ESOS PUEBLOS QUE NO SALEN EN LOS MAPAS

Alfons Cervera – el diario.es

Hace unos días, el gobierno valenciano escogió el Rincón de Ademuz para reflexionar sobre sus logros y cuentas pendientes en los dos años de legislatura. Está bien esa elección. Una manera de escribir, en la tierra que se pisa, los planes de futuro para aliviar la despoblación que sufren las comarcas valencianas de interior. El Rincón y la Serranía son posiblemente las dos que se llevan la palma en lo que toca a quedarse cada día que pasa más vacías de gente y de esperanza. Quiero decir vacías de esperanza en el futuro -como apuntan los planes del Consell- pero digo también y sobre todo vacías de esperanza en el presente.

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Casas Bajas (Rincón de Ademuz)

Porque el futuro no existe. Hablar del futuro es una manera de secuestrar el presente, de poner el rábano en los morros del burro para que no lo alcance nunca. Hablar del futuro es hablar de ahora mismo y si no es así es que estamos haciendo trampa con el lenguaje. Las comarcas pobres y despobladas del interior necesitan buenas políticas que las ayuden a sobrevivir en el presente oscuro en que viven, y en el que seguirán viviendo si no se atina eficazmente en las posibles soluciones.

Siempre hubo algo en esas soluciones anunciadas a bombo y platillo que me sigue provocando una miaja de turbación. Las políticas de ayuda a los pequeños pueblos siempre se inventaron pensando en la gente que no vive en esos pueblos. El argumento ha sido tan repetidamente sencillo como inquietante: el turismo como única tabla de salvación. La canción de siempre: que venga gente a los pueblos que han perdido -si alguna vez lo tuvieron- su sitio en los mapas. Se prometían subvenciones que llenarían nuestras calles de un turismo amante de lo rural, de la tranquilidad que se respira en los sitios pequeños, de esa calma que vuela como un pájaro sobre los valles esculpidos en las montañas con el pico y la pala de una ilusión a prueba de la humillación y del cansancio. Lo de siempre: esa poesía cursi que alimenta las versiones silvestres del urbanita que no sabe lo que vale el peine rasposo de vivir en el culo del mundo. Me lo decía hace muchos años el inolvidable Vicent Ventura: “nunca hagas poesía de los pueblos pequeños”. Y tenía razón. En los pueblos pequeños lo que hay que hacer es destripar el falso bucolismo, abrir una brecha en una cultura que ensalza las tradiciones más anacrónicas (a veces crueles) y exponer esas tripas al aire luminoso de la modernidad. Lo rural no es un valor en sí mismo. Lo hemos de poner en valor, más que nadie, quienes ahí vivimos, casi siempre en unas condiciones que rayan la resistencia numantina. El turismo o el nuevo vecindario vendrá cuando quienes vivimos en medio de la despoblación lo hagamos en las mismas condiciones de confort que todos los demás. Y eso es lo que hay que exigir a las diversas instituciones que nos gobiernan.

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Benagéber (La Serranía)

Ahora el Consell y la Diputación de Valencia han hecho públicos a la vez sus encomiables propósitos de devolver a los pequeños pueblos de la montaña la vida que emigró a la búsqueda de otra vida mejor en las ciudades grandes o en el extranjero. Se trata de propósitos que muestran claras intenciones de generosa y justa ayuda a nuestra supervivencia. Esos planes para acabar con la desigualdad y la despoblación de las tierras de interior hablan de “políticas que garanticen empleo, bienestar y servicios públicos de calidad”. Mucho me parece y ojalá que todo -o cuanto más, mejor- pueda llegar a un final feliz más pronto que tarde.

