PAISAJES DE LA SERRANÍA

LA PUENTE ALTA (CALLES)

Sin duda, uno de los parajes más bonitos de La Serranía es La Puente Alta de Calles.

(1) LA PUENTE ALTA

(2) LA PUENTE ALTA

La Puente Alta, en concreto, es uno de los pocos puentes existentes sobre el Turia en esta parte de la Serranía Alta.

(3) LA PUENTE ALTA-1

Bajo la Puente Alta discurre un tramo, casi virgen, de nuestro río por excelencia y que caracteriza a La Serranía: el río Blanco.

(4) Turia

Miremos donde miremos, siempre hay rincones de gran belleza.

(5) LATERAL

(6) LA PUENTE ALTA

Y que muestran una de las zonas más agrestes de La Serranía.

(7) LA PUENTE ALTA

(8) EL TURIA

Aguas abajo de La Puente Alta, las orillas del río Blanco están cubiertas por una exuberante vegetación.

(9) EL TURIA TRAS SU PASO POR LA PUENTE ALTA(10) EL TURIA(11) EL TURIA

En sus proximidades se encuentra una fuente y un área recreativa.

(12) FUENTE

Un rincón para disfrutar…

Por JUAN ANTONIO FERNANDEZ PERIS

Anuncios

CERREMOS LOS OJOS Y PENSEMOS EN LO RURAL

Todo es según el color del cristal con que se mira. Hace ya dos siglos que Ramón de Campoamor incluyó esta frase en uno de sus poemas. Aprovechando la cita me viene una reflexión: si cerramos los ojos y pensamos en el despoblamiento rural, ¿qué vemos? ¿qué color tienen esas imágenes?, ¿son cercanas o lejanas? Y lo más importante, ¿desde dónde las pensamos?

18766690_1018595611608838_5698548893385622537_o

Acueducto Los Arcos, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Independientemente de si vivimos en el pueblo o en una ciudad, es muy probable que este ejercicio de visualización lo hagamos desde lo urbano. La ciudad, su poderío y todo lo que ello representa coloniza de una manera brutal tanto el territorio como nuestros pensamientos. Por ello debemos buscar y encontrar hueco para lo rural también desde las ciudades. Seguramente nos vendrán pensamientos de mujeres que se van, jóvenes que vuelven tras el curso académico, campos abandonados, polígonos que de ello solo tienen el cartel, viviendas rehabilitadas, carteles de se alquila, tiendas llenas en verano… Dinámicas todas ellas tan diferentes como iguales pero que terminan hablando un idioma propio que todos bien conocemos.

Ha salido recientemente la noticia  que dice que la Generalitat anuncia rebajas fiscales contra la despoblación en las zonas rurales. Se aplicará a municipios de menos de mil habitantes y en particular a los 72 pueblos con riesgo de desaparecer. Es un primer paso, un excelente primer paso. Antes de hablar de si son las medidas necesarias o no, vamos a esperar a ver cuáles son, cuando se ponen en marcha y la cuantía de las mismas. Está demostrado que “el café para todos” no da buenos resultados y es más rentable y eficaz el analizar la idiosincrasia de cada territorio para aplicar luego medidas individualizadas.

Cerremos los ojos y pensemos en lo rural. Pero tengámoslos bien abiertos para reclamar las medidas necesarias y apoyar todas las iniciativas que vengan en nuestra mejora y ayuda.

 

 

BAJO LA UMBRÍA DEL ABANDONO

La casa vieja y los gatos. La casa vieja. Los gatos. Una rocha que sube despacio hasta las eras y que en mitad de la pendiente se da la mano con esa soledad que tiene el mismo tono grisenco del que está pintado el abandono de los pueblos.

