¡QUÉ SOLICOS ESTAMOS!

Hace unos días, un compañero de trabajo, natural de un pueblo de La Serranía, recordaba con añoranza tiempos pasados, en los que siendo joven llegó a conocer las calles de su pueblo repletas de niños. Apostilló, “el principal problema de La Serranía es su despoblación”.

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Este triste comentario, que evidencia una realidad evidente y objetiva, me ha llevado a recopilar algunos datos para conocer mejor los avatares demográficos de La Serranía a lo largo del tiempo, y en especial conocer cómo ha ido variando su peso poblacional respecto del conjunto de la Comunidad Valenciana. Repasemos un poco el pasado …

Mirando atrás, uno de los censos más antiguos, y menos conocido, del entonces Reino de Valencia, el censo de 1510, confeccionado con motivo de las Cortes de la Corona de Aragón celebradas en Monzón ese año. Se denomina “Sumari del manifest de les cases e bestiars e abitadors de les Ciutats, viles e lochs del regne de Valencia (…) lo qual manifest fonch fet en l´any MDX pero lo donatiu e servei de CX milia lliures ofert a la Magestat del Rey nostre Senyor en les Corts generals per aquell celebrades en la vila de Monçó”.

Las poblaciones de La Serranía que se mencionan en el mismo (hay que tener en cuenta que las cifras de Domeño también parecen incluir a Higueruelas, las de Xulella a Losa, y las de Alpuente, sus aldeas además de Titaguas, La Yesa y Aras) son:

“Locs de la Sglesia”: Xulella (83 “cases”); Vilar de Benaduf (El Villar) (68); Alcubles (50)

“Viles e lochs del Braç Militar” (jurisdicción señorial): Andilla (74); Bugarra (16); Benexep (Benageber) (20); Calles (34); Chelva, cristians e moros (254) y Barrio de Benexuay (21); Chestalguar (64); Domenyo (45); Loriguilla (24); Pedralba (68); Sot (56 “cases”); Tueja (79).

“Ciutats e viles Reals”:
Alpont (229 “cases”)

En resumen, 1.185 “cases” sumando todas las localidades de La Serranía, mientras que para todo el reino de Valencia este censo de 1510 contabilizaba 55.631 “cases”, ello supone poco más del 2% respecto a la población global del reino.

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Sigamos indagando en el pasado.
Un siglo después, en concreto en 1609, según “La Relación de las casas de christianos viejos y nuevos que ay en las ciudades, villas y lugares, deste Reino de Valencia”, realizada por orden del marqués de Caracena, virrey de Valencia, previa a la expulsión de los moriscos, La Serranía cuenta con 3.205 vecinos (de ellos, 171 en Alcublas, todos cristianos viejos), y 98.059 vecinos en todo el Reino de Valencia. La proporción aumenta a algo más de 3 %.

En el siguiente siglo, la población valenciana disminuye significativamente, debido a hechos diversos como la expulsión de los moriscos, la Guerra de Sucesión, etc. Así, según el “Vecindario” del marqués de Campoflorido, elaborado en el antiguo reino de Valencia entre 1712/13, en todo el territorio valenciano se contabilizaron 63.700 vecinos. Y en La Serranía 2.193 (163 en Alcublas). Datos que muchos autores estiman inferiores a los reales (hasta en un 25%), pero que no altera para nuestro objetivo de ver la proporción que se estabiliza en algo más del 3%.

A finales del mismo siglo XVIII (1793/94), según señala Antonio Josef Cavanilles en su obra ”Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia”, publicada en 1795, los vecinos del territorio valenciano aumentan hasta los 213.241. En La Serranía también aumentan, y alcanzan la cifra de 6.230, de ellos, 437 en Alcublas. Sin embargo la proporción disminuye un poco, al 2,9 %. El peso demográfico de La Serranía disminuye ligeramente respecto al del resto del territorio valenciano. Se inicia la lenta y progresiva pérdida de importancia poblacional de La Serranía.