Escribo aquí algunos detalles que ayuden a entender mejor la necesidad y la urgencia de que se implanten esas políticas de salvación puestas en boca de los presidentes de la Generalitat y la Diputación de Valencia, Ximo Puig y Jorge Rodríguez. Ya dije que la única manera de atraer el turismo o conseguir que aumente el vecindario más o menos fijo es que nuestros pueblos dispongan de todas las ventajas que disfrutan los pueblos y las ciudades grandes. No es posible atraer a nadie para un fin de semana o para toda la vida si tenemos en nuestros pueblos dos horas de ambulatorio médico y ninguna desde el viernes hasta el lunes. No es posible atraer a nadie si no hay un puñetero cajero automático donde sacar el esmirriado dinero de las pensiones. No es posible atraer a nadie si las nuevas tecnologías (internet y cobertura telefónica) son como el tam tam de aquella lejana Kukuanalandia que salía en “Las minas del rey Salomón”. No es posible atraer a nadie si los cauces de los ríos están cegados por esos peligrosos cañares que sólo generan podredumbre y que tanto gustan a los de la Confederación Hidrográfica del Júcar (menuda lacra, esa Confederación). No es posible atraer a nadie si las máquinas excavadoras siguen haciendo desaparecer las montañas como si fueran alumnas aventajadas del mago Houdini. No es posible atraer a nadie si la financiación municipal (la gran cuenta pendiente de todas las políticas) no da ni para pagar el sueldo del alguacil y mucho menos para pagar a las brigadas de limpieza o cualquier otro empleo más o menos estable que dependa de las arcas municipales. No es posible atraer a nadie que en plan emprendedor monte un pequeño negocio si los pocos que ya existen sufren cosa mala para sobrevivir. Por eso -y por mucho más- los planes de futuro del Consell y la Diputación de Valencia están llenos de buenas intenciones, pero no sé cuál será su eficacia final si no tienen en cuenta esos detalles aparentemente “insignificantes” que aquejan la difícil supervivencia de nuestros pequeños pueblos del monte.

Y una coda final para que se entienda mejor mi suspicacia cuando hablamos del turismo. No nos hace falta un turismo masificado y depredador al que le importa un pito la belleza del paisaje, un turismo que si pudiera (y a veces puede porque lo dejan) llegaría con el coche convertido en apisonadora al centro mismo de esa belleza, un turismo que limpia la grasa de las sartenes en el río y antes ha lanzado aguas abajo las bolsas de basura llenas de retales de pollo y botellas vacías de cerveza o coca cola. Un turismo que la única cultura medioambiental que ha mamado en su vida es la de la mierda. Tampoco queremos un turismo de ricos, faltaría más. Sencillamente, lo que queremos es un turismo cómplice con el que compartir lo poco que tenemos. Incluidos nuestros sueños.

FIESTAS CON MÁS SENTIDO COMÚN

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Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

No tengo ni la más mínima duda que las fiestas de nuestros pueblos, aprovechan para que la diáspora de aquellas personas que hacen su vida en otros puntos de la geografía valenciana e incluso más allá de estos límites, retornen con objeto de compartir tradiciones, amistad y momentos pretéritos traducidos al presente.

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Bailes típicos de Chelva

El ocio ha de considerarse como un elemento de cultura, de relaciones humanas, de actividades gratificantes, de aprendizaje de cosas nuevas. Nuestra comarca, debido a sus condiciones sociales, geográficas y climatológicas, ha de procurar  promover actividades capaces de crear hábitos integradores entre la ciudadanía.

Se deben potenciar fiestas y celebraciones que, con el menor presupuesto posible, inviten a la participación al conjunto de la ciudadanía. En el Centro de Estudios la Serranía estamos persuadidos que la participación ciudadana es la clave para el triunfo de cualquier proyecto, pero se ha de tener en cuenta que la participación no se mide únicamente con el parámetro de la cantidad, sino también con el de la implicación y el de la posibilidad de participar.

De nada nos sirve disponer en una mesa de diálogo de una representación masiva de las asociaciones, grupos y entidades de nuestro pueblo, si en realidad no se propicia la participación y esta se desarrolla como en los viejos tiempos, como siempre: unos pocos que hablan y unos muchos que escuchan, a veces sin atender.

Por pequeños que sean nuestros pueblos, se ha de procurar promover la participación; el consejo de participación ciudadana. Un consejo en el que recuperemos la voz de la ciudadanía y volvamos a substanciar el sentido democrático de la vida pública. Las fiestas locales, mayores o de verano de nuestros pueblos, pueden ser una buena excusa para organizar este consejo ciudadano.