3

Esos lugares que acaban no apareciendo por ningún mapa. Los que terminan no siendo. Las ventanas de las cambras y un poco más arriba el trespol sobre el que se duermen los trastos que no se usan. Aquello que acaba entrando al santuario de la memoria por la puerta falsa del recuerdo. Ese silencio hecho de otros tantos silencios, de cientos, o esa nada que es el escondrijo de las últimas sombras. La quietud. El lado vacío de las palabras no pronunciadas o el de las despedidas. Las plazas desoladas del territorio. El semblante bastardo de los sitios desiertos. Como si los que se fueron se hubieran llevado consigo el sonido rítmico de los pasos. Como si ahora no hubiera otra cosa más que las paredes baldías de lo inhóspito. La penumbra de las despensas hambrientas. Los manchurrones del musgo que nadie limpia. Queda la ausencia. El erial de mil ausencias y el de la despoblación de las calles. Jaulones en los que se cobija apenas la arquitectura solitaria de las telarañas. El eco invisible del viaje para no volver. El hasta nunca de las historias lejanas. Escaleras que ascienden a ninguna parte porque las casas se caen bajo el peso abrumador de los otoños. Y porque la despoblación es un gusano que se les ha enroscado en las tripas de mala manera.

2

Hay terrados por los que únicamente se pasea el sol y las gotas anchas de las tormentas. Tendederos de alambre oxidado que han olvidado el tacto de las pinzas y la forma exacta de las camisas. Antenas mancas que son de los tiempos de María Castaña y en cuyas varillas se detuvo la antigüedad sin color del UHF. También pájaros descarados que entran y salen por los cristales rotos. Hay eso. No hay otra cosa. Un amasijo de relojes parados y de alamedas sin caminantes, por los que cada tarde transitan solo los fantasmas prehistóricos de sus habitantes. Soledad. En el tablado en el que antes tocaban los músicos no ves sino un coro mudo de violines: esos que repiten cada madrugada la cantinela triste de la desaparición. Una melodía irremediable. La musiquilla estúpida del se acabó lo que se daba. Las gentes se fueron marchando y ahora no encuentras más que moscas buscando piel y sillas de enea observando las nubes con las patas boca arriba. La geometría de lo inerte.

Hace falta traer personas, más falta aún que plantar árboles. Revivir. Acabar con las voces calladas y con esas puertas cerradas a cal y canto. Llenar las calles de críos antes de que las ratas y los gatos se adueñen de las esquinas y de todas las revueltas de los callejones. No más tarde de que a esos pueblos se los coman por dentro las carcomas y las lluvias de octubre. Hay que hacerlo antes de que se los lleve por delante el olvido o el escamoteo de la historia.

IMG_20170416_134000_resized_20170518_085948847

Demasiado silencio y demasiada tranquilidad. Una afonía que viene a ser como la extinción atrasada de los dinosaurios. La desaparición lenta de los sitios. El quién te ha visto y quién te ve de los lugares. Una sentencia a muerte que se viene cumpliendo desde décadas bajo el decorado melancólico de las partidas. Es necesario que los autobuses suban por las cuestas cargados con las maletas del regreso. Que el morro de los vehículos asome por esos repechos que ponen el acento a las tierras de interior. Que resucite el vocerío de los días de mercado y el soniquete de las fiestas de agosto. Escarbar en el tiempo de otros. Rescatar del olvido las aldeas que han quedado descolgadas del calendario de nuestros días. Salvarlas de la desolación oscura. Sembrar futuro donde se ha hecho fuerte la vejez. Emblanquinar las fachadas y llenarlas del vigor de la recuperación: con nuevos motivos y renovados usos, pero poniendo límites a esa resta criminal. Es tiempo de despertar del mal sueño y dar solución al problema. Tiempo de decir basta y hasta aquí hemos llegado.

AMADEO LABORDA
Autor de la novela “La memoria de tu nombre”.

Pedralba, a 16 de mayo de 2017

SERRANÍA SIGLO XXII

Amparo Roger. Chelva

Existen muchas formas de transitar por la vida. Hay quien solo mira el ahora y el momento y mañana “Dios dirá”. Los hay quienes son previsores y ponen las bases para vivir un futuro que puede ser distinto al imaginado.

