CUANDO NO PODREMOS MÁS, PODREMOS CON TODO

… a la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

Se ha de plantear el futuro en positivo y, es por esta razón, que las personas que estamos actuando a favor de nuestra comarca, procuramos ver siempre el vaso medio lleno o, bastante lleno. Una actitud positiva ante las cosas y ante la vida, nos hace creer en una comarca, la nuestra, que dispone de grandes potenciales.

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Acueducto Los Arcos, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Unos grandes potenciales, la mayor parte de ellos sin desarrollar, debido al consuetudinario olvido que estas tierras y estas gentes han padecido en los últimos ochenta años. Primero debido al golpe de estado  franquista que dejó a demasiadas personas en las cunetas y los barrancos; más tarde con su represión de cuarenta años, que sumió en el olvido y en el silencio a demasiada gente y, últimamente, con una democracia trasnochada, herencia del dictador, que lo dejó atado y bien atado con el Borbón.

Por las referencias que nos remiten los serranos y serranas con residencia en Cataluña, sabemos que, aquel pueblo puede volver a abrir la puerta de una democracia más consolidada. Ya lo hizo durante los últimos años de la dictadura con las manifestaciones multitudinarias en las que se pedía, “libertad, amnistía y estatuto de autonomía” y, ahora, vuelve a protagonizar la vida política peninsular con el “volem votar” y “no tenim por”.

Asistimos, desde la comarca de la Serranía del Turia, a un nuevo amanecer en el que, las reivindicaciones de los pueblos, vuelven a resurgir con cierta fuerza y, por ello, conviene que nuestros políticos más próximos –el gobierno valenciano sin ir más lejos—procure atender las de nuestras gentes.

Necesitamos atención sincera, no atención a distancia. Hace falta que los planes para esta comarca sean eficientes y eficaces, sin recovecos, dinámicos y que se presenten en cualquiera de los pueblos de nuestra comarca (no es necesario presentarlos en la Eliana) la Serranía dispone de buenos marcos para cualquier cuadro que se quiera pintar.

Resulta imprescindible atajar la fuga de población y cauterizar el envejecimiento de esta comarca valenciana, abocada al precipicio de la inanición cultural, social, económica e incluso política. No es la primera vez, ni será la última –por desgracia—que acentuamos esta realidad. Nuestra comarca está “tocada” y bien tocada.

Cada día con mayor frecuencia, nos sentimos la Laponia valenciana. Con unos transportes de pena que fomentan la utilización del vehículo privado y, quien no disponga de el por edad o por otra circunstancia, se ve obligado a invertir cuatro veces más tiempo para resolver cualquier “papeleo” o acudir a los especialistas médicos.

Con una nula atención al desarrollo del monte y de nuestra agricultura, anclada en los años setenta del siglo pasado y sin posibilidad de engancharla al tren de la ecología y del respeto a la tierra, por falta de atención y de proyecto de gobierno.

Un total olvido de nuestros jóvenes, los catapulta hacia el abandono de los pueblos, puesto que los proyectos como nuevos emprendedores, se topetan contra la falta de Internet, los cortes frecuentes de corriente eléctrica y el inmovilismo de una sociedad que, con demasiada frecuencia, suele interpelarlos con el clásico y conocido “ande vas tu?”.

Ahora que se mueven aires de primavera y que un nuevo amanecer apunta en el horizonte político, siempre y cuando el Estado no equivoque el sentido de la marcha con mayor represión y con más policía, es el momento de hacer ver al gobierno valenciano la necesidad de actuar sobre estas tierras y estas gentes que necesitan de su atención de manera conjunta y no mediante dos mancomunidades que van a su bola. En la unidad y la cohesión está la fuerza, pero siempre nos han querido disgregados.

En esta comarca vivimos poca gente, pero nuestra diáspora nos hace más grandes y más fuertes. Ha llegado la hora de las tierras de interior porque, puede pasar que –como dice el poeta de Burjassot—cuando no podamos más, será el momento en que lo podremos todo.