No corren tiempos para continuar dejando en manos de comisiones, de festeros y festeras, de quintas o de cofradías, nuestras fiestas mayores. Se ha de pensar en clave abierta y se ha de procurar abrir puertas y ventanas a la creatividad. Las cofradías, los grupos de jóvenes, las quintas nos han traído hasta el declive de la calidad de los actos que se organizan. Hemos de saber ponerle imaginación a nuestras fiestas locales, porque pueden ayudarnos a poner en valor nuestro pueblo.

Las fiestas de verano son el periodo que ayuda a cohesionar la comunidad, suponen momentos de alegría en tiempos difíciles i hacen pueblo. Unas fiestas originales y participativas no necesitan mucho presupuesto, puesto que con unos céntimos de participación ciudadana y actos en los que el pueblo se sienta protagonista, hay más que suficiente.

Ya que estamos en harina, convendría recuperar también el Día de la Serranía, una jornada en la que cada año, se visualice lo que se realiza en esta comarca que en demasiadas ocasiones permanece cerrada y olvidada entres nuestra isla de montañas. Una jornada en la que se promuevan actividades capaces de sumar cultura, tradición y sociedad, condensadas en formato dinámico. En esto, las mancomunidades tendrían mucho que decir, pero callan silenciadas por la dualidad que las anula.

MÁS CULTURA Y MENOS SECTARISMO

a la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

Siempre se ha de tener en cuenta la cultura como base de acción y actuación en nuestros pueblos. Se escribe este artículo de opinión el día en que en el calendario cívico se subraya como Día Mundial de la Población y, a pesar de conocer la buena actitud de los gobiernos valenciano y aragonés y de las universidades del territorio que abraza la Serranía Celtibérica para revertir la fuga de población, debo insistir en la necesidad de poner en valor la cultura, las tradiciones y las costumbres serranas.

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Masía Las Dueñas (Alcublas). Foto M. Ibáñez

Lo hago, consiente y conocedor del anuncio que, hace ahora un año, la Diputación de Valencia realizó en favor de nuestra comarca. Se decía que 19 municipios de la Serranía del Turia recibirían 1,04 millones de euros para realizar obras sostenibles y que no implicaran sobrecostes en mantenimiento o conservación. Esta suma, se añadía a una cifra anterior prevista en el Plan de Inversiones.

Según parece, los 19 pueblos agraciados por esta lotería, en mayor o menor medida, han procurado desarrollar proyectos con estas características, pero una vez más, se observa como las municipalidades de nuestra comarca, mandan (que no gobiernan) de espaldas a la ciudadanía que les otorga su confianza.

Digo esto, porque a pesar de los cuarenta años de democracia vivida, esta comarca dispone de muy pocos consejos de participación ciudadana y de todavía menos órganos consultivos relacionados con la cultura o las fiestas. Una vez más, los ciclos evolutivos en la Serranía del Turia se mueven a golpe de cuarenta en cuarenta años, como en tiempos del dictador golpista.

Afortunadamente, la sociedad civil de algunos de nuestros pueblos, se ha reactivado y ha vuelto a recuperar tono. Pero a pesar de ello, la sensación sigue siendo la misma que se tiene cuando se observa una noria o la rueda de un hámster con el “animalico” dentro. Nos encontramos en un círculo en el que nunca se sabe donde se encuentra el principio o el final.

El hámster, camina y camina dentro de la rueda pero nunca llega a ninguna parte. Cuando se observa la noria, en referencia a la tracción de feria que gira y gira, tampoco lleva más que al punto de partida. Hace demasiado tiempo que nos encontramos dentro de esta situación y aunque caigamos en la redundancia, rodamos sin movernos a ninguna parte

¿Cuánto hace que hablamos de despoblación, de paro o de desánimo, de olvido o de corrupción? ¿Por qué los tertulianos de los medios de comunicación no hablan de esta comarca que todavía es el pulmón valenciano medioambiental, la despensa territorial de la dieta mediterránea o el reservorio de valores sociales y cívicos? Pues muy sencillo: porque los que vivimos o trabajamos en esta comarca, no le hemos sabido poner valor.