(1)AHILLAS

Ahillas. Foto Juan Antonio Fernández

De algo similar trata una canción de Silvio Rodríguez (<<Fábula de los tres hermanos>>) en la que se cuenta que un hermano andaba por la vida mirándose a los pies; el segundo siempre miraba lejos y el tercero miraba hacia adelante y hacia atrás.

Para saber cómo acabaron los hermanos, os invito a escuchar la canción.

Cuando pienso en la Serranía me acuerdo de la fábula de los tres hermanos: ¿es mejor mirar el ahora y tratar de solucionar los problemas inmediatos?; ¿miramos al pasado y con el pasado reconstruimos el futuro?; o ¿miramos sólo hacia un futuro lejano?

Esta reflexión es necesaria hacerla porque mientras nos preocupamos del futuro inmediato ya se está teorizando sobre lo que será el siglo XXII, el siglo de la robotización.

Los grandes desafíos sociales que puede traer como consecuencia esta nueva revolución (no sé si llamarla así) industrial está obligando a anticiparse a un futuro que ya está llamando a las puertas.

Si los grandes planificadores están pensando ya en futuro y volviendo a la fábula de los tres hermanos, ¿hacia donde debemos mirar?

¿Miramos los problemas inmediatos?

¿Nos recreamos en el pasado pero sin perder de vista el futuro? o ¿planificamos la Serranía del siglo XXII?

72 PUEBLOS EN RIESGO

El Consell ha creado la Agencia Valenciana contra la Despoblación (AVANT) para luchar contra la despoblación de las zonas rurales de la Comunidad Valenciana, en concreto se citan 72 pueblos con riesgo extremo.

17097225_961628927305507_5039346125535024930_o

Aldea de La Almeza, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Por lo que se indica, se creará una comisión interdepartamental que incidirá en movilidad, educación, sanidad, trabajo y fiscalidad para frenar este problema que genera desigualdad y sufren «gravemente» 72 municipios. La primera de las medidas estará destinada a proyectos por un importe de 100.000 € que contemplen actuaciones sobre patrimonio artístico, cultural, TIC o relacionadas con el agua.

Captura de pantalla 2017-04-19 a las 18.58.40

Poblaciones Serranas y del Rincón incluidas en AVANT

Lamentablemente la mayoría de los pueblos de nuestras comarcas La Serranía y Rincón de Ademuz aparecen en la lista. Siempre salimos en los rankings equivocados, es nuestro sino.

Llevamos camino de que  nuestros pueblos “cierren” entre semana y “abran” los fines de semana, como si fueran un comercio o un establecimiento turístico. Los pocos residentes serán los “caseros” que cuidarán sus poblaciones hasta las pascuas, agosto o fiestas de guardar.

Sin ánimo de ser pesados, queremos recalcar la necesidad de un transporte público adecuado para nuestras comarcas. Debe ser el punto primero de actuación para esta “operación rescate”. Ya lo hablamos en una anterior publicación en nuestro blog Serranos y Rurales.

  • Fijar población y evitar el despoblamiento.
  • Aumentar la calidad de vida de los ciudadanos.
  • Vertebrar el territorio.
  • Mejorar infraestructuras.
  • Impulsar el emprendimiento.
  • Favorecer la aparición y ubicación de empresas.
  • Aumentar la oferta educativa y cultural.
  • Promover el empoderamiento femenino y la igualdad.
  • Atender eficazmente a los mayores, personas dependientes y discapacitados.
  • Aumentar el atractivo turístico comarcal…

Disponer de un buen servicio de transporte público contribuye a alcanzar todos estos objetivos y, sobre todo, a dar respuesta a una necesidad real, vital para nuestro territorio. Esperemos que en no mucho tiempo, podamos disponer de algo tan básico y esencial como es el servicio de transporte público.

¿QUIERES CONOCER ALPUENTE?

Compartimos las actividades que se realizarán en Alpuente este próximo fin de semana de San Vicente.

