ESOS PUEBLOS QUE NO SALEN EN LOS MAPAS

Alfons Cervera – el diario.es

Hace unos días, el gobierno valenciano escogió el Rincón de Ademuz para reflexionar sobre sus logros y cuentas pendientes en los dos años de legislatura. Está bien esa elección. Una manera de escribir, en la tierra que se pisa, los planes de futuro para aliviar la despoblación que sufren las comarcas valencianas de interior. El Rincón y la Serranía son posiblemente las dos que se llevan la palma en lo que toca a quedarse cada día que pasa más vacías de gente y de esperanza. Quiero decir vacías de esperanza en el futuro -como apuntan los planes del Consell- pero digo también y sobre todo vacías de esperanza en el presente.

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Casas Bajas (Rincón de Ademuz)

Porque el futuro no existe. Hablar del futuro es una manera de secuestrar el presente, de poner el rábano en los morros del burro para que no lo alcance nunca. Hablar del futuro es hablar de ahora mismo y si no es así es que estamos haciendo trampa con el lenguaje. Las comarcas pobres y despobladas del interior necesitan buenas políticas que las ayuden a sobrevivir en el presente oscuro en que viven, y en el que seguirán viviendo si no se atina eficazmente en las posibles soluciones.

Siempre hubo algo en esas soluciones anunciadas a bombo y platillo que me sigue provocando una miaja de turbación. Las políticas de ayuda a los pequeños pueblos siempre se inventaron pensando en la gente que no vive en esos pueblos. El argumento ha sido tan repetidamente sencillo como inquietante: el turismo como única tabla de salvación. La canción de siempre: que venga gente a los pueblos que han perdido -si alguna vez lo tuvieron- su sitio en los mapas. Se prometían subvenciones que llenarían nuestras calles de un turismo amante de lo rural, de la tranquilidad que se respira en los sitios pequeños, de esa calma que vuela como un pájaro sobre los valles esculpidos en las montañas con el pico y la pala de una ilusión a prueba de la humillación y del cansancio. Lo de siempre: esa poesía cursi que alimenta las versiones silvestres del urbanita que no sabe lo que vale el peine rasposo de vivir en el culo del mundo. Me lo decía hace muchos años el inolvidable Vicent Ventura: “nunca hagas poesía de los pueblos pequeños”. Y tenía razón. En los pueblos pequeños lo que hay que hacer es destripar el falso bucolismo, abrir una brecha en una cultura que ensalza las tradiciones más anacrónicas (a veces crueles) y exponer esas tripas al aire luminoso de la modernidad. Lo rural no es un valor en sí mismo. Lo hemos de poner en valor, más que nadie, quienes ahí vivimos, casi siempre en unas condiciones que rayan la resistencia numantina. El turismo o el nuevo vecindario vendrá cuando quienes vivimos en medio de la despoblación lo hagamos en las mismas condiciones de confort que todos los demás. Y eso es lo que hay que exigir a las diversas instituciones que nos gobiernan.

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Benagéber (La Serranía)

Ahora el Consell y la Diputación de Valencia han hecho públicos a la vez sus encomiables propósitos de devolver a los pequeños pueblos de la montaña la vida que emigró a la búsqueda de otra vida mejor en las ciudades grandes o en el extranjero. Se trata de propósitos que muestran claras intenciones de generosa y justa ayuda a nuestra supervivencia. Esos planes para acabar con la desigualdad y la despoblación de las tierras de interior hablan de “políticas que garanticen empleo, bienestar y servicios públicos de calidad”. Mucho me parece y ojalá que todo -o cuanto más, mejor- pueda llegar a un final feliz más pronto que tarde.

