LA SEU DEL CINGLO

Petronila la Churra. La Yesa

¡Hoy si, hoy he d’allegar!, eso se dijo a’il mesmo, eso cavilaba el pastor probando de comencese qu’ise dia si, ise seria capable d’hacelo. Guidó el ganau ancia’l cinglo, ise que dominaba toa l’anvista dinde mu lejos, lu’hizo tar cuar tantismos dias trás, y lo mesmo que tós isos dias, si se paraba a escudriñar en el fon del almica suya, sabia que nunca allegaria, que se golveria sobre las chafas suyas de que barruntara la presencia d’ella, d’isa que tanto le penaba remerar. El pastor ya escomenzaba a endivinar la figura n’el cabo riba, munchas veces en ise inte se regiraba dandole la esquena, pero ise dia algo diferiente se barruntaba, tar cuar si l’hora hubiera allegau.

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El sabía destinguila mu bien, nu’era ná fácil, al adonala dinde la destancia, dinde los bancales u los lugaricos, la vista s’aturullaba, s’embolicaba con el mesmo cinglo, naide asampaba guipar isa polideza manifica ni tan sisquiá la abrobil grandaria d’ella, la chente nu’asampaba guipala asina, amagaica dentre las peñas, isas con las que la montaron.
Pocos remeraban isos días de gloria, n’años de gracia, a la que bregaban chuntos pá obrala, pero el si, el tio Perico el Cucho, el pastor, anque le penara muncho hacelo, tenía mu presientes isos días. ¿Cuanto hacia d’aquello?, muncho, ni tan sisquiá s’atrivia a parase a cavilalo, eran ya décadas, munchas, agora él era mu viejo, más de lo que l’hacia gozo reconocer, pos isa vida tan solenca l’hacia perdir l’esme, el sintído del tiempo, tós los años eran ya parejos pa’il, sin ilusiones, sintindose juto, laso.
S’enfiló drecho a la cinglera, rodiá de barrancos, más allá de las tierras acaramullás de bancales se devantaba por dencima de tó farruca, mestica, mesteriosa, tar cual si juera impercanzable, iso jué dicierto lo que les aluzó antaño, lo que les clamó ancia ise lugar tan repropiau dentrar, tan alejau de los lugaricos pero a la mesma ves presiente en tos ellos pos isa fegura de la cinglera se guipaba dinde mu lejos, dinde cuasi toas las masadicas y lugares de la contorná.
Se sospendrió ise dia a si mesmo mu cerquica, muncho mas de lo qu’habia sido capable enantes, a la qu’estaba ya chunto al barranco se paró adonando el puente, sintió una punzá drentro al percatase que los angelotes que lo franquiaban enduraban allí, embolicaus de yedras y verdines cuasi no se destenguian de cualquiá otra peña, el pastor sabía muy bien ande estaban, el aun era capable de destinguir iso quel tiempo s’encasporraba n’amagar, pa qu’asina la chente d’este mundo, chano chano s’oblidara d’isa gosá ententona de dominar la peña, d’abotinchasen de gloria, pos isa gloria paicia agora nomás reservá a la cinglera mesma.
Dispues del puente bien sabía lo que l’asperaba al que s’enfilara pu’alli, unas escalas entretallas en la peña, dicierto habian d’estar atibacaicas de verdines y peñas sueltas del cinglo, dicierto habia de ser mu repropiau subilas, antimas no podia albandonar al ganau, asina que se regiró con l’entención de golver a casa tar cual tantas otras veces que provó de cercase. Antonces los guipó, acudian drechos al encuentro suyo, el tio Perico s’espertugo una miaja, nu’asperaba guipar nenguno pu’alli, estaba amarinau a estar solenco in esos momentos tan intimos, isos en los que le penaba habese cercau a l’abrobil cinglera.
-Tio Perico, ¿que no me conoce?, soy l’Andres, el ñeto de la tia Pepica, qu’es prima suya.
-Ah si chiquillo, si que ties una regirá, es que no m’asperaba topetame con ninguno pu’aqui, ¿y el amiguico tuyo de quien es?
-Soy el ñeto del tio Simón el molinero, no me conoce usté pos vivimos en la ciudá y hace munchos años que no subimos al lugarico.
-Claro, eres igualico quel padre tuyo de mozo, ¿y que sus trai a estos cinglos?.
-Nus hace gozo subir al cinglo, nus han charrau qu’hay una iglesia albandoná, usté dicierto sabe pu’ande se sube.
-Iso es mu aperilloso, me paice qu’hace munchismos años que no sube naide.
-Pos nusotros nus hemos hecho l’animo tio, dicen que hay un pontarrón que cruza el barranco y dispues unas escaletas de peña.
-Si, ahi mesmo están, pero me paice que nu’asampareis subir pu’ahi, pos dicierto las escalas estaran ya enrunaicas.
-Antonces, ¿pu’ande se pué subir tio?, l’agüelo miyo nus charró que los obreros subian pu’el lau d’atras.
-No se ná, no quiero saber nadica de tu’eso.
-Tio Perico, me paice que si sabe y no nus lo quié dicir, ¿qu’es eso que l’amuina?, ¿u es qu’anguna cosa le clisa allá riba?.
-Ná, solo hay peñas, un munton de peñas, me paice…
-¿le paice?, ¿nunca ha estau en lo alto?
-No dinde… güeno no m’hace gozo subir, antimas con el ganau nu’es posible.
-Pero tio si l’agüelo miyo charra que subian carros estiraus con machos carriando fusta, algéz y de tó pa l’obra, tamien el ganau subiría.
-Si, es verdá, pero es muncho mas largo ise camino, y mu enrriedau pos agora tié qu’haber salio muncha broza.
-Güeno pos lo rebuscaremos, me paice qu’he sintio qu’es por la lomera d’isa pedriza y dispues…
-Sus esperdigolarais mozos, no sus veo mu de monte, dejar la ideya de subir al cinglo, hay andurriales muncho mijores cerca del lugar pa divirtirus.
-Pos ná tio, no cavile, nus andaremos con tiento, pero nus vamos a buscar el camino de la lomera.
Conforme s’enfilaron pa la pedriza el tio Perico s’enfiló pal lugar con el ganau suyo, isos mozos no tenian ni miaja conocimiento, ¿a quien se l’escurria semajante desficacio?, ná güeno barruntaba. Con iso roldandole en la casporra, de sopeton se percató que sin ser dispierto sisquiá de los actos suyos, habia en angún inte cambeau de direción, agora caminaba drecho ancia la pedriza.
-Chiquillos siguirme, vamos al cinglo.
-Pero tio Perico, ¿que l’ha hecho cambear d’ideya?, ¿agora quié guidarnus?
-Ya va sindo hora de concarar los pantasmas, antimas usotros solencos nunca asampareis allegar, es un camino mu enrriedau.

