AFIANCEMOS EL TALENTO JOVEN DE LA SERRANÍA

Un objetivo básico para nuestro futuro como serranos es relanzar la Marca de Calidad Territorial común para toda la comarca, homologada por la Marca de Calidad Territorial Europea (“Calidad Rural”) e incorporada a dicha red, basada en la calidad económica, social y medioambiental de este territorio, reforzando su identidad y sentido de pertenencia.
original.

Recientemente he leído que una joven posgraduada en Educación Social ha presentado un proyecto de creación de viviendas tuteladas en Andilla. Ante la imposibilidad de una residencia de tercera edad optan por esta solución para una atención digna a sus mayores. Todo un claro ejemplo del aprovechamiento del talento joven de la Serranía. Ello me ha hecho pensar que afortunadamente surgen buenas ideas, aunque de manera aislada, pero cuesta mucho que aparezca algún proyecto puramente comarcal.

Ahí es donde entra el afianzar el concepto de Calidad Territorial como aspecto aglutinador para el desarrollo equilibrado y armonioso de nuestra comarca.

Una Calidad Territorial que abarque todos los ámbitos en los que sobresalimos en la Serranía: desde lo agroalimentario hasta el turismo. Por hablar de turismo, es una pena que todavía sean una minoría los establecimientos que cuenten con algún tipo de marca o figura de calidad y, por tanto, es evidente que queda mucho por hacer en el sector turístico de la Serranía para ganar en una mayor calidad y atractivo. En nuestra comarca la materia prima existe en abundancia para ofertar buenos productos de turismo variados y de calidad: rural, cultural, naturaleza, aventura… Sin embargo su comercialización es la gran asignatura pendiente. Y ésta podría mejorarse bastante si existiera una cierta estructura organizativa comarcal, no burocrática, que aglutinara al empresariado del sector para así poder presentarse ante los consumidores de manera más eficiente y coordinada, teniendo en cuenta lo globalizado y competitivo que se presenta el mercado turístico en la actualidad. Por no hablar de nuestros productos agrícolas y nuestra gastronomía.

Los jóvenes tienen que tomar la iniciativa. Como suele decirse, la unión hace la fuerza…

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ME PREOCUPAN NUESTROS JÓVENES

… a la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

El segmento de población entre los 14 y los 30 años, constituye una parte importante del conjunto de la sociedad y por ello, merecen nuestra atención y el de las administraciones públicas, si queremos verlos entrar en la vida adulta sin tener que pasar por diversas intoxicaciones “aculturales”, ideológicas o de credo.

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Festeros LA CATERVA, Alcublas

Pasada la página del verano y vivida la fiesta mayor en muchas localidades de esta comarca, tanto al Centro de Estudio la Serranía como yo mismo, nos preocupa el trato que proporcionamos a nuestros jóvenes desde el punto de vista global. Esta preocupación tiene su principal cimiento en las actitudes que dicho sector muestra de manera general.

Con demasiada frecuencia, en nuestros pueblos existen lugares en los que los jóvenes actúan de manera sectaria y aislada de la realidad, en la que se suelen ingerir cantidades ingentes de bebidas alcohólicas, con todo lo que ello supone.

El futuro de estas personas no puede pasar por la enajenación mental o social provocada por el alcohol o las drogas de mayor o menor efecto físico o psíquico. El futuro de estas personas, ha de pasar necesariamente por su socialización alejada del mundo de la drogadicción en todas sus facetas.

La solución no pasa por la represión policial, sino por otros ámbitos que se han dejado de lado en esta comarca. No podemos seguir justificando actitudes incívicas de nuestros jóvenes con aquella recurrida frase: “estamos en fiestas y, ¿qué hemos de hacer? Siempre se han hecho chiquilladas”.