Escribo aquí algunos detalles que ayuden a entender mejor la necesidad y la urgencia de que se implanten esas políticas de salvación puestas en boca de los presidentes de la Generalitat y la Diputación de Valencia, Ximo Puig y Jorge Rodríguez. Ya dije que la única manera de atraer el turismo o conseguir que aumente el vecindario más o menos fijo es que nuestros pueblos dispongan de todas las ventajas que disfrutan los pueblos y las ciudades grandes. No es posible atraer a nadie para un fin de semana o para toda la vida si tenemos en nuestros pueblos dos horas de ambulatorio médico y ninguna desde el viernes hasta el lunes. No es posible atraer a nadie si no hay un puñetero cajero automático donde sacar el esmirriado dinero de las pensiones. No es posible atraer a nadie si las nuevas tecnologías (internet y cobertura telefónica) son como el tam tam de aquella lejana Kukuanalandia que salía en “Las minas del rey Salomón”. No es posible atraer a nadie si los cauces de los ríos están cegados por esos peligrosos cañares que sólo generan podredumbre y que tanto gustan a los de la Confederación Hidrográfica del Júcar (menuda lacra, esa Confederación). No es posible atraer a nadie si las máquinas excavadoras siguen haciendo desaparecer las montañas como si fueran alumnas aventajadas del mago Houdini. No es posible atraer a nadie si la financiación municipal (la gran cuenta pendiente de todas las políticas) no da ni para pagar el sueldo del alguacil y mucho menos para pagar a las brigadas de limpieza o cualquier otro empleo más o menos estable que dependa de las arcas municipales. No es posible atraer a nadie que en plan emprendedor monte un pequeño negocio si los pocos que ya existen sufren cosa mala para sobrevivir. Por eso -y por mucho más- los planes de futuro del Consell y la Diputación de Valencia están llenos de buenas intenciones, pero no sé cuál será su eficacia final si no tienen en cuenta esos detalles aparentemente “insignificantes” que aquejan la difícil supervivencia de nuestros pequeños pueblos del monte.

Y una coda final para que se entienda mejor mi suspicacia cuando hablamos del turismo. No nos hace falta un turismo masificado y depredador al que le importa un pito la belleza del paisaje, un turismo que si pudiera (y a veces puede porque lo dejan) llegaría con el coche convertido en apisonadora al centro mismo de esa belleza, un turismo que limpia la grasa de las sartenes en el río y antes ha lanzado aguas abajo las bolsas de basura llenas de retales de pollo y botellas vacías de cerveza o coca cola. Un turismo que la única cultura medioambiental que ha mamado en su vida es la de la mierda. Tampoco queremos un turismo de ricos, faltaría más. Sencillamente, lo que queremos es un turismo cómplice con el que compartir lo poco que tenemos. Incluidos nuestros sueños.

LA SERRANÍA Y EL RINCÓN DE ADEMUZ MIRANDO AL FUTURO

LA DESCENTRALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO. COMENTARIOS SOBRE LA I UNIVERSIDAD DE VERANO DEL RINCÓN DE ADEMUZ

 

Josep Montesinos i Martínez

Universitat de València

 

Hemos tenido la oportunidad de participar en la I Universidad de Verano del Rincón de Ademuz.  Organizada por la cátedra de Participación Ciudadana y Paisajes Valencianos, de la Universitat de València[1]. Nuestra colaboración versó sobre:  De la descampesinización controlada a la gentrificación. En busca del primer patrimonio del Rincón de Ademuz.  Una aproximación al proceso de abandono rural desde la segunda mitad del siglo XX, sus consecuencias, la realidad actual con los peligros correspondientes de desertificación demográfica, usos insostenibles, gentrificación, destrucción del medio…

1.El Rincón de Ademuz según Cavanilles, 1797

Un fenómeno socioeconómico hoy en auge es el del turismo. Pero en ese sentido debemos ser también precavidos y ofrecer un producto sostenible.  Puesto que siguiendo las palabras de Buades, Cañada y Rincón, 2912 en su trabajo El turismo en el inicio del milenio. Una lectura crítica a tres voces: “Pero  como también  hemos  señalado,  el  turismo  se  ha  caracterizado  más  por  dañar  ecosistemas, malbaratar recursos naturales, mercantilizar expresiones culturales,  crear marcos favorables para la corrupción y vulnerar derechos laborales, que  por lo contrario”

3.El conocimiento tambien se hace desde el entorno local y comarcal

 

Pero también incidir en las múltiples realidades positivas de este entorno territorial: paisajes, recuperación agrícola, usos medioambientales, calidad de vida, personalidad propia. Insistíamos al igual que lo hacíamos en nuestra anterior colaboración en Serranos y Rurales que el primer patrimonio de nuestras comarcas son sus habitantes y todo lo que no vaya tendente a la mejora de la calidad de vida de los mismos no ofrece una política efectiva contra la desertización tanto humana como del paisaje.