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AFIANCEMOS EL TALENTO JOVEN DE LA SERRANÍA

Un objetivo básico para nuestro futuro como serranos es relanzar la Marca de Calidad Territorial común para toda la comarca, homologada por la Marca de Calidad Territorial Europea (“Calidad Rural”) e incorporada a dicha red, basada en la calidad económica, social y medioambiental de este territorio, reforzando su identidad y sentido de pertenencia.
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Recientemente he leído que una joven posgraduada en Educación Social ha presentado un proyecto de creación de viviendas tuteladas en Andilla. Ante la imposibilidad de una residencia de tercera edad optan por esta solución para una atención digna a sus mayores. Todo un claro ejemplo del aprovechamiento del talento joven de la Serranía. Ello me ha hecho pensar que afortunadamente surgen buenas ideas, aunque de manera aislada, pero cuesta mucho que aparezca algún proyecto puramente comarcal.

Ahí es donde entra el afianzar el concepto de Calidad Territorial como aspecto aglutinador para el desarrollo equilibrado y armonioso de nuestra comarca.

Una Calidad Territorial que abarque todos los ámbitos en los que sobresalimos en la Serranía: desde lo agroalimentario hasta el turismo. Por hablar de turismo, es una pena que todavía sean una minoría los establecimientos que cuenten con algún tipo de marca o figura de calidad y, por tanto, es evidente que queda mucho por hacer en el sector turístico de la Serranía para ganar en una mayor calidad y atractivo. En nuestra comarca la materia prima existe en abundancia para ofertar buenos productos de turismo variados y de calidad: rural, cultural, naturaleza, aventura… Sin embargo su comercialización es la gran asignatura pendiente. Y ésta podría mejorarse bastante si existiera una cierta estructura organizativa comarcal, no burocrática, que aglutinara al empresariado del sector para así poder presentarse ante los consumidores de manera más eficiente y coordinada, teniendo en cuenta lo globalizado y competitivo que se presenta el mercado turístico en la actualidad. Por no hablar de nuestros productos agrícolas y nuestra gastronomía.

Los jóvenes tienen que tomar la iniciativa. Como suele decirse, la unión hace la fuerza…

LA SERRANÍA Y LOS PLANES DE TURISMO

Rosa Molins Ten,

Técnico en Turismo

El pasado 12 de septiembre se celebró en L’Alcúdia un congreso organizado por la Universitat de València y la Agència Valenciana del Turisme cuyo eje central fue el dar a conocer y debatir las diferentes estrategias para el desarrollo turístico territorial valenciano. Estrategias planteadas tanto desde la administración como desde el sector turístico.

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El Congreso resultó novedoso en cuanto a que reunió a todos los participantes de los diferentes Planes de gobernanza y dinamización turística que hay en marcha en estos momentos en la Comunitat Valenciana con la idea de, -creo yo-, contribuir a abrir la mente a otras estrategias, a otras maneras de trabajar, a mirar a nuestros vecinos y en ocasiones a aprender de ellos. Estos planes persiguen que el turismo sea uno de los motores económicos que contribuya a dinamizar el territorio mediante la implantación y desarrollo de estrategias y actuaciones turísticas, e involucran económicamente a diferentes administraciones; la municipal, a través de mancomunidades o asociaciones de municipios, la provincial, de mano de los Patronatos Provinciales de Turismo y la autonómica, a través de la Agència Valenciana del Turisme. Y es en esta triple participación donde se enmarca el otro objetivo de los planes: la gobernanza colaborativa* ya que también se incluye al sector privado en la planificación turística.

*Gobernanza: Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.

Además, se presentaba una útil herramienta elaborada por la Universitat de València en forma de guía para la elaboración de planes de desarrollo territorial turístico. Un material elaborado y pensado para facilitar la toma de decisiones de todos aquellos que participan del desarrollo territorial turístico (ayuntamientos, mancomunidades, técnicos municipales, ADLs, etc).

Volviendo a los planes antes mencionados, nueve en total, por ahora, se vio cómo cada uno de ellos había desarrollado una diferente estrategia a la hora de abordar actuaciones para el desarrollo turístico.

Uno de los planes que está en marcha es el de la Mancomunidad del Alto Turia, formada por cinco municipios de la Serranía (Aras de los Olmos, Titaguas, Benagéber, Tuéjar y Chelva). Pocos, a mi parecer.

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Camino del Silencio, Benagéber

La gerente del Plan, María Zúñiga, describió brevemente las actuaciones impulsadas desde que se puso en marcha (entre otras la señalización de una ruta Btt que recorre los diferentes municipios, la ruta el Camino del Silencio en Benagéber, el diseño del “Parque de los sentidos” en Benagéber y que tiene por objeto ser un recurso adaptado y accesible, o la puesta en valor del refugio antiaéreo en Chelva).