Lo que pasa es, que las actuales mal llamadas “chiquilladas” rayan, en ocasiones, la ilegalidad e incluso la zona delictiva. Porqué, ¿cómo se ha de considerar el robo de una furgoneta para hacer trompos en la zona donde se apartan? ¿cómo podemos calificar que arranquen de raíz unos plantones? ¿acaso no es un delito el robo de un vehículo o la venta de alcohol a menores?

No quiero ser alarmista, pero estos y otros episodios semejantes, se han vivido y se viven entre los jóvenes de nuestra comarca. Esto pasa porque durante los casi 40 años de democracia, no se ha abordado una política juvenil pensada en el futuro. Nadie ha pensado en abrir espacios públicos para los jóvenes, ni en construir redes de comunicación que les ayuden a madurar.

Nuestros pueblos, por pequeños que sean, han de disponer de un lugar para dinamizar la vida, los intereses y las oportunidades juveniles, de igual manera que disponemos de Hogar del Jubilado o Casa de los Ausentes. De esta manera, los jóvenes podrán acceder a un local de reunión y encuentro, en el que poder programar y desarrollar su vida social e interactuar y facilitar la integración cultural.

Pero también se ha de pensar en la calidad del transporte público entre nuestros pueblos y aldeas. En el siglo XXI resulta inexplicable la incomunicación con la que nos castiga la Chelvana y el gobierno valenciano. En ocasiones, nuestros jóvenes encuentran más fácil pasar un fin de semana en Londres, Copenhague o Ámsterdam, que desplazarse entre Alcublas y Oset en días de fiesta o de encuentro.

Todo ello y otras propuestas que se desarrollan en puntos diversos del territorio peninsular, pueden aplicarse en nuestra comarca, con objeto de sacar a los más jóvenes del aburrimiento y de la tediosa monotonía de tener que vivir sin futuro, abocados a vivir el presente como si no hubiera un mañana, ingiriendo cantidades descontroladas de bebidas alcohólicas o asistiendo a las mal calificadas “chiquilladas” sin ofrecer alternativas.

Las hay; claro que las hay y a poco que se indague, podemos sacar medios para llevarlas a cabo si existiera una voluntad política de mirar por estos jóvenes, que han de ser los ciudadanos de mañana y de pasado mañana.

CUANDO FUIMOS LOS MEJORES

Echar la mirada atrás recordando los años en que fuimos muy jóvenes puede llevarnos a la tristeza, la añoranza e incluso a la soberbia. Loquillo maneja como él sabe esta soberbia  en su tema Cuando fuimos los mejores.

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CUANDO FUIMOS LOS MEJORES
LOS BARES NO CERRABAN
CADA NOCHE EN FIRME
A LA HORA SEÑALADA

CUANDO FUIMOS LOS MEJORES
LAS CAMARERAS NOS MOSTRABAN
LA MEJOR SE SUS SONRISAS
EN COPAS LLENAS DE ARROGANCIA

Cuando fuimos los mejores es un brindis triste por los buenos tiempos. Por esos tiempos en los que contábamos con amigos fieles con quienes comernos el mundo. No teníamos miedo a nada… y “mi juventud se suicidaba”.

Pensando en todo ello he buscado esta foto que, en particular, me encanta. Refleja dos cosas antagónicas o quizás no tanto: un cartel que nos dirige a un pueblo ya desaparecido y a su vez un grupo de amigos reencontrados. Es un salto hacia el tiempo pasado, Cuando fuimos los mejores.

Hay momentos que siempre quedarán en la mente… no hacíamos nada importante salvo ser adolescentes. Con mis años ya vividos creo que sí, que no hacíamos nada, pero era un “nada” tan lleno de todo que nos preparó para la vida.

No sé si fuimos los mejores, pero siempre nos recordaremos.