 

También es de destacar el trabajo desde la localidad y la comarca. Esfuerzos por investigar, por difundir, por encontrar alternativas… Que llevan a cabo personas individuales, pero también colectivos, asociaciones culturales, asociaciones de empresarios, de agricultores, grupos ecologistas…

4.UVRA 2017

4.UVRA 2 2017

Coincidieron estas jornadas universitarias con la celebración en Huesca del II Congreso Nacional de Despoblación en el medio rural, de la  Federación Española de Municipios y Provincias, donde trataban estos temas e intentaban encontrar soluciones a través de la acción desde la política y demás esferas de la sociedad. Acciones desde el punto de vista institucional, económicas y de empleo, de los servicios públicos, de infraestructuras, comunicaciones y transportes, de vivienda, demográficas, comunicativas e identitarias.  Todos tienen claras las acciones a realizar no hay más que ver las conclusiones, pues en ese foro están representados los gobiernos locales y por tanto la presencia de diversos grupos de todo el abanico político. Pero a la hora de la realidad pocas se llevan a cabo. ¿Porqué si los políticos están de acuerdo no se llevan a efecto? En nuestra opinión habría que:

-Creerse el proyecto.

-Reflejarlo en los presupuestos del Estado, de las Comunidades Autónomas, de las entidades locales. La única revolución pasa primero por la asignación presupuestaria, si no es así se queda en puro posicionamiento estético o de buena voluntad.

-Realizar una buena gestión de lo diseñado (Estado, Comunidades Autónomas, Diputación, Ayuntamientos, Sociedad)

-Con la participación de la política, la economía, la Academia, la sociedad.

2.La Universidad en Ademuz

Fueron, las de Ademuz[2], cuatro jornadas intensas donde se mostraron y debatieron temas diversos que afectan al mundo rural, conferencias y talleres (un total de 15) distribuidos en cuatro grandes bloques: Paisaje y salud, Paisaje rural: emprendimiento y desarrollo local, El futuro del medio rural valenciano, y un módulo Innovación docente (módulo para profesorado de secundaria y bachiller). También a lo largo de los días se desarrollaron actividades lúdico-culturales como conciertos y observaciones astronómicas.

Es importante el establecimiento de sinergias entre la sociedad comarcal, la política, la academia, los investigadores e interesados en que este paisaje vital de nuestras comarcas se vea enriquecido y camine hacia el futuro.

 

[1] La cátedra está dirigida por el Dr. Emilio Iranzo, https://www.catedrapaisajevalenciano.es/es/ Dentro de la política territorial del Vicerrectorado de Participación y Proyección Territorial de la UV.

[2] http://www.uv.es/uvweb/vicerrectorado-participacion-proyeccion-territorial/es/actividades/jornadas/jornadas-actuales/1-edicion-universidad-verano-rincon-ademuz-1285934275279/GaleriaCult.html?id=1286005653378

 

¿PERO QUIENES SON LOS PIRÓMANOS?

La Calderona en llamas. Un incendió que parecía controlado pero el fuerte viento ha impedido un rápido desenlace . Más de 1.400 hectáreas se han quemado… y falta una valoración global de los daños.

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La Calderona. Foto Las Provincias

De pequeño recuerdo en el pueblo el repicar de campanas en verano que adelantaban algún mal acontecimiento.

Corre chiquillo, ves a casa que hay un quemao.