Al respecto de los anteriores datos demográficos, he de aclarar que están referidos a “cases” o “vecinos”, y no a habitantes. Habría que utilizar un coeficiente multiplicador para calcular el número de habitantes, coeficiente variable aunque el más aceptado es el 4/4,5.

En el siglo XIX, y según el censo más fiable del mismo, el realizado en 1860, el número de habitantes en el territorio que se corresponde con la actual Comunidad Valenciana, se censaron 1.275.676. En La Serranía 31.082. Y en Alcublas, 2.484. Continúa la pérdida de peso demográfico hasta el 2,4 %.

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Y entramos en el siglo XX. En el censo de 1910, la población valenciana global era de 1.704.127 habitantes, y de ellos 37.831 en La Serranía, un 2,2 % total. Así que continúa el lento declive. Sin embargo, los 37.831 habitantes resultan el máximo histórico en la comarca. En Alcublas, 2.763 habitantes, su segunda mayor población, pues su histórico con 2.775 se produce en el censo del año 1900. La comarca crece en población pero ya a un ritmo significativamente menor que el resto del territorio valenciano.
Si miramos las cifras de medio siglo después, en 1960, en las tres provincias valencianas se censaron 2.480.879 habitantes, de los cuales 28.297 en La Serranía (en Alcublas 1.486). La proporción baja sensiblemente al 1,1 %. Datos que revelan en toda su crudeza la fuerte pérdida de población provocada por el inicio de la crisis migratoria, que desangrará la comarca a lo largo de la última mitad del siglo XX.
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La situación actual demuestra, como dice el dicho, que todo puede ir a peor. Según el padrón municipal a 1 de enero de 2008, la Comunidad Valenciana contaba con 5.029.601 habitantes y La Serranía con 18.208 habitantes (Alcublas con 842), es decir, ya un paupérrimo 0,36 % del total. Así pues, en los últimos 50 años, pierde más del 35 % de su población en términos absolutos y su importancia poblacional dentro de la Comunidad Valenciana queda relegada a niveles poco significativos. La Serranía ha terminado convertidaen un verdadero “desierto demográfico”.

Comentar, para concluir estas reflexiones, que ante esta evidencia, no es de extrañar que se haya extendido entre buena parte de los habitantes de la comarca un cierto “síndrome de miedo a la soledad” y que una de las frases más repetidas sea “…que solicos estamos…”. NO ES PARA MENOS…

Juan Antonio Fernández Peris
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INNOVAR EN NUESTROS PUEBLOS SIN MORIR EN EL INTENTO

En ocasiones una suma de planteamientos sorprendentes ponen en entredicho muchas de nuestras verdades cotidianas. La Serranía se apaga ¿y si damos un cambio de timón?

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Masía de las Dueñas, Alcublas. Foto M. Ibáñez

Hemos comprobado que las actuaciones gubernamentales son en su gran mayoría, tibias, poco eficaces y en ocasiones inadecuadas. La política de la subvención nos lleva muchas veces al absurdo: ¿para qué construir una pista de galotxa donde no se practica este juego? ¿para qué planificar un polígono industrial donde no se van a asentar empresas? La respuesta es siempre la misma: “es que nos han concedido el dinero para ello”. Después de ver casos así te da por pensar que el problema principal no es el dinero. Un ejercicio interesante sería el poder sumar todo el dinero que las diferentes administraciones han destinado a la Serranía en un trienio y analizar su oportunismo y eficacia. Tras ello nos podríamos plantear el ¿yo lo hubiera gastado así?

Visto lo visto la conclusión es demoledora. Si continuamos por el mismo camino, podremos enlentecer un destino inexorable, pero estos frenos que utilizamos son muy flojos, pobres e ineficaces. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Por otro lado está la iniciativa privada a la que solemos llamar de una manera muy fina emprendimiento. El emprendimiento no debería distinguir lo público de lo privado, debería estar en el ADN de ambos. Pero hasta que esto no ocurra, el ámbito privado de la Serranía debería reinventarse con actuaciones innovadoras e incluso incomprendidas o incomprensibles. Soy de la opinión que cuanto más incomprendida sea una propuesta en este sentido en nuestra comarca, mejor resultado tendrá. Como indico al principio, las verdades cotidianas son las que nos están llevando a nuestro declive. Cambiémoslas.