Enrique Domingo

LA SERRANÍA Y EL RINCÓN DE ADEMUZ MIRANDO AL FUTURO

LA DESCENTRALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO. COMENTARIOS SOBRE LA I UNIVERSIDAD DE VERANO DEL RINCÓN DE ADEMUZ

 

Josep Montesinos i Martínez

Universitat de València

 

Hemos tenido la oportunidad de participar en la I Universidad de Verano del Rincón de Ademuz.  Organizada por la cátedra de Participación Ciudadana y Paisajes Valencianos, de la Universitat de València[1]. Nuestra colaboración versó sobre:  De la descampesinización controlada a la gentrificación. En busca del primer patrimonio del Rincón de Ademuz.  Una aproximación al proceso de abandono rural desde la segunda mitad del siglo XX, sus consecuencias, la realidad actual con los peligros correspondientes de desertificación demográfica, usos insostenibles, gentrificación, destrucción del medio…

1.El Rincón de Ademuz según Cavanilles, 1797

Un fenómeno socioeconómico hoy en auge es el del turismo. Pero en ese sentido debemos ser también precavidos y ofrecer un producto sostenible.  Puesto que siguiendo las palabras de Buades, Cañada y Rincón, 2912 en su trabajo El turismo en el inicio del milenio. Una lectura crítica a tres voces: “Pero  como también  hemos  señalado,  el  turismo  se  ha  caracterizado  más  por  dañar  ecosistemas, malbaratar recursos naturales, mercantilizar expresiones culturales,  crear marcos favorables para la corrupción y vulnerar derechos laborales, que  por lo contrario”

3.El conocimiento tambien se hace desde el entorno local y comarcal

 

Pero también incidir en las múltiples realidades positivas de este entorno territorial: paisajes, recuperación agrícola, usos medioambientales, calidad de vida, personalidad propia. Insistíamos al igual que lo hacíamos en nuestra anterior colaboración en Serranos y Rurales que el primer patrimonio de nuestras comarcas son sus habitantes y todo lo que no vaya tendente a la mejora de la calidad de vida de los mismos no ofrece una política efectiva contra la desertización tanto humana como del paisaje.

 

También es de destacar el trabajo desde la localidad y la comarca. Esfuerzos por investigar, por difundir, por encontrar alternativas… Que llevan a cabo personas individuales, pero también colectivos, asociaciones culturales, asociaciones de empresarios, de agricultores, grupos ecologistas…

4.UVRA 2017

4.UVRA 2 2017

Coincidieron estas jornadas universitarias con la celebración en Huesca del II Congreso Nacional de Despoblación en el medio rural, de la  Federación Española de Municipios y Provincias, donde trataban estos temas e intentaban encontrar soluciones a través de la acción desde la política y demás esferas de la sociedad. Acciones desde el punto de vista institucional, económicas y de empleo, de los servicios públicos, de infraestructuras, comunicaciones y transportes, de vivienda, demográficas, comunicativas e identitarias.  Todos tienen claras las acciones a realizar no hay más que ver las conclusiones, pues en ese foro están representados los gobiernos locales y por tanto la presencia de diversos grupos de todo el abanico político. Pero a la hora de la realidad pocas se llevan a cabo. ¿Porqué si los políticos están de acuerdo no se llevan a efecto? En nuestra opinión habría que:

-Creerse el proyecto.

-Reflejarlo en los presupuestos del Estado, de las Comunidades Autónomas, de las entidades locales. La única revolución pasa primero por la asignación presupuestaria, si no es así se queda en puro posicionamiento estético o de buena voluntad.

-Realizar una buena gestión de lo diseñado (Estado, Comunidades Autónomas, Diputación, Ayuntamientos, Sociedad)

-Con la participación de la política, la economía, la Academia, la sociedad.

2.La Universidad en Ademuz

Fueron, las de Ademuz[2], cuatro jornadas intensas donde se mostraron y debatieron temas diversos que afectan al mundo rural, conferencias y talleres (un total de 15) distribuidos en cuatro grandes bloques: Paisaje y salud, Paisaje rural: emprendimiento y desarrollo local, El futuro del medio rural valenciano, y un módulo Innovación docente (módulo para profesorado de secundaria y bachiller). También a lo largo de los días se desarrollaron actividades lúdico-culturales como conciertos y observaciones astronómicas.