Eran años en los que el voluntariado no existía y la guardia civil iba por los pueblos afectados reclutando hombres mayores de edad para ir a intentar controlar el fuego. Eran años del Icona, eso de las transferencias autonómicas no existían. El forestal era la autoridad y coordinaba los efectivos de la mejor manera posible.

De más mayor recuerdo los veranos trabajando en Icona. Dias al sol componiendo paredes de piedra a modo de puzzle para evitar erosiones en los barrancos en forma de diques. Era la manera que tenía un estudiante de no cargar la economía familiar durante el largo curso escolar. El tío Pillín me enseñó a buscarle la cara a las piedras. Este trabajo en los barrancos lo compaginábamos con el de repoblar con pinos las laderas casi desiertas. Plantábamos pimpollos en unas marcas que previamente habían hecho no recuerdo como. Esto era lo que ahora llamamos reordenamiento forestal.

Hace dos semanas hice una bonita excursión. Cogí la moto y marché de Alcublas a Chulilla, de allí a Sot de Chera, Chera, Requena, Utiel, Benageber, pantano, Tuejar, Chelva, Calles, Losa del Obispo, Villar del Arzobispo y de nuevo a Alcublas. Os la recomiendo: la Serranía en estado puro. Pero a medida que me adentraba en zonas forestales la belleza se convertía en vergüenza. Las nieves de este invierno han dejado un panorama desolador, árboles caídos, otros tronchados, ramas secas, etc. Un perfecto caldo de cultivo o pólvora para hechos como el de la Calderona. Luego vendrán que si la mano del hombre…

De pequeño no se estilaba el reordenamiento forestal. Es más, se repoblaba con el denostado y poco glamuroso pino y no se tenían en cuenta las especies autóctonas. De pequeño los pastores entraban al monte y contenían la exuberancia del matorral. ¿Y ahora?

Ahora hay congresos forestales, técnicos en reordenamiento forestal, unidades del ejército (UMA), mientras que mi amigo Primitivo el forestal de Icona ya se jubiló. Y el monte está peor. La ecuación de incendio igual a cambio climático más despoblación rural se cumple a rajatabla. Gobiernos pasados, presentes y posiblemente futuros no hacen nada para evitar los grandes incendios. Luego la culpa es de quien enciende la cerilla. Pero, ¿qué grado de culpa tiene quien no pone las medidas adecuadas para que ésto no suceda?

La mano del hombre… ¿pero quién es el pirómano?

Enrique Domingo

 

SON MUCHAS PERSONAS DOSCIENTAS CINCUENTA MIL.

… a la solana –  Ezequiel Castellano (Coordinador del CELS) 

Este fin de semana pasado han finalizado las trovadas de escuelas en valenciano en las que sumando todas las ediciones, se ha obtenido una cifra global de un cuarto de millón de personas las participantes de la misma, a pesar de los obstáculos que la caverna ideológica pretende poner para que este país no pueda vivir en libertad.

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Xarxa Jove en Ademuz (Foto MasTuria)

Estos encuentros son espacios de convivencia y una invitación a participar y a sumarse desde el respeto, la diversidad y la interculturalidad; tres puntos estos que no suelen practicar aquellas personas que han decidido situarse fuera del decreto de plurilingüismo y hacer todo lo posible para que no se aplique.

Un año más, la primavera valenciana que supone estos encuentros, ha contado con el apoyo de las instituciones públicas y ello es motivo de celebración, puesto que durante los últimos 20 años anteriores, el gobierno valenciano y sus acólitos, dieron la espalda a este movimiento voluntario de personas.

Desde la perspectiva de las comarcas castellanoparlantes, hemos de ver con amplitud de miras esta actividad e incluso, deberíamos aprender a promocionar un  movimiento parecido para que los más jóvenes de la Serranía, el Rincón de Ademuz, el Alto Palancia, Utiel – Requena, Hoya de Bunyol, Calle de Cofrentes, Canal de Navarrés, el Vinalopó y el Bajo Segura, valoraran en su justa medida el valor que tiene para nosotros el valenciano.