12

SÁBADO 22, DOMINGO 23 Y LUNES 24
11:00h. Taller para los niños
12:00h. Visita por el Casco histórico
12:30h. Visita al Museo Paleontológico
13:30h. Visita al Museo Paleontológico

OUR PROGRAM FOR NEXT SATURDAY (22nd APRIL)
11:00h. Museum of paleontology (In English)
12:00h. Guided tour of the medieval village (In English)

NOTRE PROGRAMME DE DIMANCHE PROCHAIN (23 AVRIL)
11:00h. Musée des #dinosaures (En Français)
12:00h. Visite guidée du village médiéval (En Français)

3

En Alpuente podrán disfrutar de un agradable paseo entre sus calles y plazas con cierto aire medieval. Destacan las casas solariegas con portadas de sillerías decoradas con escudos nobiliarios, sus edificios defensivos, el Castillo (en lo alto del cerro sobre el barranco de El Reguero), las Torres y Muralla de la Villa.

En este recorrido descubrirán pequeños rincones y miradores desde los que observar distintas vistas del valle y los alrededores.

A lo largo del el Casco Histórico encontrarán diversos paneles explicativos sobre algunos de los edificios más emblemáticos de Alpuente.

¿Te vienes a conocer Alpuente?

LAS VOCES DE LA RESISTENCIA RURAL

Alfons Cervera- eldiario.es

De la mano de Paco Cerdà y su libro ‘Los últimos. Voces de la Laponia española’, Alfons Cervera recorre algunos de los lugares menos poblados del interior de Valencia, la Serranía y el Rincón de Ademuz.

localidad-valenciana-Aras-Olmos-Serranos_EDIIMA20170327_0083_4

Aras de los Olmos

El paisaje siempre será un territorio moral. Lo que allí vive. Todo lo que se mueve. Hasta las piedras que surgen de millones de años atrás. Siglos y más siglos que nos llevan a lo que el periodista valenciano Paco Cerdá llama la paradójica belleza de la despoblación. Acaba de publicar un libro de lectura inexcusable: Los últimos. Con un subtítulo añadido muy esclarecedor: Voces de la Laponia española. Cuidadosamente editado por Pepitas ediciones. Lo tengo aquí, al lado de otros libros, ocupando un lugar privilegiado entre todos los demás. He ido desde hace días de un sitio a otro de este itinerario que abruma por los kilómetros recorridos y sobre todo por ese vacío que va ocupando lentamente, con pulso de maestro, las páginas que lo cuentan. La Laponia española. La periferia de las periferias. Rincones casi clandestinos en las provincias de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló: “menos de ocho personas por cada 140 campos de fútbol”. La hostia. El desierto. Ese vacío que antes les contaba. Y a pesar de eso -como también decía- la belleza que sigue persistentemente en esos sitios, como una liebre agazapada lejos de los disparos que intentan abatirla sin miramientos de ninguna clase.

El libro de Paco Cerdá no es sólo un libro. La verdad es que ningún libro es sólo un libro. Pero Los últimos es lo más de lo más. La vida lo cubre todo, aunque sea una vida aislada del resto del mundo, tan aislada que a ratos es como si la vida y la muerte, en su sentido más filosófico, fueran juntas a todas partes, de la mano, como cuando alguien se enamora de alguien o de algo y ya no quiere soltarlo aunque pasen cien años, como dicen los boleros. Un día me llamó Paco y me contó su proyecto. Hace unos meses. Quería visitar el Rincón de Ademuz y la Serranía. Las tierras de interior. Las que no salen en los mapas. Las del olvido, como dice en el libro Toni Gómez, que un día se cansó de su trabajo administrativo en Sedaví y se volvió a Castielfabib, su pueblo del Rincón. Y habla y habla del abandono a que a estas tierras de interior someten los políticos. Mucha Fórmula 1, mucha Copa América y mucho Palau de les Arts pero aquí arriba sólo nos traen la mierda. Lo de la mierda lo dice a su manera, entre la rabia y la resignación que no es resignación sino esa forma primaria que la gente del monte tiene de asumir y refugiarse de las tormentas. O como Josefina, que volvió de su periplo en Sabadell y se casó con Domingo, natural de Arroyo Cerezo, y allí vive: “la gente va donde le dan teta, y esto me parece que no tiene futuro”. El vacío. Los desiertos. Pero también la pasión de vivir en esos sitios y no en otros diferentes. La pasión, también. Una palabra que no recuerdo si sale en el libro pero que encontramos en todas sus páginas y en sus protagonistas. La decisión de vivir ahí y no en otros lugares que sí que salen en los mapas.