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Pararon en lo alto de la lomera, los mozos carriaban almuerzo y le convidaron, el tamien sacó el suyo y compartieron una miaja toa la manduca, mientres, los mozos no paraban d’hacele preguntas d’aquellos tiempos antigos. Les esplicotio quel Mosén d’aquel antonces les charro de la gran obra que pretiendia, don Jacinto, asi le dician, era una presona mu inteligente, mu pitico y trebajador, antimas de la carrera de Teologia tinia la de Arquitetura, asina qu’escomenzó a charrales de la visión del, algo abrobil, imposible diría cualquiá que no conociera al Mosén, pos paicia cosa d’orates, ¿n’isa cinglera una iglesia?, ¿charraban seriosamente acaso?, nu’era posible. Pero la chente que lu’aurraba si creía n’él, tinia una mena d’aura qu’aluzaba, machica, henchicera, y que comencia dica’l mas repropiau. Asina escomenzo tó, asampando que la chente s’ilusionara creindo en semejante marabilla. Muncha chente l’aduyaba, anque solo juera acarriando fusta y picando peñas, don Jacinto trebajaba dia y noche sin discanso en los planos, lo queria tenir to controlau, pero le mancaban manos, precisaba artistas pa que la polideza de l’obra juera de lienda, asina, a la que le charraron d’un mozo qu’entretallaba fusta, quiso vesitalo enseguidica, vivia en una masadica de las mas lejanas de la rodalá, alli se presientó.
Los guidó sirpentiando dentre matojos, n’angunos rodales aun s’endivinaban las carriladas de los carros que mientres años trillaron isos andurriales, agora las aliagas, romeros y esnebros lu’enllenaban cuasi tó, aun asina albanzaban escopetiaus, el tío Perico paicia que tuviera corricutas, dispues de muncho rato de subir por la lomera, hubieron de bajar unas rochas pro empinás pá ensiguida escomenzar a subir otra ves, era una rocha muncho más larga, subía aspacico por uno de los laus del cinglo, los mozos se figuraron qu’habian d’estar justico al otro lau de las escalas de peña.

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-Tio, ¿antonces subían puaqui tras los obreros?
-Pos claro, jueron menester munchos andamios de fusta y muncho algéz, había que subir manduca y agua, anque había aljipes alla riba, emplegaban isa agua en l’obra, asina que pa beber la subían a diario.
De que don Jacinto guipó la fegura d’un bu dencima de la puerta, supo qu’era lo que precisaba, lo que le mancaba pá que iso que ya naide podia parar aganchara un ran munchismo mas alto, pos perras pa pagar artistas afamaus de la ciudá nu’habia, dispues, a la qu’entro y guipó las pinturas se percató que no podia dejalo escapar, si con tierras de colorines que replegaba pu’el monte era capable de montar isos cuadros, ¿que seria capable con güenos matiriales?, habia de pintarle los santos y virgenes, enllenaria las paderes qu’agora los obreros escomenzaban a devantar espullaicas, las enllenarian de bonicas escenas de santos en vivos colorines.
No le costó muncho comencer al mozo de que escomenzara a trebajar pa’il, pos el mozo habia sintio charrar que l’obra estaba en marcha y era una cosa tan improtantisma que se sintio mu pagau de fromar parte d’isa marabella. Anque’l mozo nu’habia estudiau arte, naide l’habia anseñau a trebajar la fusta ni la guisa güena de pintar, eran cosicas quel mesmo hacia pá divirtise, por que l’agustaba y se sintia mu bien mientras lu’hacia.
Dicidiron escomenzar con la fusta, allí, en la casa suya, entretallaria feguras de los santos qu’ha Don Jacinto l’hacia gozo poner en l’obra, pintaria retablos de los milagros quel le esplicotiara, asina si ancaso no l’agustaba el resultau no se ficarian, pero si tubiera gracia al pintar toas isas cosas en la fusta, dispues pintarian las paderes, y dica las regüeltas de la cupula.

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Don Jacinto inoraba lo mijor pal proyeto, era parte de la vida suya, algo que carriaba bregando dinde chicuto, cavilandolo, figurandoselo, pu’eso mesmo estudió arquitetura y teologia, se metió a mosén y agora tinia isa misión, devina, si, habia de ser algo devino, asina lo creia en verda, asina lo barruntó a la que una estrania sensación lo enfiló al cinglo, ¿como sinos iba el a cercase pu’alli?, hubo de ser una juerza devina y mestica. Dispues, a la qu’asampó que la chente de toa la rodalá le siguira en isa misión suya, se percató que estaba en lo cierto, era algo que naide aturaria, asina pos, era menester que juera perfeto. Era mu güena presona, la chente le tinia muncha almiración, sin repropio merecida, pos naide sabia mas quel, nunca habian conocido a naide mas inteligente y mas trebajador, iso jué lo que mas les agustaba del, pu’eso le siguirian dica ande a’il l’hiciera gozo allegar, dica lo alto del cinglo.
La gloria, la polideza devina nu’allegaria con los ramplones santos de las masadicas ni lugaricos rededor, era menester algo que clamara a la chente de mas lejos, del mundo entero, angun milagro, anguna reliquia, si iso era lo que precisaba reliquias de santos pá que la chente acudiera. Las perras nu’endurarian muncho mas, asina lo mijor seria hacesen con anguna antes con antes, asina la chente escomenzaría a pelegrinar alli, dejarían ofrenas y asina asamparia el rematar isa gran obra. Tras munchas carticas con espertos teologos, mosénes y obispos, allegó de la mesmesima Roma una reliquia, el brazo enmalvau de san Teodoro de Sikeota.
Mosén Jacinto ensiguida comencio a munchos de lo miragloso d’ise Santico, la chente mas prosima a’il cavilaba qu’habia de selo, pos pa iso l’habia enviau el mesmesimo papa de Roma, pero la hestoria d’ise santo era estrania, la ramplona chente de los lugaricos estaba amarinadica a los santicos suyos, este nuevo no sabian mu bien que miraglicos habia asampau en vida, ni de que guisa los hizo. Asina que don Jacinto s’enfiló a casa’l pintor y l’esplicotio los repropiaus miraglicos del santico, acaicieron con personaches de tierras lejanas y enrriedaus nombres, era menester juera capable de pintalo mu bien, pa que la chente lo apriendiera pronte y escampabillaran rededor lo miragloso qu’era, asina la reliquia gozaria d’una devoción mu grandiza. El probe artista nu’allego a compriender mu bien isa hestoria del santico, asina qu’enduro con la faina que tinia escomenzada, la de pintar los santos de cadascuna de las ermiticas de la rodala, los de cada iglesia, pá que tos los lugaricos estubieran en la nueva iglesia, caviló qu’asina la chente se sintiria parte de isa obra.