Sinceramente, no descartaría la posibilidad de participar en las “trobadas” de las comarcas vecinas, pero además, deberíamos poner en marcha encuentros similares. En este sentido, debemos aplaudir la iniciativa de los programas clave de la estrategia Valenciana de la Juventud, gracias a los cuales se ha comenzado a crear políticas de juventud, al menos entre la Serranía y el Rincón de Ademuz.

Un programa que tras meses de trabajo entre la técnico de Xarxa Jove (Sandra Antón) y los tomadores de decisiones políticas de los municipios (técnicos mancomunidad, AEDLs, alcaldes y/o alcaldesas, concejales y personal docente) hicieron posible que el 11 de abril, unos 83 jóvenes de ambas comarcas se reunieron en Ademuz para pasar una jornada de aprendizaje y puesta en valor de nuestro territorio.

Los jóvenes trabajaron de forma colaborativa y coordinada para mostrar lo mejor de sus municipios, analizar las Dificultades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades que ofrece el área y extraer ideas sobre el futuro de ambas comarcas.

Tras ocho meses de andadura del programa Xarxa Jove, se ha hecho evidente que el trabajo en red y la colaboración de los municipios es primordial para obtener resultados positivos, y más aún en temas de juventud, un tema tan transversal y a priori tan poco visible en los municipios que forman parte de las comarcas del interior.

He sabido que durante estos días se va a valorar este proyecto y no se debe tener ni una sola duda sobre su bondad. Los habitantes de estas comarcas del interior del País Valenciano hemos estado olvidados demasiado tiempo y va siendo hora de paliar políticas tendentes a la consolidación de la población actual. No nos podemos permitir más sangría en el éxodo de los más jóvenes. Ellos son los que han de afianzar la supervivencia en este territorio.

DESPOBLACIÓN, GENTRIFICACIÓN Y FUTURO EN LA SERRANÍA

Josep Montesinos

“Estamos concentrando nuestros esfuerzos y recursos hacia la construcción de ciudades para invertir en lugar de ciudades para vivir. La satisfacción humana se mide en dinero.”  Estas eran las palabras entresacadas de una entrevista a  David Harvey, catedrático de Antropología y Geografía de la City University of New York (CUNY). No tenemos grandes ciudades en nuestra comarca, pero sí la frase puede servir, en parte, para mostrar la situación actual de la Serranía.

1. Disponemos de variados paisajes caracteristicos. Foto Josep Montesinos

Disponemos de variados paisajes característicos. Foto J Montesinos

El abandono secular se estas tierras, la falta de servicios, problemas de movilidad y transporte, cierre de escuelas, despoblación… El modelo neoliberal en el que estamos, supone para estos espacios la etiqueta de ‘no competitivos’ y por ello abandonados a su suerte en esta carrera por el ‘beneficio’.  No obstante ¿puede ser apetecible en algún momento la inversión? ¿? hasta qué punto la inversión externa en la búsqueda de beneficio puede mejorar las condiciones de la comarca?

2. Ruina. abandono y despoblación. Foto JM

Ruina, abandono y despoblación. Foto JM

Una de las soluciones que se ha estado brindando es la inversión en turismo. El turismo es nuestra primera industria a nivel estatal y también puede ser un atractivo para nuestras tierras que gozan de un magnífico entorno medioambiental y patrimonial. Pero evidentemente el monocultivo turístico no es ni con mucho la panacea que lo solucione todo. Y en muchas ocasiones la insostenibilidad del modelo turístico hace que se esté analizando el fenómeno en muchas ocasiones desde una perspectiva negativa (véase lo que está sucediendo en Barcelona, Venecia, nuestras costas…), donde la masificación expulsa a los habitantes al aumentar los precios, destrucción del paisaje, iunsostenibilidad en definitiva del fenómeno. El turismo como monocultivo supone a corto plazo cambios sociales, patrimoniales, económicos en unas tierras orientadas solo para el disfrute de los turistas. Un parque temático carente de vida.