  • ¿Seria viable el convertir un pueblo serrano en un “pueblo inglés” para cursos de inmersión lingüística?
  • ¿Sería viable el tener varios centros-taller en la Serranía para rehabilitación de toxicomanías?
  • ¿Sería viable el crear al menos tres centros en la comarca de cuidado especializados en Alzheimer?
  • ¿Sería viable el crear al menos tres centros en la comarca de cuidado y rehabilitación de personas con Ictus?

Ya no se trata del cuidado de nuestros mayores, que es otro tema. Se trata de iniciativas empresariales rentables que generen oportunidades. Estas cuatro preguntas sobre viabilidad que he apuntado antes son la punta de la lanza en cuanto a inversiones privadas en el ámbito educacional y de atención ciudadana a día de hoy. Grupos de inversión europeos han visto esta ventana de negocio y se lo están repartiendo.

¿Por qué quedar fuera de juego como siempre?

Enrique Domingo

A GRANDES MALES…

Esta mañana he leído un nuevo artículo advirtiendo que no parece que toquemos fondo en el tema demográfico en nuestras comarcas del interior. Un buen artículo de Rafa Montaner en Levante-EMV.

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Somos la “Laponia Valenciana” por nuestra densidad de población. Es un término éste, más o menos afortunado pues lo de lapones no les gusta mucho a los serranos, pero muy estético y llamativo. ¿Qué hacer ante esta situación? Es la pregunta del millón. Se han escrito cientos de artículos intentando dar con las claves para revertir el problema, pero seguimos en caída libre.

Llega un momento en el que te planteas que las iniciativas que se han puesto o se pretenden poner en marcha dan o darán un resultado limitado y en muchas ocasiones ineficaz. Te da por pensar que todo lo que está del anillo ciclista para fuera importa bien poco a estos políticos valencianos. En fin, un desastre.

A grandes males, grandes remedios, indicamos en el titular. Y podría ser así. Creo que ha llegado el momento de una repoblación en toda regla como ocurrió siglos atrás en nuestras tierras. En aquella ocasión los repobladores fueron los propios habitantes de la península llegados de otras regiones o comarcas, pero en este siglo eso ya no es posible. Debemos pensar que analizando el problema de forma globalizada, existe una importante masa de población que huye de sus territorios por motivos diversos. ¿Por qué no darles una oportunidad de asentarse en nuestras comarcas? Pensaréis que para eso hace falta trabajo, pero si echamos la vista a dos o tres generaciones anteriores a la nuestra, en la Serranía y el Rincón se vivía con un poco de tierra y animales. Más que trabajo, se precisa buena voluntad y espíritu de adaptación. No es una vida esta más indigna que la actual, simplemente es diferente. Nuestras dos comarcas serían capaces de absorber por lo menos 5.000 personas para darles la oportunidad de rehacer su vida en un entorno que por lo menos nosotros lo consideramos privilegiado.

¿Creéis que sería posible?

Enrique Domingo

CLARO QUE INFLUYE CATALUÑA

a la solana

De vez en cuando, hay personas, conciudadanas y conciudadanos nuestros, que aportan ideas para publicar en esta columna que gentilmente nos permite publicar Peña Ramiro. En esta ocasión, he de manifestar que desde el primer dia del mes de octubre, han sido más que menos, las que en la Serranía me han hecho la misma pregunta: ¿Qué piensas sobre la independencia de Catalunya?

La Serranía Valencia

Foto M. Ibáñez

Los acontecimientos discurren a tal velocidad, que seguramente cuando aparecerá esta opinión, habrán pasado cosas que enmendarán lo que aquí se manifiesta. Pero a pesar de ello, he de decir, sin pelos en la lengua, que todos los pueblos del mundo deben tener la posibilidad de decidir su futuro y de proclamarse independientes que aquellos otros de los que consideran que no respetan ni sus normas, ni sus costumbres, ni su cultura.