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Al poco tiempo el Mosén mando clamar al mozo pá que le presientara angun trebajo, el mozo habia escomenzau a trebajar la peña, habia apriendio a sacar feguras d’ise matirial tan duro, asina que le carrió a la obra dos angelotes grandizos, tar cuar un hombre d’altaria. Eran de peña pura, don Jacinto se sosprendio de lo bonicos qu’eran pero ala mesma vez se sintio dececionau, nu’era lo quel asperaba, l’habia charrau de la necesidá que tinian de esplicotiar los milagros del santico nuevo, y el le presientaba isos angelotes que naide l’habia encomendau, asina que decidió que los ficaria bajo, n’el puente recin estrenau, por donde pretiendia que la chente subiera al cinglo. A los pocos dias jué el mesmo a estase con el mozo pá esplicotiale los mesterios otra vez, de qu’entro en la casa se llevo otra dececión muncho mas grandiza, ese muchacho era mu tarugo, alli nu’habia nenguna de las escenas quel l’habia encomendau, a la contra solo guipaba santos mu ramplones que no trairian nengun pelegrino. Trato de comencelo por las güenas, era menester que compriendira que se debian a mayores glorias, a misiones d’altura y no a las ideyas propias del pintor aficionau, escogio unas tablas y le dijo quel mesmo las apañaria pa que jueran perfetas, pos anguna ideya de debujo tinia.
A la quel mozo vesito el cinglo se quedó maravellau de lo bien que lucian las pinturas suyas con aquellos doraus de pan d’oro y las incrustaciones de plata de lay, pero de sopetón se percató qu’habia munchos detalles y feguras quel nu’habia pintau, al adonalas de cerca se guipaba con claricia qu’habian añidio munchas cosicas y dica borrau otras, angunos santicos ni tan sisquiá se sabia quien eran, lo mesmo podia ser el nuevo santo quel viejo, vesten a saver. Pero no dijo nadica, no l’agusto muncho iso de que cambeara l’esencia de la faina suya, pero ¿quien era el pa custionar iso?, l’almiración que sintia por don Jacinto era mu grandiza, asina que lo dejo escorrer, golvió a la casa suya y enduro pintando a de la guisa suya, las cosicas que a’il le paicieron mijores, las que compriendia y las que la chente de las masadicas el cavilaba que tamien compriendia.
Mientres, Mosén Jacinto cavilaba que la voluntá d’un ramplón que ni tan sisquia tenia estudios nu cogia en ise menisterio del. Asina se l’hizo saber a la que le vesito de nuevas, isa vez le charro mu entufau, le chillo lo quel inoraba, lo quel habia cavilau qu’era lo mijor pal menesterio de la Seu, pos nu’era una iglesia, era una Seu, la Seu suya. Le charro de otras iglesias, de santuarios ande acudia muncha chente por qu’habian hecho las cosas bien, asina que pu’el camino ramplón nunca asamparian percanzales, l’esplicotió qu’era menester hacer lo que la chente inteligente con repropiaus estudios dicia, y no lo que cavilaba un mozo aficionau al arte sin letricas ni na. Iso le penó muncho al mozo, pos la chente ya le dicia lo güen artista qu’era, asina quel mozo se jué abotinchando d’esito, se figuraba qu’era mu güen pintor, pero agora el Mosén no solo futía el trebajo suyo clamandolo ramplón, sinos qu’antimas barrunto una cosa mas fonda, le futía a’il mesmo por no ser tan intelegente, por no tener estudios d’arte que le dieran ran.
-¿Que paso antonces?. Preguntó l’Andres.
-Pos me paice que nu’allegaron nunca los pelegrinos que asperaba don Jacinto, asina qu’al remate se quedo tó sin acorar, jué una pena mu grandiza, tanto trebajo pa ise murrio remate.
-¿A usté tio, le paice que la culpa jué lo lejos y repropiau que se les antojo obrar la Seu lo qu’espantó a la chente?
-No, no jué iso, si s’allega al corazón de las presonas, se chenera una juerza mu entensa, es una ilusión mu grandiza la que siente antonces la chente, asina que si hubieran asampau allegar al almica mesma me paice qu’habrian ido ande juera, por mu largo pelegrinaje habrian acudio, y por más escalones na les impidiría subilos.
De que entraron en isa enorme nau sin techumbre, se percataron que si habría sío una gran Seu, el tio Perico se cercó ancia una capilla, habia unos tabletones n’el suelgo, se cerco drecho ancia ellos y les dio la guelta, se quedo parau muncho rato adonando el rostro pintau en el tableton, un rostro limpio, sin adornos, el tiempo habia borrau los doraus, las coronas de plata, solo enduraba en la probe tablica l’esencia mesma de la pintura, la carica d’ise santo, ise que dispues vistieron con ropajes de colores, devinas auras que lo aluzaban y coronas de oro pa que paiciera un santo miragloso. Le jué imposible escusase las lacrimas, la gola l’hacia muncho mal, tar cuar si se la travesaran con un guchillo, antonces sin sisquia cavilalo, se guardó la tablica en el zurron y s’aparto de los mozos pá que no se percataran de que carriaba chorreras en la cara.