Seguramente por ello, queman nuestros montes, transportan hasta aquí sus basuras, taladran nuestro paisaje en busca de minerales i arcillas o se hacen oídos sordos cuando se les recuerda el valor humano, social, cultural y étnico de nuestra comarca.

Pongamos en valor todo aquello que nos caracteriza y asumamos la necesidad de caminar juntos sin duplicidades. No necesitamos dos mancomunidades ni 19 auditorios. Tampoco precisamos docena y media de campos de deportes y atletismo… solo pedimos participación y un poco de cultura. Esto será suficiente por el momento; el resto vendrá por añadidura.

¿PERO QUIENES SON LOS PIRÓMANOS?

La Calderona en llamas. Un incendió que parecía controlado pero el fuerte viento ha impedido un rápido desenlace . Más de 1.400 hectáreas se han quemado… y falta una valoración global de los daños.

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La Calderona. Foto Las Provincias

De pequeño recuerdo en el pueblo el repicar de campanas en verano que adelantaban algún mal acontecimiento.

Corre chiquillo, ves a casa que hay un quemao.

Eran años en los que el voluntariado no existía y la guardia civil iba por los pueblos afectados reclutando hombres mayores de edad para ir a intentar controlar el fuego. Eran años del Icona, eso de las transferencias autonómicas no existían. El forestal era la autoridad y coordinaba los efectivos de la mejor manera posible.

De más mayor recuerdo los veranos trabajando en Icona. Dias al sol componiendo paredes de piedra a modo de puzzle para evitar erosiones en los barrancos en forma de diques. Era la manera que tenía un estudiante de no cargar la economía familiar durante el largo curso escolar. El tío Pillín me enseñó a buscarle la cara a las piedras. Este trabajo en los barrancos lo compaginábamos con el de repoblar con pinos las laderas casi desiertas. Plantábamos pimpollos en unas marcas que previamente habían hecho no recuerdo como. Esto era lo que ahora llamamos reordenamiento forestal.

Hace dos semanas hice una bonita excursión. Cogí la moto y marché de Alcublas a Chulilla, de allí a Sot de Chera, Chera, Requena, Utiel, Benageber, pantano, Tuejar, Chelva, Calles, Losa del Obispo, Villar del Arzobispo y de nuevo a Alcublas. Os la recomiendo: la Serranía en estado puro. Pero a medida que me adentraba en zonas forestales la belleza se convertía en vergüenza. Las nieves de este invierno han dejado un panorama desolador, árboles caídos, otros tronchados, ramas secas, etc. Un perfecto caldo de cultivo o pólvora para hechos como el de la Calderona. Luego vendrán que si la mano del hombre…

De pequeño no se estilaba el reordenamiento forestal. Es más, se repoblaba con el denostado y poco glamuroso pino y no se tenían en cuenta las especies autóctonas. De pequeño los pastores entraban al monte y contenían la exuberancia del matorral. ¿Y ahora?

Ahora hay congresos forestales, técnicos en reordenamiento forestal, unidades del ejército (UMA), mientras que mi amigo Primitivo el forestal de Icona ya se jubiló. Y el monte está peor. La ecuación de incendio igual a cambio climático más despoblación rural se cumple a rajatabla. Gobiernos pasados, presentes y posiblemente futuros no hacen nada para evitar los grandes incendios. Luego la culpa es de quien enciende la cerilla. Pero, ¿qué grado de culpa tiene quien no pone las medidas adecuadas para que ésto no suceda?

La mano del hombre… ¿pero quién es el pirómano?

Enrique Domingo

 

CERREMOS LOS OJOS Y PENSEMOS EN LO RURAL

Todo es según el color del cristal con que se mira. Hace ya dos siglos que Ramón de Campoamor incluyó esta frase en uno de sus poemas. Aprovechando la cita me viene una reflexión: si cerramos los ojos y pensamos en el despoblamiento rural, ¿qué vemos? ¿qué color tienen esas imágenes?, ¿son cercanas o lejanas? Y lo más importante, ¿desde dónde las pensamos?