Es importante el establecimiento de sinergias entre la sociedad comarcal, la política, la academia, los investigadores e interesados en que este paisaje vital de nuestras comarcas se vea enriquecido y camine hacia el futuro.

 

[1] La cátedra está dirigida por el Dr. Emilio Iranzo, https://www.catedrapaisajevalenciano.es/es/ Dentro de la política territorial del Vicerrectorado de Participación y Proyección Territorial de la UV.

[2] http://www.uv.es/uvweb/vicerrectorado-participacion-proyeccion-territorial/es/actividades/jornadas/jornadas-actuales/1-edicion-universidad-verano-rincon-ademuz-1285934275279/GaleriaCult.html?id=1286005653378

 

SON MUCHAS PERSONAS DOSCIENTAS CINCUENTA MIL.

… a la solana –  Ezequiel Castellano (Coordinador del CELS) 

Este fin de semana pasado han finalizado las trovadas de escuelas en valenciano en las que sumando todas las ediciones, se ha obtenido una cifra global de un cuarto de millón de personas las participantes de la misma, a pesar de los obstáculos que la caverna ideológica pretende poner para que este país no pueda vivir en libertad.

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Xarxa Jove en Ademuz (Foto MasTuria)

Estos encuentros son espacios de convivencia y una invitación a participar y a sumarse desde el respeto, la diversidad y la interculturalidad; tres puntos estos que no suelen practicar aquellas personas que han decidido situarse fuera del decreto de plurilingüismo y hacer todo lo posible para que no se aplique.

Un año más, la primavera valenciana que supone estos encuentros, ha contado con el apoyo de las instituciones públicas y ello es motivo de celebración, puesto que durante los últimos 20 años anteriores, el gobierno valenciano y sus acólitos, dieron la espalda a este movimiento voluntario de personas.

Desde la perspectiva de las comarcas castellanoparlantes, hemos de ver con amplitud de miras esta actividad e incluso, deberíamos aprender a promocionar un  movimiento parecido para que los más jóvenes de la Serranía, el Rincón de Ademuz, el Alto Palancia, Utiel – Requena, Hoya de Bunyol, Calle de Cofrentes, Canal de Navarrés, el Vinalopó y el Bajo Segura, valoraran en su justa medida el valor que tiene para nosotros el valenciano.

Sinceramente, no descartaría la posibilidad de participar en las “trobadas” de las comarcas vecinas, pero además, deberíamos poner en marcha encuentros similares. En este sentido, debemos aplaudir la iniciativa de los programas clave de la estrategia Valenciana de la Juventud, gracias a los cuales se ha comenzado a crear políticas de juventud, al menos entre la Serranía y el Rincón de Ademuz.

Un programa que tras meses de trabajo entre la técnico de Xarxa Jove (Sandra Antón) y los tomadores de decisiones políticas de los municipios (técnicos mancomunidad, AEDLs, alcaldes y/o alcaldesas, concejales y personal docente) hicieron posible que el 11 de abril, unos 83 jóvenes de ambas comarcas se reunieron en Ademuz para pasar una jornada de aprendizaje y puesta en valor de nuestro territorio.

Los jóvenes trabajaron de forma colaborativa y coordinada para mostrar lo mejor de sus municipios, analizar las Dificultades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades que ofrece el área y extraer ideas sobre el futuro de ambas comarcas.

Tras ocho meses de andadura del programa Xarxa Jove, se ha hecho evidente que el trabajo en red y la colaboración de los municipios es primordial para obtener resultados positivos, y más aún en temas de juventud, un tema tan transversal y a priori tan poco visible en los municipios que forman parte de las comarcas del interior.