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Los mozos escudriñaron maravellaus tó enrrededor, era algo que no tinia ficacio, algo que naide s’habria figurau en la vida pudiera esistir en ise cinglo, a la que cavilaban lo repropiau de subir los matiriales dica al cabo riba, lo muncho qu’hubieron de bregar isas chentes montando peña a peña isos pilares, isas altismas paderes, se percataron qu’habria sio pareja a cualquia Seu del mundo, ná tinia qu’invidiar a nenguna, pos d’haber asampau acorala habria tenio munchas cosas unicas, especiales, namás por la polideza del lugar y las anvistas que dinde alla riba s’adonaban ya hubiera sido una esperiencia mu mestica, el subir a la Seu hubiera sio algo qu’habria señalau de por vida a cualquiá pelegrino.
-¿Tio perico, por que se dejo usté de pintar?, son mu guenas isas pinturas.
-¿Que charras mozo?, no m’esplicoteo por que cavilas que’l pintor juí yo.
-Tio, l’he guipau a la qu’adonaba la tablica con el retrato, isa que carria en el zurron, ¿que santico era?.
-Pos la verda no remero el santo, lo pinté a semejanza del padre miyo, un güen hombre, al poco de pintalo faltó, asina que si, de sopetón l’he cariñau muncho.
-¿pu’eso se dejó usté la pintura?
-No, no jué pu’eso, la verdá es que nunca he charrau d’esto a naide, pero güeno ya va sindo hora de charralo, sinti que la chente d’alto ran nunca apreciaría la faina miya, antonces había chente que me dicia tos los dias lo bien que pintaba, lo rebonico de los cuadros, asina que la farruqueria me domino, me golvi presuntoso y antonces el que don Jacinto me dejara clarico que nunca sería naide, que nunca allegaria al ran suyo pos yo nó tinia letricas, me peno muncho, tanto que golví a mi vida ramplona de siempre, la pastura.
-Vaya tio, pues es una pena mu grandiza to, ahora caviló que lo mesmo el dejase usted de pintar dejó está Seu murria y vacía, ¿no le paice que con estas pinturas hubieran allegau al corazón de la chente y asina habria donativos y pelegrinos?
-No, agora ya no cavilo asina, antaño si, pero con los años m’he percatau qu’otro pintor cualquiá habria allau el mosén, el que se quedara sin pinturas y entretallas miyas no jué lo que la sentenció, jué namás una consicuencia.
-Antonces, ¿que le paice agora que jue lo qu’esbarró?, ¿quien jué el culpante?.
-Pos jué la soberbia, la farruconeria, isa que sinti yo, m’estrozó a mi mesmo, pero la que sintia el mosén l’estrozó a’il, quiso lo mijor, bregó muncho p’asampalo, pero la manificencia de tu’esto l’acaramullo de farruconeria, chano chano se jué abotinchando, sintio que poseyia la verdá asoluta, antonces dejó d’ascuchar a la chente, nus perdió a tós, yo solo juí de los primericos en cair.
-Vaya, que pena, habria sio algo tan bonico…
-Si, pero al cinglo no l’hacia falta la Seu pá ser bonico, ¿no sus hais percatau de que dinde la destancia, dinde cualquiá lugarico se pué adonar en los dias claricos?, ¿sus percatais de quel es l’unico que endurará a la que los dias de los hombres rematen?, es farruco si, pos es l’unico que se pué premitir ser asina, l’unico que siempre tié la razón.

Vocabulario:
Abrobil: Enorme
Amuinar: Preocupar
Anvista: Paisaje
Atibacau: Repleto
Aturar: Parar
Aurrar: Tratar
Enrunar: Enterrar
Esperdigolar: Perder
Espertugar: Sobresaltar
Espullau: Desnudo
Futir: Menospreciar
Gosau: Osado
Inte: Momento
Juto: Seco
Laso: Vacio
Ran: Categoria

EL FOLASTERO

Petronila la Churra. La Yesa.

Le paician ramplones, isa guisa de charrar nu’era drecha, no podía selo, si munchas veces ni tan sisquiá asampaba compriender isas parabras, isas regirás qu’emplegaban en el lugarico, parabras que senificaban una cosa destinta a la lengua de la chente culta de letras, el castellano. A la c’allegó munchas veces probó d’endongales, po’que sin ser dispierto de lo c’hacia, dicierto no lu’hacia a mala fé, pos el había estudiado, era culto, barruntaba que muncho más pitico qu’ellos, asina cavilaba él c’había de ser, pos tinia una güena carrera, leia munchos libros de toa mena, de medecina lo que mas, otros eran repropiaus trataus de quimicos, pero tamien l’agustaban los diarios, dica novelas, asina que si, el si era un hombre con muncha educación, sin repropio el que mas del lugar, el si que sabía charrar güeno.

