencio hecho de otros tantos silencios, de cientos, o esa nada que es el escondrijo de las últimas sombras. La quietud. El lado vacío de las palabras no pronunciadas o el de las despedidas. Las plazas desoladas del territorio. El semblante bastardo de los sitios desiertos. Como si los que se fueron se hubieran llevado consigo el sonido rítmico de los pasos. Como si ahora no hubiera otra cosa más que las paredes baldías de lo inhóspito. La penumbra de las despensas hambrientas. Los manchurrones del musgo que nadie limpia. Queda la ausencia. El erial de mil ausencias y el de la despoblación de las calles. Jaulones en los que se cobija apenas la arquitectura solitaria de las telarañas. El eco invisible del viaje para no volver. El hasta nunca de las historias lejanas. Escaleras que ascienden a ninguna parte porque las casas se caen bajo el peso abrumador de los otoños. Y porque la despoblación es un gusano que se les ha enroscado en las tripas de mala manera.

2

Hay terrados por los que únicamente se pasea el sol y las gotas anchas de las tormentas. Tendederos de alambre oxidado que han olvidado el tacto de las pinzas y la forma exacta de las camisas. Antenas mancas que son de los tiempos de María Castaña y en cuyas varillas se detuvo la antigüedad sin color del UHF. También pájaros descarados que entran y salen por los cristales rotos. Hay eso. No hay otra cosa. Un amasijo de relojes parados y de alamedas sin caminantes, por los que cada tarde transitan solo los fantasmas prehistóricos de sus habitantes. Soledad. En el tablado en el que antes tocaban los músicos no ves sino un coro mudo de violines: esos que repiten cada madrugada la cantinela triste de la desaparición. Una melodía irremediable. La musiquilla estúpida del se acabó lo que se daba. Las gentes se fueron marchando y ahora no encuentras más que moscas buscando piel y sillas de enea observando las nubes con las patas boca arriba. La geometría de lo inerte.

Hace falta traer personas, más falta aún que plantar árboles. Revivir. Acabar con las voces calladas y con esas puertas cerradas a cal y canto. Llenar las calles de críos antes de que las ratas y los gatos se adueñen de las esquinas y de todas las revueltas de los callejones. No más tarde de que a esos pueblos se los coman por dentro las carcomas y las lluvias de octubre. Hay que hacerlo antes de que se los lleve por delante el olvido o el escamoteo de la historia.

IMG_20170416_134000_resized_20170518_085948847

Demasiado silencio y demasiada tranquilidad. Una afonía que viene a ser como la extinción atrasada de los dinosaurios. La desaparición lenta de los sitios. El quién te ha visto y quién te ve de los lugares. Una sentencia a muerte que se viene cumpliendo desde décadas bajo el decorado melancólico de las partidas. Es necesario que los autobuses suban por las cuestas cargados con las maletas del regreso. Que el morro de los vehículos asome por esos repechos que ponen el acento a las tierras de interior. Que resucite el vocerío de los días de mercado y el soniquete de las fiestas de agosto. Escarbar en el tiempo de otros. Rescatar del olvido las aldeas que han quedado descolgadas del calendario de nuestros días. Salvarlas de la desolación oscura. Sembrar futuro donde se ha hecho fuerte la vejez. Emblanquinar las fachadas y llenarlas del vigor de la recuperación: con nuevos motivos y renovados usos, pero poniendo límites a esa resta criminal. Es tiempo de despertar del mal sueño y dar solución al problema. Tiempo de decir basta y hasta aquí hemos llegado.

AMADEO LABORDA
Autor de la novela “La memoria de tu nombre”.

Pedralba, a 16 de mayo de 2017

CICLISTAS, MOTORISTAS Y OTRAS HISTORIAS

Levamos unas semanas trágicas en nuestras carreteras. Son demasiados ciclistas los que han perdido la vida y eso me lleva a pensar en los riesgos e incompatibilidades de juntar coches, motos, bicicletas y demás, vehículos tan dispares, en una misma vía circulatoria.

1

CV-339 dirección Alcublas-Lliria

La Serranía es una comarca muy propicia a las rutas cicloturistas y las excursiones en moto. Carreteras curvadas con relativo poco tráfico, paisajes que contemplar y pueblos con encanto donde hacer una parada para almorzar plácidamente son su principal reclamo. Una de las más transitadas es la CV-339 en su tramo desde Lliria a Alcublas.

La Fardeta, tal y como se conoce de manera popular a la calzada que rodeada de naranjos, almendros y alguna que otra olivera sale de Lliria y termina en la rotonda del pino es la que se lleva la palma en cuanto a tránsito. Los sábados y domingos por la mañana es todo un espectáculo: junto al tráfico habitual, en ella se dan cita los coches de las personas que pasan el fin de semana en Alcublas y pueblos cercanos, motoristas con ganas de oler a goma quemada y trazar curvas imposibles, abnegados ciclistas en búsqueda de coronar el puerto de Alcublas, tractores y otros vehículos agrícolas, personas mayores con motocicletas de poca cilindrada que salen a ojear sus campos, y vehículos de la guardia civil mimetizados y más que ocultos velando por nuestra seguridad. La “tormenta perfecta”.

Una de las características del ser humano es la sensatez, y esta cualidad se va desarrollando con el paso del tiempo. Pero las noticias que aparecen sobre seguridad vial vienen a contradecir esta premisa: la sensatez del conductor de coche es menor que la del ciclista y/o motorista. Me niego a pensar que esto sea así, pero lo fácil es decir que el grande se come al chico.

2

Volviendo a la Fardeta, y analizando su trazado, vemos muchas peculiaridades. En primer lugar apreciamos que es una calzada sin arcén, con todo lo que esto conlleva. Las señalizaciones de límite de velocidad están en alguno de sus puntos desfasadas, pues se  contemplan desvíos e incorporaciones que ya no existen. El asfalto vivió mejores épocas y el mantenimiento tanto del mismo como el de sus inexistentes arcenes es nulo. Toda la vegetación que crece en sus márgenes impide la visibilidad completa del trazado,  aumentando así los riesgos. Eso sí, hay placas de carretera cicloturista.

3

Con tantas irregularidades no cabe más que utilicemos el sentido común todos los usuarios de esa vía. Que nadie entienda que estas palabras sirven para descargar responsabilidades a los conductores irresponsables, pero deberían cuidarse detalles que hoy por hoy no se cuidan. Lo fácil es echar las culpas al otro y no poner medios para minimizar los riesgos.

¿Para cuando una mejora de la CV-339?