En definitiva, actuaciones, entre otras diferentes más dirigidas a la realización de eventos o a la promoción turística, que persiguen ubicar el Alto Turia entre los destinos turísticos del interior valenciano.

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Refugio Antiaéreo Chelva. Fuente: ValenciaBonita.es

 

Del congreso extraigo varias conclusiones, obvias, pero no por ello menos importantes:

  • El desarrollo turístico de nuestras comarcas del interior pasa sí o sí por la colaboración de todos los municipios que forman la unidad territorial más lógica (histórica, comarcal o paisajística), de modo que se sumen las ofertas de cada uno de ellos y así se consiga crecer y hacerse un nombre como destino turístico; estoy pensando en el Matarraña o en la Garrotxa  o en el Maestrazgo turolense como referentes de destinos turísticos identificados por todos nosotros.
  • No todos los municipios tienen que optar por el turismo, no todos son turísticos, pero a veces son necesarios para reforzar a otros que sí que lo tienen como principal actividad.
  • Los planes y estrategias deben pensarse bajo la premisa de la sostenibilidad en el tiempo.
  • Para impulsar el desarrollo rural se deben aprovechar todos los recursos financieros que se pueda pensando en estrategias que trasciendan cada uno de los sectores económicos.
  • Para llevar a buen puerto las estrategias turísticas es necesario contar con la colaboración e implicación de la población (la que reside de continuo pero también la que sólo lo hace en periodos vacacionales), y también con el tejido asociativo y económico del municipio, aunque sean sectores ajenos al turístico.
  • Se debe involucrar al sector turístico de los municipios en la planificación turística y acompañarles en el cambio hacia las nuevas demandas.
  • Y, esto es importante: por parte de las administraciones: NO CREAR FALSAS EXPECTATIVAS.

Y entraríamos de lleno en cómo planificar actuaciones que se conviertan en productos turísticos atractivos ( si señalizamos senderos, pensemos en que se han de mantener, estudiar la capacidad de carga, la fragilidad de los espacios naturales por donde discurran,… que promuevan el consumo y gasto en las poblaciones, …)

Y por último una aportación de uno de los ponentes y una afirmación en la que creo firmemente: el turismo debe servir para mejorar la vida de la población rural.

Rosa Molins es Técnico en Turismo y trabaja en la Agència Valenciana del Turisme.

LA DIFÍCIL DICOTOMÍA DE LO RURAL

Estamos en unos días del “sálvese quien pueda” en nuestro pueblos. No hablamos de que atravesemos dificultades (que las hay para todos los gustos), sino del abandono de manera apresurada de los pueblos serranos tras la ventana vacacional.

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GESTALGAR. Foto M. Ibáñez

La mal llamada normalidad vuelve a la Serranía. Ha habido una convivencia -en ocasiones difícil- entre “veraneantes” y “habituales”. Son dos mundos tan diferentes que intentar convivir durante unos días al año nos hace ver la antítesis existente entre lo rural y lo urbano. Días atrás leía un artículo de Luis Antonio Sáez (director de la Cátedra contra la Despoblación de la Universidad de Zaragoza) en el que hablaba de equiparar la calidad de vida. Hacía una reflexión tan interesante como retadora, sobre lo que se gana y se pierde por vivir en un pueblo: “Si te da un ictus en Mosqueruela (Teruel) tardarás más en llegar al hospital, pero la probabilidad de morir por contaminación es más elevada en las grandes ciudades que en el Sistema Ibérico español, donde la cifra de centenarios iguala a la de Japón”, precisa y añade: “Ganas en una cosa y pierdes en otra, lo que no hay que hacer es prometer todo”.

Efectivamente, siendo realistas ganas en cosas y pierdes en otras, ahí está la capacidad para elegir la opción mejor de cada uno. El todo no existe. Por ello deberíamos marcarnos como prioridad no el recuperar población como eje central de actuación, sino el mejorar y facilitar la calidad de vida de los que han decidido seguir viviendo en el pueblo.