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Le salieron al chiquillo suyo malentias del alentar, se conoce quel aire juto y fresco le probaba bien, pu’eso pidió el mesmo isa destinación, pos asina pronte remontaría el chico y asina asamparían golver a la capital, caviló qu’eso acayeria en poquicos años, pronte joparia isos montes, que eran tó maleza, allagas, pinos, isnebros, carrascas y trabinas, isos cinglos que salian por cualquiá rodal, rodiando el lugar, esafiando a las juerzas de gravedá, quietos tar cuar si se burlescaran del tamaño del que los adonaba, pagáus de que los guiparan inpercazables. Pronte joparía isas tierras acaramullas de rochas, tan pesás de subir, c’hacían desagradable salir a pasiar, pos dica eran repropias de bajar y lo pior era l’aseguranza de que dispues había que subilas. Albandonaria isas tierras tan aperillosas d’altas hormas en los bancales, isas c’habian obrau a mano mientres siglos, pa tratar d’aplanar una tierra enrrochá y dura, mu dura, tar cuar las peñas c’asomaban por toas partes, duras tar cuar las chentes que las habitaban, pos paicia que ni tan siquiá tubieran corazón de lo jutos y frios que se l’antojaban, tar cuar la recochura que bufaba en hibierno.
A la c’allegó al lugar la mujer suya estaba preñá ya del segundo chiquillo, desacupó en la capital, tar cuar había de ser, isas chentes s’empecinaban en parir en las casas suyas, tar cuar habían hecho siempre dinde cherenaciones tras. Chano chano jué amarinandose al lugar, se percató de lo sano del aire c’alentaban, lo bien que le probaba al chiquillo mayor pos con la meta de medecinas estaba mijor que nunca, se percató tamien de lo tranquiloso que dormían, sin ruidos, fresquicos al verano, iso si, hacia muncha refrior en los hibiernos, pero sana, un aire que criaba juertes y sanas las criaturas, bien sabía el iso. Pero las chentes, a isas no s’amarinaba, no, isas chentes siguian guipandolo tar cuar un folastero, munchos años dispues d’allegar siguia barruntando c’asina era, ya no les endongaba, pos cuasi tampoco charraba con ellos, eran tan ramplones que nu’apriendian nadica, antimas le tinian ojeriza, habia de ser iso, pos día a día l’hacían barruntar que nu’era parte del lugar, nunca le clamaban pa preguntale parecer en los asustos de festejos ni tradaciones, a la consulta siempre le dician d’usté y en la calle tamien, siempre con distancia, con recelo, tantos años y aún no tinia amistades dentre ellos, pos eran chentes mu enrraizas, acarrazas a lo propio, a la estrania traza de charrar d’ellos, amarinaus a unas tradaciones antigas, viejuras y dica aperillosas. Prendian aperillosos fuegos pa cerebrar santos, si dica de tantas velas una vez se les prendió fuego en la Iglesia, sin allegar a mayores, pero podia haber sido una disgracia mu grandiza, por mas que les recomiendo él que no prendieran mas velas, ni tan siquiá paice que se pararon a cavilar un menuto isa ideya, cuasi no podía ser d’otro modo, pos eran chente pro surritonta.

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Los chiquillos, isos se criaban sueltos, d’una guisa mu borde, siempre allegaban a la consulta con güesos rompios y espizques que precisaban puntos, y es que los padres no paicia que les hacia muncho caso, les premitian jubar tol dia por las eras con palos a aporreasen, u s’arreban pedrazos. Y que icir de l’higiene, isa ni tan siquiá sabían qu’esistira, pos por mas que probó d’anseñales una miaja d’urbanida, na había c’hacer, golian mal, mu mal, a borrega, a puerco, a buja… sin repropió eran chentes mu salvaches, pero iso si, distinguían mu bien al forastero del lugareño, asína se sintIia en el lugar, forastero, y asina se lo esplicotiaba a los chiquillicos suyos, “siempre os consideran forasteros en este pueblo, nunca tendréis amigos aquí”.

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Los mestros allegaban pá un añico namas, una mena de castigo por no tenir pro punticos p’asampar la plaza inorada pu’ellos. Por lo corriente la que inoraban era una plaza en la ciuda u en el lugar ande s’habian criau, un lugar grandizo, con muncha chente, con botigas, espectaclos, cultura. Asina isa amargura que síntian, ise despagamiento d’encontrasen en un lugar pirdio en meta de cinglos que na les ofricían, iso era lo que tresladaban a los alunos, aún sin pretiendelo, sin ser dispiertos d’ello, chano chano, en los chiquillos mas piticos y despabilaus l’ideya de inferioridá iba calando, y el que nu’enduraran nunca mas d’un curso sin repropio les daba la vaya a los mestros, eran ramplones. ¿Y que barruntaban los mestros?, distancia, por lo corriente eran jovencicos, al allegar estaban clisaus, lejos de sus parientes y de sopetón se topetaban con isa chente tan ramplona, con isa estrania traza d’educar a los chiquillos, tan retraíos que los adonaban con distancia dica con refrior en los ojos, isos chiquillos nunca asampaban aganchales campera, asina lo barruntaban.

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Isas eran las escasas presonas que trataba el dotor, los mestros, pos eran los únicos que sabían de letras n’el lugar, pero jopaban pronte y asina año tras año había que renuevar las amistades. A la c’allegaban ya les charraba el de la tracica qu’eran pu’alli las presonas, asina que no seria ná estranio si nunca asampaban hallasen agustico n’el lugar, pué quel dotor inorara sintise asina, entegrarse en el lugar, pero ellos no, ellos namas inoraban agüecar pronte, ni tan siquiá angunos enduraban el curso pleno, pos a la que surtía plaza, anque juera pa sustituyir a otro mestro mientres unos poquicos meses, no repropiaban, nu’adonaban tras, pos nenguna campera habían aganchau con isa chente, nenguna amistá. L’unico que les penaba una miaja eran los probes chiquillos, paicia c’angunos mestros les sabia malo se criaran asina, tan alejaus de la chente cevilizá, asina c’antes de jopar procuraban inculcales la ideya de que antes con antes, a la que tubieran l’ocasión, s’espolsaran las sabatillas.
Allegaron en verano, les ampraron una casa pa tres meses, de meta Junio a meta Setiembre, eran Ingleses, tan apenas charraban el castellano una miaja, asina que resultaron mu chocantes pa los lugareños, tinian dos chiquillos chicutos, de sais y ocho añicos, y cuasi dinde recin allegaus escomenzaron a jubar con los demas chiquillos del lugar, pa isos chiquillicos paice que nu’habia lenguajes estranios, pronte se divirtian d’una guisa que jamas habian podio figurase, cuasi sin trastes, sin moñas ni pilotas, namas con lo que se figuraban ellos mesmos, ardieando los juebos con trastes que replegaban por las eras, palos, piñas, potes…
Los padres se percataron que los chiquillos suyos estaban mu alcontentos allí, eran muncho mas filices asina, cuasi sin ná, ellos mesmos se sosprendieron estraniamente de mu güen teque, tranquilosos, sin repropio anguna cosa habia n’aquel lugar que les clamaba, algo que les resultaba mu atrativo, pué que juera l’aire con isos aromas de planticas salvaches, isas que pu’aquel antonces ni tan sisquia sabian clamar por el nombre suyo. Lo mesmo lo que les encandilaba era la polideza de los paisaches, de los montes con isas bonicas cingleras percutidoras, con isos arboles tan sojerentes, centenarios, isos que netechaban l’aire, y no mas con alentar una bocanada d’ise aire se sintian reviscolar. Pero tamien pué que jueran las chentes c’allaron pu’alli, pos anque no asampaban charrar muncho con ellos, siempre les sonrreian, les agustaba apriender la guisa de fainar que tinia isa chente del lugar, aprendian munchas cosas nuevas tos los dias, dinde regar los güertos u masar pan, dica obrar casas con peñas y algez, chano chano los ingleses estubieron en boca de tos, eran tan chalangueros que los lugareños les carriaban a la casa suya calabacetas tiernas y pepinos, güevos y dica angunos les convidaban a yantar a la casa suya.
A la c’allegó setiembre “el inglés” se jué a la ciudá, pos la faina le clamaba, pero pá sospresa de tos n’el lugar la mujer y los chiquillos enduraron allí, el hombre acudia pal cabo de semana, dispues, al año, compraron una casa, pretiendian endurar alli pá siempre. Eran chente estranjera, estrania, y agora pretiendian vivir alli, no paicia haber muncho ficacio en tu’iso, el hombre bajaba a la ciuda tres u cuatro dias, dispues subia al lugarico ande tinia la parentela. Ella fainaba cosicas de lo c’habian apriendido de la chente del lugar, s’emplegó a l’artesania y l’arte, amanaba conrservas mu naturales de tomates, de bajocas u de pimientos que criaba la chente en los güertos, l’anseñaron a crialos ellos mesmos, dica s’hicieron con un güen güerto. Tamien criaban conejos y gallinas, amanaban zucraturas con las frutas y la miel del lugar, aprendieron fainas con las qu’escomenzaron a montar cosas que dispues vendian en las ferias y mercaus artesanales con esparto, con fusta, con lo c’asampaban pu’isos montes, asina chano chano asamparon ganasen la vida con isas fainas y el marido se dejo la faina de la capital, los ingleses jueron unos mas n’el lugar, charraban a la guisa suya, tar cual si carriaran la boca llena u algo asina, pos no asamparon quitasen ise dejo suyo, pero iso si, sabian lo qu’era una rocha, un ardacho, la cambra, l’artesa, el pernil, el lebrillo u la perilla de la luz.