He sabido que durante estos días se va a valorar este proyecto y no se debe tener ni una sola duda sobre su bondad. Los habitantes de estas comarcas del interior del País Valenciano hemos estado olvidados demasiado tiempo y va siendo hora de paliar políticas tendentes a la consolidación de la población actual. No nos podemos permitir más sangría en el éxodo de los más jóvenes. Ellos son los que han de afianzar la supervivencia en este territorio.

LA SERRANÍA. TERRITORIO MINADO CONTRA LA BELLEZA

Alfons Cervera.

diario.es

http://www.eldiario.es/cv/opinion/Serrania-Territorio-minado-belleza_6_617048301.html

La Serranía es una de las comarcas más hermosas de este país que borra del mapa lo que no le interesa. Es una de las más grandes. Y también una de las más despobladas.

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Hay sitios que existen de verdad, pero es como si no existieran. No aparecen en los mapas. Los medios de comunicación sólo hablan de ellos cuando sucede alguna catástrofe que los afecta directamente. La política los abandonó hace años. No hay votos suficientes para ningún partido porque en esos sitios no vive casi nadie. Antes sí. Antes vivía mucha gente en los pueblos que hoy están casi abandonados. Pero la vida es más difícil en unos sitios que en otros. Y los pueblos del interior se fueron quedando vacíos. La emigración a Francia, sobre todo. Y a Barcelona. El no regreso. La gente se va y casi nunca vuelve. A lo mejor vuelve para las fiestas patronales. O para abaratar las vacaciones del verano. Pero la vida en esos pueblos no es vida de verdad, es supervivencia. Y, sin embargo, hay gente que hemos decidido vivir en esos pueblos de la Serranía y no en otros. Aunque a ratos sea difícil resistir, casi imposible.
La Serranía es una de las comarcas más hermosas de este país que borra del mapa lo que no le interesa. Es una de las más grandes. Y también una de las más despobladas. Por eso, como decía antes, al mundo de la política -sea cual sea- le interesa bien poco lo que pasa aquí arriba. Hay otras comarcas parecidas. No somos los únicos que sufrimos ese abandono de nuestros representantes públicos. Pero uno ha de hablar, principalmente, de lo que conoce. Y lo que yo más conozco es la Serranía. Apenas una veintena de pueblos. Apenas entre todos unos catorce mil habitantes. Y de esos catorce mil, más de la mitad se los llevan entre tres de esas poblaciones. Como si la Serranía fuera Siberia. Más o menos. Hace muchos años era difícil recorrer los pueblos serranos. Todo quedaba lejos. Las carreteras eran caminos de carro. Ir de un pueblo a otro era como un viaje de Julio Verne al centro de la tierra. Poco a poco nos fuimos conociendo. El punto de descubrimiento fue cuando se quiso instalar en el Domeño abandonado, hace casi treinta años, un almacén de pararrayos radiactivos. Nos opusimos. Hasta los del PP se oponían. Claro: entonces mandaba en la comarca el PSOE de Joan Lerma y se trataba de engañar a la gente. A esos del PP les importaba un pito el almacén radiactivo. Lo que querían era echar a los socialistas. Y lo consiguieron. Luego abandonaron las pancartas de la protesta y se dedicaron, en los pueblos donde gobernaban, a convertirlos en estercoleros. Así es la vida: imposturas y traiciones a destajo. El almacén se fue a otra parte. Y ahí, en aquel suceso lamentable, nos descubrimos como comarca, como tierra común, como un sitio lejos de todo pero con el alma de una resistencia a prueba de bomba.