“Todos necesitamos trabajo y lo económico es importante, pero hoy en día haría más hincapié en otra cosa; los políticos van a lo tangible, al empleo, a infraestructuras, cuando muchas veces es más importante la vida cultural o la ley de dependencia” en el medio rural. En este sentido, sostiene que un maestro en una escuela, una guardería, conexión a Internet o una asociación cultural, es decir el “compromiso de una serie de personas”, dinamiza más un territorio que un polígono industrial, porque crea un clima de pertenencia. E insiste en la idea de que el ciclo de la vida es largo, planteando la opción de salir en la juventud y volver en una etapa más.

ME PREOCUPAN NUESTROS JÓVENES

… a la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

El segmento de población entre los 14 y los 30 años, constituye una parte importante del conjunto de la sociedad y por ello, merecen nuestra atención y el de las administraciones públicas, si queremos verlos entrar en la vida adulta sin tener que pasar por diversas intoxicaciones “aculturales”, ideológicas o de credo.

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Festeros LA CATERVA, Alcublas

Pasada la página del verano y vivida la fiesta mayor en muchas localidades de esta comarca, tanto al Centro de Estudio la Serranía como yo mismo, nos preocupa el trato que proporcionamos a nuestros jóvenes desde el punto de vista global. Esta preocupación tiene su principal cimiento en las actitudes que dicho sector muestra de manera general.

Con demasiada frecuencia, en nuestros pueblos existen lugares en los que los jóvenes actúan de manera sectaria y aislada de la realidad, en la que se suelen ingerir cantidades ingentes de bebidas alcohólicas, con todo lo que ello supone.

El futuro de estas personas no puede pasar por la enajenación mental o social provocada por el alcohol o las drogas de mayor o menor efecto físico o psíquico. El futuro de estas personas, ha de pasar necesariamente por su socialización alejada del mundo de la drogadicción en todas sus facetas.

La solución no pasa por la represión policial, sino por otros ámbitos que se han dejado de lado en esta comarca. No podemos seguir justificando actitudes incívicas de nuestros jóvenes con aquella recurrida frase: “estamos en fiestas y, ¿qué hemos de hacer? Siempre se han hecho chiquilladas”.

Lo que pasa es, que las actuales mal llamadas “chiquilladas” rayan, en ocasiones, la ilegalidad e incluso la zona delictiva. Porqué, ¿cómo se ha de considerar el robo de una furgoneta para hacer trompos en la zona donde se apartan? ¿cómo podemos calificar que arranquen de raíz unos plantones? ¿acaso no es un delito el robo de un vehículo o la venta de alcohol a menores?

No quiero ser alarmista, pero estos y otros episodios semejantes, se han vivido y se viven entre los jóvenes de nuestra comarca. Esto pasa porque durante los casi 40 años de democracia, no se ha abordado una política juvenil pensada en el futuro. Nadie ha pensado en abrir espacios públicos para los jóvenes, ni en construir redes de comunicación que les ayuden a madurar.

Nuestros pueblos, por pequeños que sean, han de disponer de un lugar para dinamizar la vida, los intereses y las oportunidades juveniles, de igual manera que disponemos de Hogar del Jubilado o Casa de los Ausentes. De esta manera, los jóvenes podrán acceder a un local de reunión y encuentro, en el que poder programar y desarrollar su vida social e interactuar y facilitar la integración cultural.

Pero también se ha de pensar en la calidad del transporte público entre nuestros pueblos y aldeas. En el siglo XXI resulta inexplicable la incomunicación con la que nos castiga la Chelvana y el gobierno valenciano. En ocasiones, nuestros jóvenes encuentran más fácil pasar un fin de semana en Londres, Copenhague o Ámsterdam, que desplazarse entre Alcublas y Oset en días de fiesta o de encuentro.

Todo ello y otras propuestas que se desarrollan en puntos diversos del territorio peninsular, pueden aplicarse en nuestra comarca, con objeto de sacar a los más jóvenes del aburrimiento y de la tediosa monotonía de tener que vivir sin futuro, abocados a vivir el presente como si no hubiera un mañana, ingiriendo cantidades descontroladas de bebidas alcohólicas o asistiendo a las mal calificadas “chiquilladas” sin ofrecer alternativas.

Las hay; claro que las hay y a poco que se indague, podemos sacar medios para llevarlas a cabo si existiera una voluntad política de mirar por estos jóvenes, que han de ser los ciudadanos de mañana y de pasado mañana.

LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUE

Esta semana hemos leído la noticia de que la Generalitat Valenciana completa la primera fase de adecuación de la base aérea de Benagéber para su uso en extinción de incendios y emergencias.