mestre-descola-Paco-Moreno_EDIIMA20170327_0081_20

El maestro de escuela Paco Moreno

Con Paco Cerdá recorrimos las calles de Aras de los Olmos, el último pueblo serrano antes del Rincón. Y hablamos con el maestro de escuela Paco Moreno. Conozco a Paco desde hace no sé cuántos años. Llegó a Aras de maestro desde San Clemente, su pueblo de Cuenca. Y allí se quedó. Llevaba a los críos a recorrer los montes, el método Freinet de la enseñanza, cómo la gente de Aras lo miraba al principio de reojo. Ahora es uno de los más entendidos en el cultivo de la almendra, del secano en general. Se jubiló y sigue en el pueblo. Un pozo de sabiduría, si me permiten ustedes ponerme un poco cursi. Un deslumbramiento para Paco Cerdá cuando conoció al hombre de la boina, que es para él un símbolo de quienes habitan, físicamente y desde su conciencia de resistentes, los crueles inviernos de tierra adentro. Y un poco antes, en la plaza, Manolo Cubell, Noli para los amigos, que fue alcalde de Aras y ahora alguacil, nos cuenta la historia centenaria del olmo que da nombre al pueblo. Lo cortaron por una enfermedad. Y la gente lloraba ese día como si la estuvieran dejando sin una parte importante de su propia vida.

Vuelvo al principio de este recorrido por la belleza de la despoblación. No sé si hay futuro o no para esta Laponia celtibérica. Lo que sé es que sigue habiendo gente que, a pesar de los cantos de sirena que llegan de un futuro inexistente fuera de nuestra tierra, hemos decidido vivir aquí en vez de en esos otros sitios donde prometen engañosamente atar los perros con longanizas. Como no supiéramos que en ningún sitio atan los perros con longanizas.

Y acabo este itinerario -acompañado por Los últimos, ese libro imprescindible- con las palabras de Juanito, uno de los diez o doce habitantes de Sesga, aldea del Rincón de Ademuz. Tiene setenta y siete años. Sólo salió de aquí para hacer la mili en Ceuta. Sus hermanos se fueron a Francia y el Port de Sagunt. Pero él ya no se movió de Sesga. Y no titubea ni un segundo para decir lo que dice: “Yo nunca me he ido. ¿Valencia? Me gusta mucho, pero yo no soy para estar bajo amo. No soy para trabajar en un sitio del que te despachen por llegar tarde y adonde no puedes ni hacer la siesta. No, en amo no. Yo aquí he estado siempre libre”. La libertad que siempre será lo que intuyamos al final de una resistencia que nadie ni nada nos va a arrebatar nunca. Somos ocho habitantes por cada 140 campos de fútbol. Salimos a pocos messis por kilómetros y kilómetros de monte. Pero aquí seguimos. Lejos de esa política -de izquierdas o derechas, qué importa en este caso- que nos quiere vender, como si aquí nos chupásemos el dedo, la moto escacharrada de un futuro para el mundo rural que sólo existe en sus proclamas electorales. Y después de esas proclamas, nada, absolutamente nada. Que esos políticos -de izquierdas o derechas, qué más da- sepan que nosotros sabemos la diferencia que hay entre lo que prometen sobre lo rural y lo que luego hacen. Que lo sepan al menos. Que lo sepan.