3. La Serranía conserva rincones recónditos de paz y belleza. Foto JM

La Serranía conserva rincones recónditos de paz y belleza. Foto JM

El concepto de gentrificación surge en Gran Bretaña en los años sesenta del siglo pasado, definido por Ruth Glass como: “el proceso por el cual la alta burguesía urbana (urban gentgry) ocupaba y transformaba barrios pertenecientes a la clase trabajadora”. En realidad se trata del poder de cualquier grupo con recursos superiores que consigue expulsar y ocupar espacios de comunidades locales de un determinado lugar. Nuestros pueblos cada vez menos habitados, las aldeas, las casas de campo abandonadas pueden resultar sumamente atractivas para la inversión extranjera y el asentamiento de personas de otras nacionalidades, con precios muy competitivos en comparación con el resto de Europa. Este fenómeno que se ha venido dando en zonas especialmente costeras, pero también de interior (Valle de Ayora, por ejemplo). ¿Es ese otro modelo a apuntar para nuestras tierras? Volvemos a lo indicado más arriba: parque temático, desaparición de la población autóctona, ruptura de la memoria histórica, de los usos y costumbres.

4. Un rico Patrimonio a investiga,restaurar ,conservar y disfrutar. Foto JM

Un rico patrimonio a investigar, conservar y disfrutar. Foto JM

En una reciente entrevista a Sergio del Molino, autor del libro: La España vacía. Viaje por un país que nuca fue, decía: “No hay solución para la despoblación, pero hay que dar respuesta a los que aún viven ahí”. No estamos de acuerdo en la primera parte de la aseveración, pero sí en la segunda. Hay solución a la despoblación, fundamentalmente con que sus habitantes tengan un trabajo que permita una vida digna en el aprovechamiento de nuestra propia realidad en primer lugar: agricultura, aprovechamiento del bosque, ganadería, industria agroalimentaria, industrias sostenibles… , en que exista una buena red de comunicación, en escuelas en nuestros pueblos (quitar la escuela a una localidad es el principio del fin, y que no digan que es un tema económico pues no quiero hablar de algunos aeropuertos, AVEs, autopistas…), asistencia sanitaria…

La segunda parte de la frase habla de ‘dar respuesta a los que aún viven ahí’. Es de ley y justicia, los habitantes de la Serranía pertenecen a una Comunidad Autónoma, a un Estado, a una Unión Europea, en idénticas condiciones que el resto de los habitantes de esos espacios. El primer Patrimonio de un entorno son sus habitantes. En este momento desde las Administraciones Públicas se está volviendo los ojos hacia estos espacios cada vez más despoblados. Es por ello que lo primero que hay que pensar y dar soluciones a los problemas de sus habitantes. Es al mismo tiempo evidente la falta de inversiones públicas, las primeras que deberían aumentar.

5. El primer Patrimonio son los serranos y las serranas (Foto Archivo Vicente Llatas)

El primer patrimonio son los serranos y las serranas. Foto Archivo Vicente Llatas

La Serranía no debe ser el vertedero de la zona urbana costera. Tampoco soy, en absoluto, partidario de convertir la Serranía en un espacio exclusivo para el disfrute de los ‘urbanitas’, donde el vacío poblacional está cada vez más extendido, donde la memoria histórica se pierde con la desaparición de la población local.

 

El presente y el futuro no depende solo de la Administración, también y especialmente las acciones locales y comarcales que deben ser el motor del futuro. Partir de las propias característica locales y comarcales, ver los aspectos positivos, el camino de un crecimiento sostenible, a la colaboración mediante acciones conjuntas. La articulación comarcal es necesaria para compartir, generar, posibilitar servicios, para funcionar como un espacio común y de relación.

La Serranía no debe ser solo un lugar para visitar, sino un espacio para vivir.

 

  • Josep Montesinos i Martínez es Professor Titular d’Història de l’Art, Fac. Geografia-Història de València.