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La nota de prensa de la Generalitat continua indicando que “ha supuesto una inversión de 221.406 euros, según ha explicado la vicepresidenta del Consell y consellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, Mónica Oltra, durante su visita al aeródromo. En total, la Generalitat invertirá 2,5 millones de euros en las obras de mejora y adecuación de la base aérea de Benagéber.

La vicepresidenta ha recalcado que se trata de “un gran proyecto de la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias que va a dar servicio a la Serranía y a las comarcas colindantes”.

Estas obras de mejora van a permitir que Benagéber se una a los aeródromos que dan servicio a las aeronaves encargadas de la vigilancia y extinción de incendios en la Comunitat Valenciana: Mutxamel, Siete Aguas, Tirig y Enguera, dado que “está en un lugar estratégico, al lado del embalse de Benagéber, y muy valioso desde el punto de vista de masa forestal“, ha indicado Oltra.

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Plano del proyectado aeródromo de ALCUBLAS

Todo ello me trae a la cabeza el proyecto abandonado de aeródromo en Alcublas. Era un proyecto de aeródromo deportivo que bien podría haberse adecuado a otras demandas. Pero el proyecto lo desestimó el actual consistorio: que si falta de presupuesto, que si falta de convencimiento, etc, en resumen, lo que pudo haber sido y no fue. Trescientos mil euros eran los necesarios para que el proyecto de aeródromo en Alcublas viera la luz, y ahora comprobamos que la Generalitat va a invertir dos millones y medio de euros en la base aérea de Benageber. Un aplauso a Benageber y a Rafael Darijo -su alcalde- en particular, por conseguir para su pueblo tamaña inversión que supone un halo de luz positiva de cara al futuro.

Se ha dicho muchas veces que uno de los problemas de nuestra comarca es carecer de un plan de desarrollo a medio plazo, con unas previsiones de lo que queremos que sea la Serranía dentro de 20 años. Alcublas con su proyectado aeródromo tuvo una posibilidad de prever un futuro algo más competitivo, pero se dejó estar. Pero claro, cómo pretendemos tener una visión a medio plazo en temas importantes cuando no somos capaces de solucionar problemas cotidianos como el tener una presión digna de agua en nuestras casas verano tras verano…

 

ESOS PUEBLOS QUE NO SALEN EN LOS MAPAS

Alfons Cervera – el diario.es

Hace unos días, el gobierno valenciano escogió el Rincón de Ademuz para reflexionar sobre sus logros y cuentas pendientes en los dos años de legislatura. Está bien esa elección. Una manera de escribir, en la tierra que se pisa, los planes de futuro para aliviar la despoblación que sufren las comarcas valencianas de interior. El Rincón y la Serranía son posiblemente las dos que se llevan la palma en lo que toca a quedarse cada día que pasa más vacías de gente y de esperanza. Quiero decir vacías de esperanza en el futuro -como apuntan los planes del Consell- pero digo también y sobre todo vacías de esperanza en el presente.

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Casas Bajas (Rincón de Ademuz)

Porque el futuro no existe. Hablar del futuro es una manera de secuestrar el presente, de poner el rábano en los morros del burro para que no lo alcance nunca. Hablar del futuro es hablar de ahora mismo y si no es así es que estamos haciendo trampa con el lenguaje. Las comarcas pobres y despobladas del interior necesitan buenas políticas que las ayuden a sobrevivir en el presente oscuro en que viven, y en el que seguirán viviendo si no se atina eficazmente en las posibles soluciones.