Dicho esto, quiero subrayar que cuanto protagonice Cataluña, nos afectará en mucho al conjunto de pueblos, cillas y ciudades que configuramos el País Valenciano y nuestra comarca en particular. No se puede olvidar que aquel territorio situado al norte del rio Senia, representa la acuarta parte del producto interior bruto del conjunto del Estado y que nosotros, sufrimos una financiación en calidad de sumisión, que deberíamos hacer todo lo posible por intentar cambiar cuanto antes mejor.

En la actualidad, los valencianos y valencianas, disponemos de una renta per cápìta de un 12% inferior a la media del conjunto del Estado y si se mira en clave de l comarca de la Serranía, esta cantidad baja en dos puntos porcentuales. Esta situación la provoca el claro maltrato en la financiación procedente del gobierno central, sumada al agujero originado por el “partido podrido” mientras ha gestionado nuestras cuentas.

La Serranía siempre hemos hecho de farolillo rojo del conjunto del territorio valenciano, que ha ocupado el vagón de cola de las inversiones provenientes de Madrid. No debemos olvidar tampoco que para el régimen presidido por el golpista general, nosotros siempre hemos sido los vencidos y que, posteriormente, esta tendencia se ha mantenido a pesar de ser el granero de votos para que M.Rajoy siga discriminándonos.

La recentralización política que impone el presidente español actual, la involución cultural a que somete el gobierno de Mariano y las limitaciones que atenazan la política de Montoro a los ayuntamientos, no nos permite salir de esta difícil situación en la que nos encontramos.

Al País Valenciano, a los serranos y serranas, siempre nos ha influido y mucho lo que se vive al norte relativo a la cultura, la economía, las costumbres y las formas de entender la vida. Con una Cataluña independiente, la Serranía lo será menos, porque en estas cuestiones, siempre se producen las corrientes de flujo y reflujo, de acción y de reacción.

Pero no por ello se ha de tener miedo a nada y todavía menos a los efectos que puede producir la libertad de un pueblo que se ha sentido olvidado, recortado, cercenado y oprimido, desde hace más de tres siglos y por injusto derecho de conquista. Estoy convencido que, a pesar de todo, por encima de todo, viviremos, porque nuestro talante suele ser superador de zancadillas y problemas.

Ezequiel Castellano i Moreno – Maestro y periodista

QUEREMOS SER TU ABUELO

Entendí, desde hace años, que el desarrollo de cualquier idea, profesional o personal, alcanzara un mayor grado de satisfacción cuando implicas cierto grado de sentimiento, cierto grado de cercanía, y por qué no un cierto grado de responsabilidad.

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En otros artículos, escribí sobre la importancia de desarrollar proyectos en zonas rurales que pertenezcan a los mismos vecinos; serán grandes ideas o sencillas ideas, pero serán ideas que se desarrollan con el espíritu y el cariño del lugar donde se quieren implementar.

Hoy utilizo este blog como un mero divulgador del proyecto que se está poniendo en marcha en la Coop. Vinícola San Antonio Abad, de Alcublas. También lo utilizo con el fin de remarcar el compromiso que deberíamos de tener con esta iniciativa. Esta iniciativa nace desde la cercanía, representado un gran número de agricultores, y defendiendo un producto nuestro. Un proyecto que se inicia desde nuestro pueblo.

Realmente, este proyecto ilusiona. El nombre ya nos deja mucho que entrever “Queremos ser tu abuelo”. La Cooperativa propone desarrollar un centro divulgador del aceite de oliva, mediante la creación de una almazara visitable. Una almazara que auné el conocimiento y la cultura del aceite de oliva, y que nos permita transmitirlo de abuelos a hijos.  Nos invita a crear un lugar de dinamización del entorno rural, de su producto y del amor hacia aquellas cosas que nos identifican.

