GUÍA GASTRONÓMICA

RESTAURANTE LA PITANZA, PEDRALBA

Dirección: Colon, 18, 46164 Pedralba

Teléfono:615 83 29 64

No hay nada como poder aprovechar bien el fin de semana. Y eso empieza -para los afortunados- el sábado.

Pues bien, el sábado pasado tuvimos a bien coincidir varios amigos y decidimos el acercarnos a Pedralba a comer en La Pitanza, pues teníamos referencias aunque nunca habíamos ido. Tuvimos dos bajas de última hora por problemas estomacales y al final fuimos siete los asistentes.

Llegamos un rato antes de la hora prevista, y pudimos dar un pequeño paseo por el centro de Pedralba, algo muy recomendable.

Una vez saciada nuestra curiosidad, ya marchamos a La Pitanza a la mesa que teníamos reservada. Mientras nos traían unas cervezas a modo de aperitivo, uno de los presentes nos leyó un comentario de las redes sociales sobre el restaurante:

“Restaurante de cocina tradicional mediterránea de mercado. Recomendables sus arroces, así como sus carnes y pescados, todo de elaboración casera. También disponen de carta gastro-bar con más de 30 tapas para las noches. Mención especial a celiacos. Excelente relación calidad- precio. A la carta 25-30€. A las tapas 15-20€.”



Pues bien, al grano. Nos ofertaron un menú degustación ya conformado con unos entrantes, plato central a elegir y postre a elegir.

Mientras decidíamos que arroz elegir, nos obsequiaron con un aperitivo de tosta de Sardina, pimientos y berenjena. Muy buena combinación que desapareció en un visto y no visto. A continuación comenzaron a servirnos los entrantes al centro de mesa:

La ensalada de hortalizas crudas y hueva de atún fue el primero de ellos. Bien aderezada y con el gusto de la hueva, fue toda una delicia para todos menos para una de las presentes, alérgica al champiñón. Enseguida le prepararon otra ensalada sin el componente alérgico.

Enlazamos sin demora con la menestra de verduras con crema de boniato y cecina de León. Combinación armónica de sabores entre los que destacaría el de la cecina. Plato al gusto de todos los comensales.

Pero hablando hablando nos hemos olvidado del vino. Elegimos Álvarez Nölting Syrah 2012, de Utiel Requena.

Como dijo un amigo:

Color rojo picota, con ribete granatoso de intensidad alta, limpio y brillante. Muy glicérico, forma una buena lágrima que tinta sin estridencias la copa.

En nariz, se muestran las frutas rojas y ciertas notas florales, así como toques lácteos entremezclados con aromas a especias, tostados y algo de café. Todos ello en perfecto equilibrio.

En boca, tiene una entrada cálida, muy frutal, lo que hace que resulte sumamente sabroso. Buena acidez, con unos taninos golosos y algo marcados, pero sin llegar a molestar, que le aportan robustez.

La madera está muy bien integrada. Postgusto largo, dejando un sabor en la boca muy agradable. Vendimia manual y maceración en frío.

¡Cómo entiende nuestro amigo!

Bueno… deciros que la carta de vinos contenía una sorpresa que luego desvelaremos…

Sigamos con los entrantes centrales. Llegó la hora del ansiado rebollón. Prepararon un salteado de mollejas, rebollones y huevo a baja temperatura, que ni la fotografía hace honor a su sabor.

Con este maravilloso entrante terminamos con el pan… y casi con el vino. Fue el último entrante. Como plato principal nos ofrecieron lo siguiente:

  • Arroz de costillas, pollo, rebollones y boletus edulis;

  • Arroz de marisco;

  • Secreto con aromáticas y sus patatas;

  • Guiso de callos de bacalao, boletus edulis y garbanzos pedrosilleros.

Consensuamos enseguida: arroz de costillas, pollo y setas para los chicos y arroz melosos de marisco para ellas.

Y nos quedamos sin vino. Hubo que elegir y de paso cambiar para el arroz. El elegido para ello fue Angosto (tinto), denominación de Origen Valencia.

De nuevo nuestro amigo enólogo se explayó:

Este Angosto viene con una fruta roja mas fresca que nunca, dejando una nariz agradable y jovial.

Con unas pequeñas notas minerales y un fondo ligeramente balsamico.

En boca igualmente el trago es con claro protagonismo de esa fruta fresca y roja, posee una acidez bastante viva, algo que ayuda a darle mayor frescura al trago, aqui he apreciado algo mas su paso por barrica, aunque muy ligeramente.

¡Qué atentos estábamos a las explicaciones!

Y ahora la sorpresa. Entre todas las referencias en la carta de vinos hubo una que nos llamó la atención, la de un vino muy conocido por nosotros. Nada menos que Palacia tinto de Alcublas, que cerraba la carta en su apartado de Vinos D.O. Valencia.

Si entre nosotros no nos apoyamos… Un diez a La Pitanza y otro a la Cooperativa de Alcublas por saber difundir adecuadamente el vino propio.

Con los arroces tuvimos un percance. Tan ensimismados estábamos viendo y oliendo el arroz de costillas y boletus que no pudimos fotografiar el meloso de marisco. En otra ocasión será.

Arroz en su punto de cocción y de un sabor… Para poder con las cuatro raciones tuvimos que repetir varias veces el llenado de platos. Impresionante. Creo que acertamos con la elección.

Y así dejamos el caldero.

Y ya de cabeza a los postres. Fueron varias las propuestas:

  • Flan de naranja y helado de mandarina;

  • Bombón de chocolate relleno de toffee (algo picante);

  • Flan de yema tostada y helado de turrón.

Los probamos todos.

Las imágenes hablan por sí mismas. Pasamos en seguida a tomar café con una animada conversación, y terminamos la comida con unos ligeros gin-tonic para poder terminar también la conversación.

En fín, La Pitanza es un restaurante serrano totalmente recomendable con ese unto de creatividad pero sin olvidar donde estamos.

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