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Acueducto Los Arcos, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Independientemente de si vivimos en el pueblo o en una ciudad, es muy probable que este ejercicio de visualización lo hagamos desde lo urbano. La ciudad, su poderío y todo lo que ello representa coloniza de una manera brutal tanto el territorio como nuestros pensamientos. Por ello debemos buscar y encontrar hueco para lo rural también desde las ciudades. Seguramente nos vendrán pensamientos de mujeres que se van, jóvenes que vuelven tras el curso académico, campos abandonados, polígonos que de ello solo tienen el cartel, viviendas rehabilitadas, carteles de se alquila, tiendas llenas en verano… Dinámicas todas ellas tan diferentes como iguales pero que terminan hablando un idioma propio que todos bien conocemos.

Ha salido recientemente la noticia  que dice que la Generalitat anuncia rebajas fiscales contra la despoblación en las zonas rurales. Se aplicará a municipios de menos de mil habitantes y en particular a los 72 pueblos con riesgo de desaparecer. Es un primer paso, un excelente primer paso. Antes de hablar de si son las medidas necesarias o no, vamos a esperar a ver cuáles son, cuando se ponen en marcha y la cuantía de las mismas. Está demostrado que “el café para todos” no da buenos resultados y es más rentable y eficaz el analizar la idiosincrasia de cada territorio para aplicar luego medidas individualizadas.

Cerremos los ojos y pensemos en lo rural. Pero tengámoslos bien abiertos para reclamar las medidas necesarias y apoyar todas las iniciativas que vengan en nuestra mejora y ayuda.

 

 

SON MUCHAS PERSONAS DOSCIENTAS CINCUENTA MIL.

… a la solana –  Ezequiel Castellano (Coordinador del CELS) 

Este fin de semana pasado han finalizado las trovadas de escuelas en valenciano en las que sumando todas las ediciones, se ha obtenido una cifra global de un cuarto de millón de personas las participantes de la misma, a pesar de los obstáculos que la caverna ideológica pretende poner para que este país no pueda vivir en libertad.

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Xarxa Jove en Ademuz (Foto MasTuria)

Estos encuentros son espacios de convivencia y una invitación a participar y a sumarse desde el respeto, la diversidad y la interculturalidad; tres puntos estos que no suelen practicar aquellas personas que han decidido situarse fuera del decreto de plurilingüismo y hacer todo lo posible para que no se aplique.

Un año más, la primavera valenciana que supone estos encuentros, ha contado con el apoyo de las instituciones públicas y ello es motivo de celebración, puesto que durante los últimos 20 años anteriores, el gobierno valenciano y sus acólitos, dieron la espalda a este movimiento voluntario de personas.

Desde la perspectiva de las comarcas castellanoparlantes, hemos de ver con amplitud de miras esta actividad e incluso, deberíamos aprender a promocionar un  movimiento parecido para que los más jóvenes de la Serranía, el Rincón de Ademuz, el Alto Palancia, Utiel – Requena, Hoya de Bunyol, Calle de Cofrentes, Canal de Navarrés, el Vinalopó y el Bajo Segura, valoraran en su justa medida el valor que tiene para nosotros el valenciano.

Sinceramente, no descartaría la posibilidad de participar en las “trobadas” de las comarcas vecinas, pero además, deberíamos poner en marcha encuentros similares. En este sentido, debemos aplaudir la iniciativa de los programas clave de la estrategia Valenciana de la Juventud, gracias a los cuales se ha comenzado a crear políticas de juventud, al menos entre la Serranía y el Rincón de Ademuz.

Un programa que tras meses de trabajo entre la técnico de Xarxa Jove (Sandra Antón) y los tomadores de decisiones políticas de los municipios (técnicos mancomunidad, AEDLs, alcaldes y/o alcaldesas, concejales y personal docente) hicieron posible que el 11 de abril, unos 83 jóvenes de ambas comarcas se reunieron en Ademuz para pasar una jornada de aprendizaje y puesta en valor de nuestro territorio.