Uno de los rasgos importantes es la cercanía, pero no es el único; el otro es,  la implicación. El proyecto tiene su partida desde un punto de vista social, que busca dejar a un lado la sobriedad propia de los proyectos empresariales y llama a implicarte, a formar parte de esta idea y a colaborar. Aquí, ahora, te están diciendo: “ayúdanos a llevar esta idea acabo, implícate con nosotros en buscar el desarrollo de este proyecto, forma parte de él”. Una de las peculiaridades de este proyecto es su forma de financiación, mediante aportaciones colectivas, crowdfunding. Una forma inclusiva, participativa y social, que nos permite involucrarnos activamente en su culminación. Aportaciones dinerarias, de los interesados que tienen dos finalidades. La primera es hacerte partícipe de la realización de esta idea, una parte de tu aportación, irá a su financiación convirtiéndote en mecenas del proyecto. La segunda son una serie de recompensas que dependiendo de tu aportación, incluirá una botella de aceite, una visita guiada por la almazara, un desayuno, una comida, etc.

Me hago eco de un proyecto sencillo y ambicioso. Un proyecto que describe quiénes son: 500 agricultores, que trabajan a diario para obtener los mejores frutos. Además, te invitan a colaborar con ellos y en su entorno, del cual están orgullosos. Buscan, a través de su almazara visitable y su aceite de oliva, impulsar la economía social, dinamizar su entorno rural, fijar población, atraer visitantes y habitantes. Un proyecto que nace aquí, para desarrollarse aquí y en el que te piden que te impliques.

Tenemos la oportunidad de empezar a cambiar esa sombra de abandono y soledad que afecta a zonas rurales. Tenemos la oportunidad de cambiar las palabras de “tenemos que hacer algo” por “estamos haciendo algo”. Hoy tenemos la oportunidad de implicarnos, y con nuestro apoyo colaborar y formar parte de algo.


Adjunto la página web, así como las páginas de la Cooperativa en redes sociales, y el vídeo de lanzamiento del proyecto https://www.youtube.com/watch?v=c7eYPgcIfPI&t=12s

www.QueremosSerTuAbuelo.com

Twitter/Instagram : @LaAlcublana

Facebook: LaAlcublana

Carlos

CUANDO NO PODREMOS MÁS, PODREMOS CON TODO

… a la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

Se ha de plantear el futuro en positivo y, es por esta razón, que las personas que estamos actuando a favor de nuestra comarca, procuramos ver siempre el vaso medio lleno o, bastante lleno. Una actitud positiva ante las cosas y ante la vida, nos hace creer en una comarca, la nuestra, que dispone de grandes potenciales.

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Acueducto Los Arcos, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Unos grandes potenciales, la mayor parte de ellos sin desarrollar, debido al consuetudinario olvido que estas tierras y estas gentes han padecido en los últimos ochenta años. Primero debido al golpe de estado  franquista que dejó a demasiadas personas en las cunetas y los barrancos; más tarde con su represión de cuarenta años, que sumió en el olvido y en el silencio a demasiada gente y, últimamente, con una democracia trasnochada, herencia del dictador, que lo dejó atado y bien atado con el Borbón.

Por las referencias que nos remiten los serranos y serranas con residencia en Cataluña, sabemos que, aquel pueblo puede volver a abrir la puerta de una democracia más consolidada. Ya lo hizo durante los últimos años de la dictadura con las manifestaciones multitudinarias en las que se pedía, “libertad, amnistía y estatuto de autonomía” y, ahora, vuelve a protagonizar la vida política peninsular con el “volem votar” y “no tenim por”.

Asistimos, desde la comarca de la Serranía del Turia, a un nuevo amanecer en el que, las reivindicaciones de los pueblos, vuelven a resurgir con cierta fuerza y, por ello, conviene que nuestros políticos más próximos –el gobierno valenciano sin ir más lejos—procure atender las de nuestras gentes.

Necesitamos atención sincera, no atención a distancia. Hace falta que los planes para esta comarca sean eficientes y eficaces, sin recovecos, dinámicos y que se presenten en cualquiera de los pueblos de nuestra comarca (no es necesario presentarlos en la Eliana) la Serranía dispone de buenos marcos para cualquier cuadro que se quiera pintar.

Resulta imprescindible atajar la fuga de población y cauterizar el envejecimiento de esta comarca valenciana, abocada al precipicio de la inanición cultural, social, económica e incluso política. No es la primera vez, ni será la última –por desgracia—que acentuamos esta realidad. Nuestra comarca está “tocada” y bien tocada.