La resistencia sigue. Sencillamente porque es la única manera de salvar lo que más nos identifica: el paisaje. Somos bosques, sendas incorruptibles, cielos tan limpios como el de las noches marsellesas, agua que no deja de brotar por trochas inextricables, gente que sólo sabe lo que ha de saber la gente decente: que la mayor nobleza se la debemos a la tierra donde nacimos y en la que hemos decidido vivir cueste lo que cueste. La resistencia tiene que ver con la belleza que antes les contaba. Somos una tierra hermosa. Pero desde hace años esa tierra está agujereada impunemente por las excavadoras. Las minas de explotación a cielo abierto. Las montañas se convierten en pozos sin fondo. Los árboles desaparecen y en su lugar quedan un inmenso agujero de color marrón, muelas ancestrales convertidas en calvas abruptas que parecen calaveras, un olor a mierda que supuran los deficientes contenedores de basura planetaria que ha encontrado en la Serranía su particular territorio de intereses bastardos. Luchan esos depredadores contra la belleza de mi tierra. Les importa un pito la destrucción de lo más nuestro, de lo común que nos junta en medio del infortunio: ese vivir apegados a los pueblos donde nacimos y donde hemos decidido vivir a pesar de la intemperie política, de las traiciones a destajo, de que no aparezcamos en los mapas.

Pero ya digo: la resistencia está ahí. Por eso el otro día -¡al fin!- vinieron a visitarnos responsables políticos de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana. Algo es algo. Quienes no aparecen para nada son los de Turismo de esa misma Generalitat. O de la Diputación de Valencia. Seguramente la Serranía los pilla a trasmano. Mucho hablar del turismo rural pero sus eslóganes no dejan de ser una manera retórica de marear la perdiz para que todo siga igual que cuando los dinosaurios corrían como ardachos gigantes por las huertas de Losilla de Aras. La visita del otro día era para ver el estado en que se encuentran las montañas copadas por las minas. Territorio minado contra la belleza. Eso somos. La comitiva se detuvo en una de esas explotaciones. Y uno de esos explotadores se subió a una excavadora y embistió a quienes formaban parte de la comitiva. La agresión a la tierra y a las personas se juntaban ese día en la forma de un salvaje al que sólo le importa su negocio, aunque sea a costa de liquidar los bosques y el aire que esos bosques nos permiten respirar con absoluta pureza. No se trata de un caso único ni es la primera vez que ocurre. Hace años que esa violencia existe. Los mineros dicen que defienden sus derechos. Lo que no entienden -porque no quieren entenderlo- es que nosotros también defendemos los nuestros.

Hay sitios que existen de verdad, aunque demasiadas veces no salen en los mapas. Este artículo les llega a ustedes desde lejos, desde uno de esos sitios: la Serranía, carretera de Ademuz arriba, buscando tierras de Cuenca y de Teruel. Seguro que habrá sitios hermosos en todas partes. Yo les acabo de contar uno de esos sitios. Ahí se juntan -con deseos de dignidad y de nobleza- la belleza irrepetible de una tierra y la resistencia de sus gentes a que esa belleza desaparezca en manos del abandono político y de la vieja y enconada violencia de las excavadoras.

¿Y SI NOS PONEMOS EN MARCHA?

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Asistimos desde hace unos años al despoblamiento progresivo de nuestros pueblos y al continuado envejecimiento de sus censos.

Desde finales del siglo XIX , la Serranía ha sufrido  importantes éxodos migratorios. La dureza de la vida, las condiciones económicas, la falta de expectativas laborales y el aislamiento geográfico, son las causas principales de la pérdida de población joven.

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Esta situación demográfica determina nuestro presente y condiciona nuestro futuro, si no somos capaces de darle la vuelta y afrontar el problema desde una perspectiva diferente.

Desde hace años, las soluciones se han centrado en buscar nuevos “motores económicos” capaces de generar  puestos de trabajo. En todos los pueblos han habido diversas iniciativas empresariales: algún comercio con productos artesanos, pequeñas cooperativas de asistencia a mayores, emprendedores dedicados al turismo y la restauración y poco más. En Alcublas se proyectó un AERÓDROMO DEPORTIVO, iniciativa impulsada por el anterior alcalde Manuel Civera y que por el momento, está  esperando mejores tiempos.