SERRANÍA SIGLO XXII

Amparo Roger. Chelva

Existen muchas formas de transitar por la vida. Hay quien solo mira el ahora y el momento y mañana “Dios dirá”. Los hay quienes son previsores y ponen las bases para vivir un futuro que puede ser distinto al imaginado.

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Ahillas. Foto Juan Antonio Fernández

De algo similar trata una canción de Silvio Rodríguez (<<Fábula de los tres hermanos>>) en la que se cuenta que un hermano andaba por la vida mirándose a los pies; el segundo siempre miraba lejos y el tercero miraba hacia adelante y hacia atrás.

Para saber cómo acabaron los hermanos, os invito a escuchar la canción.

Cuando pienso en la Serranía me acuerdo de la fábula de los tres hermanos: ¿es mejor mirar el ahora y tratar de solucionar los problemas inmediatos?; ¿miramos al pasado y con el pasado reconstruimos el futuro?; o ¿miramos sólo hacia un futuro lejano?

Esta reflexión es necesaria hacerla porque mientras nos preocupamos del futuro inmediato ya se está teorizando sobre lo que será el siglo XXII, el siglo de la robotización.

Los grandes desafíos sociales que puede traer como consecuencia esta nueva revolución (no sé si llamarla así) industrial está obligando a anticiparse a un futuro que ya está llamando a las puertas.

Si los grandes planificadores están pensando ya en futuro y volviendo a la fábula de los tres hermanos, ¿hacia donde debemos mirar?

¿Miramos los problemas inmediatos?

¿Nos recreamos en el pasado pero sin perder de vista el futuro? o ¿planificamos la Serranía del siglo XXII?

LAS VOCES DE LA RESISTENCIA RURAL

Alfons Cervera- eldiario.es

De la mano de Paco Cerdà y su libro ‘Los últimos. Voces de la Laponia española’, Alfons Cervera recorre algunos de los lugares menos poblados del interior de Valencia, la Serranía y el Rincón de Ademuz.

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Aras de los Olmos

El paisaje siempre será un territorio moral. Lo que allí vive. Todo lo que se mueve. Hasta las piedras que surgen de millones de años atrás. Siglos y más siglos que nos llevan a lo que el periodista valenciano Paco Cerdá llama la paradójica belleza de la despoblación. Acaba de publicar un libro de lectura inexcusable: Los últimos. Con un subtítulo añadido muy esclarecedor: Voces de la Laponia española. Cuidadosamente editado por Pepitas ediciones. Lo tengo aquí, al lado de otros libros, ocupando un lugar privilegiado entre todos los demás. He ido desde hace días de un sitio a otro de este itinerario que abruma por los kilómetros recorridos y sobre todo por ese vacío que va ocupando lentamente, con pulso de maestro, las páginas que lo cuentan. La Laponia española. La periferia de las periferias. Rincones casi clandestinos en las provincias de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló: “menos de ocho personas por cada 140 campos de fútbol”. La hostia. El desierto. Ese vacío que antes les contaba. Y a pesar de eso -como también decía- la belleza que sigue persistentemente en esos sitios, como una liebre agazapada lejos de los disparos que intentan abatirla sin miramientos de ninguna clase.

El libro de Paco Cerdá no es sólo un libro. La verdad es que ningún libro es sólo un libro. Pero Los últimos es lo más de lo más. La vida lo cubre todo, aunque sea una vida aislada del resto del mundo, tan aislada que a ratos es como si la vida y la muerte, en su sentido más filosófico, fueran juntas a todas partes, de la mano, como cuando alguien se enamora de alguien o de algo y ya no quiere soltarlo aunque pasen cien años, como dicen los boleros. Un día me llamó Paco y me contó su proyecto. Hace unos meses. Quería visitar el Rincón de Ademuz y la Serranía. Las tierras de interior. Las que no salen en los mapas. Las del olvido, como dice en el libro Toni Gómez, que un día se cansó de su trabajo administrativo en Sedaví y se volvió a Castielfabib, su pueblo del Rincón. Y habla y habla del abandono a que a estas tierras de interior someten los políticos. Mucha Fórmula 1, mucha Copa América y mucho Palau de les Arts pero aquí arriba sólo nos traen la mierda. Lo de la mierda lo dice a su manera, entre la rabia y la resignación que no es resignación sino esa forma primaria que la gente del monte tiene de asumir y refugiarse de las tormentas. O como Josefina, que volvió de su periplo en Sabadell y se casó con Domingo, natural de Arroyo Cerezo, y allí vive: “la gente va donde le dan teta, y esto me parece que no tiene futuro”. El vacío. Los desiertos. Pero también la pasión de vivir en esos sitios y no en otros diferentes. La pasión, también. Una palabra que no recuerdo si sale en el libro pero que encontramos en todas sus páginas y en sus protagonistas. La decisión de vivir ahí y no en otros lugares que sí que salen en los mapas.