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Un dia “el inglés”, pos siempre tindria ise malnombre, se topetó con el dotor, le saludo tar cuar lu’ hacia con tos los lugareños, el dotor estaba intrigau por abriguar a que se dedicaba ise estranjero antes de mudase a vivir al lugar, asina que sin munchos ronderos le preguntó. El ingles era enginiero, trabajo munchos años con maquinaria en una fatoria de la ciuda y la mujer suya habia sido contable antes d’acudir al lugar. El dotor se sosprendio muncho, asina qu’eran chentes de carrera, presonas inteligentes, el se figuraba que serian una mena de chente estrania tar cuar armitaños, pero no, resulto qu’eran presonas con estudios con los que güenamente el dotor habria tenio amistá, pos eran cultos, pero no, a la contra, estraniamente s’habian ajuntau con los ramplones del lugar, si dica charraban tar cuar ellos, sin repropio era algo que no tinia ficacio nenguno.
-¿A usted no le parece que siempre será forastero en este pueblo?, ¿acaso esta gente tan cerrada en sí misma y sus costumbres arcaicas, no le recuerdan cada día que usted es solo un extranjero?, todos se refieren a usted cómo “el inglés”, para dejar claro que no es de aquí.
-Pos vera uste siñor dotor, yo siempre he de ser “el Ingles”, pero no cavile qu’iso m’hace folastero, pos el panadero siempre ha de ser clamau “el panadero”, lo mesmo c’al alguacil, naide lu’ha de clamar por el nombre suyo, asina c’habria de ser mu zoquete yo si algo tan vidente tar cuar ser desacupau en Inglaterra juera a ofendeme, pero no se figure usté que barrunto me tratan de folastero, pos iso es mu diferiente, nusotros sintimos qu’hemos hecho mu güenas conocencias aquí y asina nos lu’amostran, pos dica con angunos tenemos muncho caldo.
-Más de veinte años hace que llegue a este pueblo y le aseguro que aun me tratan como un forastero, asi que usted que solo lleva tres años por aquí, no me explico cómo es posible que piense eso, que esta gente tan vulgar pueda haberlo adoptado como si usted fuera uno mas del pueblo.
-Pos ha de ser que cosa de que nunca me figuré yo que jueran ramplones ni zoquetes, a la c’allegamos premitimos que los chiquillos nuestros hicieran lo mesmo que los chiquillos del lugar, y nusotros apriendimos de las chentes su maniera de vivir, tamien les anseñamos cosas, y las apriendiron pronte, asina que mu zoquetes no paice que sean, iso si, nunca les endongamos su maniera de ser ni les endilgamos la guisa nuestra d’hacer las cosas, pero güeno señor dotor, tu’esto no pué un forastero allegar a compriendelo.

Parabras repropiás:
Ardiear: Inventar.
Chalanguero: Campechano.
Endongar: Corregir.
Endilgar: Imponer.
Endongar: Corregir
Polideza: Belleza.
Percutidor: Impresionante.
Ramplon: Vulgar.
Recochura: Frío intenso y seco.
Surritonto: Simple.

LA ÑEVE

Petronila La Churra. La Yesa.

Mientres el recreo escomenzaron a cair los primeras bolisas de ñeve, la refrior era muncha, asina que nus hicieron entrar antes d’hora a l’escuela. A la qu’escomenzó el mestro a darnus la leción, se percató que naide l’hacia muncho caso, namas adonabamos la ventana, inotizaus por isas bolisicas blancas que caiban aspacico. El mestro s’entufó y nus obligó sin muncho esito a atiendele, eran las primeras ñeves d’aquel año, habia ganicas, pos la ñeve era mu inorada por tos nusotros. Pronte jueron muncho más grandizas tar cuar si estuviera esplumando un pollo y avientaran las plumas, tos estabamos mu niervosos, esperando ilusionaus que cuajonara, y d’endurar caindo asina, dicierto lu’haria.