Cada día con mayor frecuencia, nos sentimos la Laponia valenciana. Con unos transportes de pena que fomentan la utilización del vehículo privado y, quien no disponga de el por edad o por otra circunstancia, se ve obligado a invertir cuatro veces más tiempo para resolver cualquier “papeleo” o acudir a los especialistas médicos.

Con una nula atención al desarrollo del monte y de nuestra agricultura, anclada en los años setenta del siglo pasado y sin posibilidad de engancharla al tren de la ecología y del respeto a la tierra, por falta de atención y de proyecto de gobierno.

Un total olvido de nuestros jóvenes, los catapulta hacia el abandono de los pueblos, puesto que los proyectos como nuevos emprendedores, se topetan contra la falta de Internet, los cortes frecuentes de corriente eléctrica y el inmovilismo de una sociedad que, con demasiada frecuencia, suele interpelarlos con el clásico y conocido “ande vas tu?”.

Ahora que se mueven aires de primavera y que un nuevo amanecer apunta en el horizonte político, siempre y cuando el Estado no equivoque el sentido de la marcha con mayor represión y con más policía, es el momento de hacer ver al gobierno valenciano la necesidad de actuar sobre estas tierras y estas gentes que necesitan de su atención de manera conjunta y no mediante dos mancomunidades que van a su bola. En la unidad y la cohesión está la fuerza, pero siempre nos han querido disgregados.

En esta comarca vivimos poca gente, pero nuestra diáspora nos hace más grandes y más fuertes. Ha llegado la hora de las tierras de interior porque, puede pasar que –como dice el poeta de Burjassot—cuando no podamos más, será el momento en que lo podremos todo.

LA DIFÍCIL DICOTOMÍA DE LO RURAL

Estamos en unos días del “sálvese quien pueda” en nuestro pueblos. No hablamos de que atravesemos dificultades (que las hay para todos los gustos), sino del abandono de manera apresurada de los pueblos serranos tras la ventana vacacional.

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GESTALGAR. Foto M. Ibáñez

La mal llamada normalidad vuelve a la Serranía. Ha habido una convivencia -en ocasiones difícil- entre “veraneantes” y “habituales”. Son dos mundos tan diferentes que intentar convivir durante unos días al año nos hace ver la antítesis existente entre lo rural y lo urbano. Días atrás leía un artículo de Luis Antonio Sáez (director de la Cátedra contra la Despoblación de la Universidad de Zaragoza) en el que hablaba de equiparar la calidad de vida. Hacía una reflexión tan interesante como retadora, sobre lo que se gana y se pierde por vivir en un pueblo: “Si te da un ictus en Mosqueruela (Teruel) tardarás más en llegar al hospital, pero la probabilidad de morir por contaminación es más elevada en las grandes ciudades que en el Sistema Ibérico español, donde la cifra de centenarios iguala a la de Japón”, precisa y añade: “Ganas en una cosa y pierdes en otra, lo que no hay que hacer es prometer todo”.

Efectivamente, siendo realistas ganas en cosas y pierdes en otras, ahí está la capacidad para elegir la opción mejor de cada uno. El todo no existe. Por ello deberíamos marcarnos como prioridad no el recuperar población como eje central de actuación, sino el mejorar y facilitar la calidad de vida de los que han decidido seguir viviendo en el pueblo.

“Todos necesitamos trabajo y lo económico es importante, pero hoy en día haría más hincapié en otra cosa; los políticos van a lo tangible, al empleo, a infraestructuras, cuando muchas veces es más importante la vida cultural o la ley de dependencia” en el medio rural. En este sentido, sostiene que un maestro en una escuela, una guardería, conexión a Internet o una asociación cultural, es decir el “compromiso de una serie de personas”, dinamiza más un territorio que un polígono industrial, porque crea un clima de pertenencia. E insiste en la idea de que el ciclo de la vida es largo, planteando la opción de salir en la juventud y volver en una etapa más.