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El maestro de escuela Paco Moreno

Con Paco Cerdá recorrimos las calles de Aras de los Olmos, el último pueblo serrano antes del Rincón. Y hablamos con el maestro de escuela Paco Moreno. Conozco a Paco desde hace no sé cuántos años. Llegó a Aras de maestro desde San Clemente, su pueblo de Cuenca. Y allí se quedó. Llevaba a los críos a recorrer los montes, el método Freinet de la enseñanza, cómo la gente de Aras lo miraba al principio de reojo. Ahora es uno de los más entendidos en el cultivo de la almendra, del secano en general. Se jubiló y sigue en el pueblo. Un pozo de sabiduría, si me permiten ustedes ponerme un poco cursi. Un deslumbramiento para Paco Cerdá cuando conoció al hombre de la boina, que es para él un símbolo de quienes habitan, físicamente y desde su conciencia de resistentes, los crueles inviernos de tierra adentro. Y un poco antes, en la plaza, Manolo Cubell, Noli para los amigos, que fue alcalde de Aras y ahora alguacil, nos cuenta la historia centenaria del olmo que da nombre al pueblo. Lo cortaron por una enfermedad. Y la gente lloraba ese día como si la estuvieran dejando sin una parte importante de su propia vida.

Vuelvo al principio de este recorrido por la belleza de la despoblación. No sé si hay futuro o no para esta Laponia celtibérica. Lo que sé es que sigue habiendo gente que, a pesar de los cantos de sirena que llegan de un futuro inexistente fuera de nuestra tierra, hemos decidido vivir aquí en vez de en esos otros sitios donde prometen engañosamente atar los perros con longanizas. Como no supiéramos que en ningún sitio atan los perros con longanizas.

Y acabo este itinerario -acompañado por Los últimos, ese libro imprescindible- con las palabras de Juanito, uno de los diez o doce habitantes de Sesga, aldea del Rincón de Ademuz. Tiene setenta y siete años. Sólo salió de aquí para hacer la mili en Ceuta. Sus hermanos se fueron a Francia y el Port de Sagunt. Pero él ya no se movió de Sesga. Y no titubea ni un segundo para decir lo que dice: “Yo nunca me he ido. ¿Valencia? Me gusta mucho, pero yo no soy para estar bajo amo. No soy para trabajar en un sitio del que te despachen por llegar tarde y adonde no puedes ni hacer la siesta. No, en amo no. Yo aquí he estado siempre libre”. La libertad que siempre será lo que intuyamos al final de una resistencia que nadie ni nada nos va a arrebatar nunca. Somos ocho habitantes por cada 140 campos de fútbol. Salimos a pocos messis por kilómetros y kilómetros de monte. Pero aquí seguimos. Lejos de esa política -de izquierdas o derechas, qué importa en este caso- que nos quiere vender, como si aquí nos chupásemos el dedo, la moto escacharrada de un futuro para el mundo rural que sólo existe en sus proclamas electorales. Y después de esas proclamas, nada, absolutamente nada. Que esos políticos -de izquierdas o derechas, qué más da- sepan que nosotros sabemos la diferencia que hay entre lo que prometen sobre lo rural y lo que luego hacen. Que lo sepan al menos. Que lo sepan.