Caso aparte es el de POWER ELECTRONICS. Esta multinacional tiene una de sus plantas de producción en Higueruelas, lo que supone una apuesta desconocida hasta ahora en La Serranía, que ha absorbido mucha mano de obra de la zona pero que, lamentablemente, no ha provocado el impacto demográfico esperado.

¿Por qué nuestros pueblos no resultan atractivos para vivir? ¿Por qué los jóvenes, aún teniendo trabajo, prefieren vivir fuera? Aquí es donde nos encontramos con los problemas de siempre que sí podemos paliar:

  • La Serranía carece de buenas infraestructuras que favorezcan la movilidad de personas y mercancías.
  • La Serranía no dispone de un servicio de transporte público de calidad, adecuado a las necesidades de la población, eficaz y regular.
  • La Serranía no cuenta con una oferta educativa que atienda el derecho a la formación en cualquier etapa de la vida (reciclaje profesional, cursos de formación, idiomas, escuela de adultos, formación artística, etc) ni con propuestas de dinamización cultural y deportiva (exposiciones, teatro, conciertos en directo, conferencias, charlas, coloquios, instalaciones deportivas competitivas, etc)
  • Nuestra comarca no cuenta con una adecuada asistencia sanitaria para sus habitantes (servicios de geriatría, pediatría, maternidad, fisioterapia, rehabilitación, etc)
  • En La Serranía no existe un plan eficaz que facilite la integración de las mujeres en el tejido económico de la comarca (no hay un apoyo institucional real y definido para impulsar el empleo femenino en la zona). Las mujeres son pieza clave para fijar población en las zonas rurales, si no tienen opciones laborales se marchan y los efectos negativos sobre la población son evidentes e irreparables.
  • En La Serranía no hay ningún plan que facilite la rehabilitación de viviendas vacías para ofertarlas en alquiler. Sería una buena manera de tener una bolsa de viviendas en régimen de alquiler social, enfocadas a los jóvenes.
  • Nuestra comarca no ha dispuesto nunca de un plan de intervención global para la recuperación del patrimonio histórico o etnográfico: almazaras, pajares, ventisqueros, neveros, corrales, fuentes, lavaderos, bodegas… Se trata de poner en valor nuestras señas de identidad, nuestra personalidad. Cuidar estos elementos significa respetar la memoria y estimar el territorio, ofreciendo posibilidades nuevas para incentivar el turismo rural.
  • En La Serranía no se ha diseñado nunca un plan de recuperación del entorno después del desastroso incendio del año 2012. Además de limpiar el monte de madera quemada y esclarecer determinadas zonas (actuaciones que no se han hecho en Alcublas, por ejemplo), se debería diseñar un plan forestal para la comarca que contemplara el adecuado mantenimiento de los montes y, sobre todo, la explotación de los mismos como fuente de recursos para los municipios (ganadería, extracción madera, micología, etc). Si el monte reporta beneficios económicos, contribuye a su conservación y cuidado.

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En definitiva, si esta comarca quiere seguir viva, manteniendo su identidad y sus pueblos, tiene que diseñar un proyecto común que trascienda la municipalidad y las Mancomunidades. Saber dónde se quiere ir, supone tener muy claro el modelo de territorio que todos deseamos y para ello es imprescindible unir voces y esfuerzos.

Tener visión de futuro, pensar en las nuevas necesidades y ser mucho más creativos dando respuestas a los viejos problemas, son cualidades indispensables para vislumbrar un mejor futuro. Y sobre todo, ser capaces de deshacernos de una vez del complejo de inferioridad que nos ha sumido en el silencio y la resignación.

Se trata de mirar los problemas desde otro ángulo, sin complejos ni miedos. Si nos ponemos en marcha, seremos un territorio atractivo para los jóvenes, un buen lugar para vivir y no el reducto exótico y casi salvaje de “pueblo perdido en las montañas”. Zona rural sí, vivir en el pueblo sí, pero sin tener que renunciar a los servicios que disfrutan el resto de ciudadanos.