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Pu’aquellas añás las diverticiones n’el lugar era mu poquicas, asina, a la c’allegaban las ñeves era una novedá que nus sacaba de lo rotinario, pu’eso los chiquillos inorabamos isos días blancos d’hibierno, pos había muchos juebos que namas podíamos hacelos mientres enduraba la ñeve. Montabamos güenas riñas dentre los zagalicos a bolazos de ñeve, tamien se los aventabamos a las chiquillas que se clisaban y chillaban pro, arrematando nusotros encanau a risión. Pero más que más, lo que nus agustaba era tirarnus por la rocha con un tabletón, anque no toas las ñevadicas valían pa ise menester, pos pa que rulara se precisaba una buena cantidá, lo menos tres u cuatro dedicos. Nus subíamos dos chiquillos cá ves, el tabletón agachaba más y mas escopeteo conforme bajaba la rocha, antonces chillabamos del cliso, munchas veces volcabamos u nus salíamos del camino aparando en el bancal d’abajo, pero nus agustaba tantísmo isa sensación d’aperigro que repitiamos una y otra ves, dica ya no endurabamos más del mal que nus hacia tol cuerpo de los aporreos y la refrior que nus entraba dica los güesos pos chano chano l’humedá iba calando y arrematabamos ameradicos.
A la que salimos a midió día pa’ir a yantar ya’era vidente que sería mu güena isa ñevá, pos acudieron las madres de los más chicutos pa carrialos a casa escopetias, tamien la miya asperaba a que salieramos el hermanico miyo y yo, había replegau a la Teresica, la hermanica nuestra, qu’era la mas chicuta de los tres pos tan apenas tindria cinco años, dentre medias estaba el hermanico miyo Albertico que tinia ocho añicos y yo qu’era el mayor con once. El mestro nus charro que de siguir asina no golvieramos a la tarde y la madre me arreó escopeteo pa que aganchara de la mano al Albertico y enfilamos ascape pa la casa.

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Alleguamos a la casa mu alcontentos, con ise atabanamiento que da la joventú, pos no solo cuajonaba la ñevadica, sinos que dencima isa tarde la tendríamos libre para jubar a la esbaradera. Pero pronte me percate que c’anguna cosa acayecia, pos conforme la madre guipó lo alcontentos qu’estabanmos nusotros, se le regiró una cara mu estrania, jué un embolique d’asombro y a la mesma vez d’amuine y entufé.
-Chiquillos, nu’esteis tan alcontentos que con la qu’está caindo, el padre aún anda con el ganau pu’esos montes.
-No s’amuine madre que pronte escampará.
No jué asina, yantamos mu callaicos, la madre adonaba el ventanuco de la cocina de refilón, era mu chicuto y daba al corral, chano chano la ventisca jué enllenando de ñeve el güeco, ya casi no se guipaba ná, antonces las sintimos, eran las campanas de la iglesia.
-Madre, ¿por que pican las campanas?, No paice que clamen a fuego.
-Nu’es a fuego, es a ñeve, tocan pá que los pastores al síntilas acudan ancia el ruido, pos agora mesmo con la ventisca ya no se debe guipar nadica pu’ahi ajuera, ni caminos, ni árboles, ni ná, vienen a cegas dando güeltas sin saber ande estan las casas.
Me clise muncho, de sopetón juí dispierto, lo que tanto había inorau era mu aperilloso, el padre estaba perdió sin asampar golver a casa tar cuar tos los pastores. Chano chano m’amuine más y más, entonces sistimos los truenos, a la contra d’escampar, paicia que la cosa empioraba pro.
-Madre, me voy al corral a ver si allegará el padre.
-Ni se t’escurra salir de casa agora, si asampa allegar a las casas vendrá solo, las borregas no le habrán podido siguir, asina que roguemos a Dios que las haiga cerrau en angun corral pu’el monte, si nos, po’que estén perdías y no se si…
-¿Que quié dicir, qu’espicharán?
– Hay hijo, no sería la vez primera c’acaice isa disgracia n’el lugar, peru’agora l’unico que tengo en la casporra es que el padre tuyo asampe allegar a casa.
No debieron pasar munchas horas pero jueron mu largas, las campanas nus mantenían en tensión, contando el tiempo amuinandunos más y más conforme escomenzaba a cair la tarde, y la foscor pronte allegaría repropiando aún más c’allegara el padre a casa. Picaron a la puerta con rabia, salió la madre escopetiá, era el alguacil.
-Maria, ¿aun nu’ha acudió el hombre tuyo?
-No, aún estamos asperando.
-Solo faltan dos pastores, toa la chente que andaba puel monte está ya n’el el lugar, de c’allegue avisar en la iglesia pa que paren de tocar, voy a ver si asampo allegar a la plaza, c’á ves es más repropiau meniase con ista ventisca, si y’hay midio metro ñeve.
Jué un rato mu ruin, los ojos bien abiertos, casi sin pestañiar, adonando el ventanuco cuasi cubierto de blanco pu’ande ya nu’entraba cuasi luz. Un ruido, nus regiramos ancia la puerta, pero no, era un trueno, s’apagó la perilla de la cocina, tar cuar escaicía cá ves que tronaba, ensiguidica nus quedabamos a foscas sin electricidá, asina que las velicas las teniamos mu a mano en l’alacena.