Los jóvenes trabajaron de forma colaborativa y coordinada para mostrar lo mejor de sus municipios, analizar las Dificultades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades que ofrece el área y extraer ideas sobre el futuro de ambas comarcas.

Tras ocho meses de andadura del programa Xarxa Jove, se ha hecho evidente que el trabajo en red y la colaboración de los municipios es primordial para obtener resultados positivos, y más aún en temas de juventud, un tema tan transversal y a priori tan poco visible en los municipios que forman parte de las comarcas del interior.

He sabido que durante estos días se va a valorar este proyecto y no se debe tener ni una sola duda sobre su bondad. Los habitantes de estas comarcas del interior del País Valenciano hemos estado olvidados demasiado tiempo y va siendo hora de paliar políticas tendentes a la consolidación de la población actual. No nos podemos permitir más sangría en el éxodo de los más jóvenes. Ellos son los que han de afianzar la supervivencia en este territorio.

CICLISTAS, MOTORISTAS Y OTRAS HISTORIAS

Levamos unas semanas trágicas en nuestras carreteras. Son demasiados ciclistas los que han perdido la vida y eso me lleva a pensar en los riesgos e incompatibilidades de juntar coches, motos, bicicletas y demás, vehículos tan dispares, en una misma vía circulatoria.

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CV-339 dirección Alcublas-Lliria

La Serranía es una comarca muy propicia a las rutas cicloturistas y las excursiones en moto. Carreteras curvadas con relativo poco tráfico, paisajes que contemplar y pueblos con encanto donde hacer una parada para almorzar plácidamente son su principal reclamo. Una de las más transitadas es la CV-339 en su tramo desde Lliria a Alcublas.

La Fardeta, tal y como se conoce de manera popular a la calzada que rodeada de naranjos, almendros y alguna que otra olivera sale de Lliria y termina en la rotonda del pino es la que se lleva la palma en cuanto a tránsito. Los sábados y domingos por la mañana es todo un espectáculo: junto al tráfico habitual, en ella se dan cita los coches de las personas que pasan el fin de semana en Alcublas y pueblos cercanos, motoristas con ganas de oler a goma quemada y trazar curvas imposibles, abnegados ciclistas en búsqueda de coronar el puerto de Alcublas, tractores y otros vehículos agrícolas, personas mayores con motocicletas de poca cilindrada que salen a ojear sus campos, y vehículos de la guardia civil mimetizados y más que ocultos velando por nuestra seguridad. La “tormenta perfecta”.

Una de las características del ser humano es la sensatez, y esta cualidad se va desarrollando con el paso del tiempo. Pero las noticias que aparecen sobre seguridad vial vienen a contradecir esta premisa: la sensatez del conductor de coche es menor que la del ciclista y/o motorista. Me niego a pensar que esto sea así, pero lo fácil es decir que el grande se come al chico.

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Volviendo a la Fardeta, y analizando su trazado, vemos muchas peculiaridades. En primer lugar apreciamos que es una calzada sin arcén, con todo lo que esto conlleva. Las señalizaciones de límite de velocidad están en alguno de sus puntos desfasadas, pues se  contemplan desvíos e incorporaciones que ya no existen. El asfalto vivió mejores épocas y el mantenimiento tanto del mismo como el de sus inexistentes arcenes es nulo. Toda la vegetación que crece en sus márgenes impide la visibilidad completa del trazado,  aumentando así los riesgos. Eso sí, hay placas de carretera cicloturista.

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Con tantas irregularidades no cabe más que utilicemos el sentido común todos los usuarios de esa vía. Que nadie entienda que estas palabras sirven para descargar responsabilidades a los conductores irresponsables, pero deberían cuidarse detalles que hoy por hoy no se cuidan. Lo fácil es echar las culpas al otro y no poner medios para minimizar los riesgos.

¿Para cuando una mejora de la CV-339?