Siempre hubo algo en esas soluciones anunciadas a bombo y platillo que me sigue provocando una miaja de turbación. Las políticas de ayuda a los pequeños pueblos siempre se inventaron pensando en la gente que no vive en esos pueblos. El argumento ha sido tan repetidamente sencillo como inquietante: el turismo como única tabla de salvación. La canción de siempre: que venga gente a los pueblos que han perdido -si alguna vez lo tuvieron- su sitio en los mapas. Se prometían subvenciones que llenarían nuestras calles de un turismo amante de lo rural, de la tranquilidad que se respira en los sitios pequeños, de esa calma que vuela como un pájaro sobre los valles esculpidos en las montañas con el pico y la pala de una ilusión a prueba de la humillación y del cansancio. Lo de siempre: esa poesía cursi que alimenta las versiones silvestres del urbanita que no sabe lo que vale el peine rasposo de vivir en el culo del mundo. Me lo decía hace muchos años el inolvidable Vicent Ventura: “nunca hagas poesía de los pueblos pequeños”. Y tenía razón. En los pueblos pequeños lo que hay que hacer es destripar el falso bucolismo, abrir una brecha en una cultura que ensalza las tradiciones más anacrónicas (a veces crueles) y exponer esas tripas al aire luminoso de la modernidad. Lo rural no es un valor en sí mismo. Lo hemos de poner en valor, más que nadie, quienes ahí vivimos, casi siempre en unas condiciones que rayan la resistencia numantina. El turismo o el nuevo vecindario vendrá cuando quienes vivimos en medio de la despoblación lo hagamos en las mismas condiciones de confort que todos los demás. Y eso es lo que hay que exigir a las diversas instituciones que nos gobiernan.

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Benagéber (La Serranía)

Ahora el Consell y la Diputación de Valencia han hecho públicos a la vez sus encomiables propósitos de devolver a los pequeños pueblos de la montaña la vida que emigró a la búsqueda de otra vida mejor en las ciudades grandes o en el extranjero. Se trata de propósitos que muestran claras intenciones de generosa y justa ayuda a nuestra supervivencia. Esos planes para acabar con la desigualdad y la despoblación de las tierras de interior hablan de “políticas que garanticen empleo, bienestar y servicios públicos de calidad”. Mucho me parece y ojalá que todo -o cuanto más, mejor- pueda llegar a un final feliz más pronto que tarde.

Escribo aquí algunos detalles que ayuden a entender mejor la necesidad y la urgencia de que se implanten esas políticas de salvación puestas en boca de los presidentes de la Generalitat y la Diputación de Valencia, Ximo Puig y Jorge Rodríguez. Ya dije que la única manera de atraer el turismo o conseguir que aumente el vecindario más o menos fijo es que nuestros pueblos dispongan de todas las ventajas que disfrutan los pueblos y las ciudades grandes. No es posible atraer a nadie para un fin de semana o para toda la vida si tenemos en nuestros pueblos dos horas de ambulatorio médico y ninguna desde el viernes hasta el lunes. No es posible atraer a nadie si no hay un puñetero cajero automático donde sacar el esmirriado dinero de las pensiones. No es posible atraer a nadie si las nuevas tecnologías (internet y cobertura telefónica) son como el tam tam de aquella lejana Kukuanalandia que salía en “Las minas del rey Salomón”. No es posible atraer a nadie si los cauces de los ríos están cegados por esos peligrosos cañares que sólo generan podredumbre y que tanto gustan a los de la Confederación Hidrográfica del Júcar (menuda lacra, esa Confederación). No es posible atraer a nadie si las máquinas excavadoras siguen haciendo desaparecer las montañas como si fueran alumnas aventajadas del mago Houdini. No es posible atraer a nadie si la financiación municipal (la gran cuenta pendiente de todas las políticas) no da ni para pagar el sueldo del alguacil y mucho menos para pagar a las brigadas de limpieza o cualquier otro empleo más o menos estable que dependa de las arcas municipales. No es posible atraer a nadie que en plan emprendedor monte un pequeño negocio si los pocos que ya existen sufren cosa mala para sobrevivir. Por eso -y por mucho más- los planes de futuro del Consell y la Diputación de Valencia están llenos de buenas intenciones, pero no sé cuál será su eficacia final si no tienen en cuenta esos detalles aparentemente “insignificantes” que aquejan la difícil supervivencia de nuestros pequeños pueblos del monte.

Y una coda final para que se entienda mejor mi suspicacia cuando hablamos del turismo. No nos hace falta un turismo masificado y depredador al que le importa un pito la belleza del paisaje, un turismo que si pudiera (y a veces puede porque lo dejan) llegaría con el coche convertido en apisonadora al centro mismo de esa belleza, un turismo que limpia la grasa de las sartenes en el río y antes ha lanzado aguas abajo las bolsas de basura llenas de retales de pollo y botellas vacías de cerveza o coca cola. Un turismo que la única cultura medioambiental que ha mamado en su vida es la de la mierda. Tampoco queremos un turismo de ricos, faltaría más. Sencillamente, lo que queremos es un turismo cómplice con el que compartir lo poco que tenemos. Incluidos nuestros sueños.