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Otro esclafido en l’entrada, si, era el padre, al remate allegó a casa y tanto alivio sintimos que los tres corrimos escopetiaus a acarrazalo, anque nus separamos pronte, pos nu’habia costumbre d’amostrar sintimientos. La madre le trajo ropas jutas pa que se cambiara chunto a la lumbre, venía yelau y amerau, no dejaba de temblequiar, asina que la madre echo más leña al sagato y dijo que tenía qu’ir a la iglesia a dar parte.
-Madre yu’iré.
-Chiquillo hace muncha refrior, no quiero que caigas malo, ya voy yo.
-No madre no padezca qu’estamos cerquica, y yo ya soy pro grande.
A la que chafé la calle me clisé muncho, me hundía cuasi dica los chenollos, nu asampaba guipar cuasi na, m’arrime a las paderes de las las casas y juí de memoria contando las casas dica la plaza, asampé allegar a la iglesia, allí endurabamos tres hombres c’a tanda tocaban d’una guisa costante y contina, de que me guipaban no me dejaron ni charrar, el alguacil desiguida me pregunto si ya había acudió el padre miyo, asentí con la casporra y aturaron de tocar.
-Au pues, y’estan tós que se sepa n’el lugar. Dijo el alguacil.
-Amunos a casa antes que se nus tape dica la puerta la iglesia de lo que cai. Charro un vecino miyo. -Chiquillo vente con mi que llevamos el mesmo camino.
Aquella noche sopamos aluzaus por las velicas, el padre nus esplicotio c’habia asampau cerralas n’un corral pu’el monte, dispues al bajar ancia el lugar se perdió y gracias a las campanas asampó allegar a casa. Isa noche al no tener luz no rulaba el aradio, asina que nus chitamos pronte, dinde’l catre se síntian los truenos, angunos mu cerca, ya había guipau lo c’habia en la calle y ya no m’hacia tanto gozo la ñeve, habíamos pasau mu mala tarde asperando amuinaus y clisaus, y anque al remate tos estábamos en la casa, el guipar a los padres tan cavilosos y amuinaus por la ñevá, jué clisandome a mi tamien, las borregas eran de lo que nus manteniamos y agora estaban lejos, aislas n’el monte.
De Mati mañana ya no se sintIa tronar, al abrir la ventana del cuarto miyo, la ñeve cuasi la tapaba entérica, l’ubri de par en par y arempujé la ñeve ancia la calle, antonces con tan apenas las premeras luces del día, adoné una blancor inmensa, tan rusiente que dica paicia aluzar por si mesma, un lugar yelau ande naide paicia ser capable de salir de la casa suya, tar cuar muerto, en silencio. En los tejaus las grotescas crestas sobresalían amenazantes, bajo, las casas casi sin puertas, sepultadas en isa enorme manta yelada. Paralizau adonando l’espectaclo, sintí ruidos bajo, en la calle, escomenzaban los vecinos a asomasen, con palas apartaban la ñeve de las puertas pá asampar salir de las casas, cavilé que nusotros habíamos d’hacer lo mesmo, asina que me vistí escopetiau y baje. La madre había amanau el desayuno y el padre ya carriaba la pala.
-Chiquillo, desayuna mientres limpio una miaja la puerta qu’hemos d’ir al corral ande cerré el ganau.
-Antonces padre, ¿hoy no voy a l’escuela?
-No, hoy m’haces falta n’el monte.
Dispues de desayunar tos, la madre carrió acuestas a la chicuta y s’enfilo pa la escuela con el hermanico miyo de la mano. La chente jué haciendo una sendica con las palas por toas las calles p’allegar a tos los puestos, pos era menester ir a por agua pa los animalicos, allegar a los corrales pá échales de comer, amasar pan, comprar en la botiga, arrematando, endurar vivindo y los chiquillos ande mijor estaban pa no dar pena, era en l’escuela.
Mientres el padre y yo apreparamos la buja, l’echamos una manta dencima y con pellejos de borrega el padre le forró las potas, pos dicia que podían dica yelasen dispues le tiramos dencima la manta el serón y lo carregamos con un par de taleguicas d’orio, las palas, un capazo y una astral. Nosotros tamien nus forramos bien, nus pusimos unos zuecos abarqueros, carriaban la suela de madera y pesaban muncho, peru’era lo mijor pa chafar ñeve. Mientres el padre me tapaba bien con bufanda y gorro allego la madre y nus echo la berienda pos no se sabía lo que nus costaría la faina n’el monte.
En que dejamos la sendica que la chente había escavau y nus adentramos n’el manto blanco me percaté de lo repropiau qu’era andar por dencima la ñeve, Nusotros ubriamos camino y la buja siguia las chafás nuestras, t’hundidas cuasi dica el genollo, asina qu’era menester alzar muncho las garras a cá paso, n’algunos sitios t’hundias muncho más, dica cuasi la cintura, asina que la bujica pu’alli nu’asamparia pasar, era menester recular pá buscar otro camino. Paicia que nu’allegariamos nunca, estaba atobáu, y los pies chano chano se jueron yelando, m’hacian muncho mal, pero era menester endurar, no se guipaba nengún lugar ande reguardarnus, había c’allegar al corral.
-Hay’stá el corral chiquillo.

(c) Perth & Kinross Council; Supplied by The Public Catalogue Foundation

C

Sintimos lladrar al Rufo, el perrico pastor que teníamos, y quel padre dejó allí con l’atajo, ensiguidica las borregas escomenzaron a balar, tar cuar si nus clamaran y s’alcontentaran de sistirnus allegar. P’asampar ubrir la puerta jué menester sacar las palas y apartar muncha ñeve, dispues entramos. Allí, al estar las borreguicas se estaba calentico, asina que s’agradecía estar por fin a cubierto. Les echamos orio en una gamella qu’era nomás un trajo vaciau, se tiraron a menchar con delirio, la buja tamien s’aplicó a menchar, a la c’acoraron el padre dijo c’habia qu’enllenar de ñeve la gamella pa que chano chano se regalara y asina asamparan beber augua las borreguicas. Con el capazo y las palas enllenamos la gamella de ñeve del mesmo escubierto, a la c’arrematamos isa faina, aganchó el padre l’astral y nus enfilamos al monte, drechos ancia unas trabinas, el padre escomenzó a cuertar brancas y dispues dentre los dos las arrastramos al corral. Estaba vencidico, derringlau de tanto bregar con la ñeve, arrastrando brancas pa que las borregas rosigaran anguna cosa verde, el padre se debió percatar de lo mal que lu’estaba pasando y dijo de plegar pá mencharnus la berienda.
Dispues de yantar aún cuertamos mas brancas y se las penchamos pu’el corral a las borregas, al remate el padre dijo de golver a casa. La güelta jué una miaja mijor pos siguimos la mesma sendica de la mañana, el perrico se vino con nusotros y tamien cuatro borregas que estaban paridas y teníamos en casa los borreguicos pasando esmayo.
De qu’entramos al lugar, cerca de las primeras casas nus topetamos a los chiquillos que y’habian salió d’escuela, arrastraban dentre varios un trillo, Albertico tamien estaba con ellos.
-¡Perico!, ¡mira hemos aganchau un trillo!, vamos a l’esbaraera, dicierto rula mu bien.
-Chiquillo veste con ellos si t’hace gozo que ya no t’he de mandar más fainas. Dijo el padre.
-No padre, amunos al sagato que ya he tenio pro ñeves.