UNA DE RODEROS EN LA SERRANÍA

LOS TOMASOS

El bandolerismo es un fenómeno social que se enraiza y se desarrolla en las sociedades rurales y en los momentos de debilidad del poder. Es hijo del campo y de regímenes políticos que difícilmente se hacen respetar. Su origen se pierde en la noche de los tiempos.
Hablamos de bandolerismo con un vecino de Alcublas, y al respecto del tema, nos contó…
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Había una cuadrilla de roderos que eran cuatro compañeros, que les llamaban los Tomasos. Eran todos de esta zona, uno era de Pedralba, el otro de… Cuando se enteraban que uno vendía las botas de vino, allá iban ellos a sacarle la panoja… eran los amos y señores. En aquella época no había guardia civil, los guardias eran unos llamados los miñones, así les decían a la guardería de aquella época, no sé si será verdad…
Hace mucho tiempo uno de aquí contaba:
Se presentaron un día, llegaron aquí esos cuatro pues un pariente de él vendió el vino y lo dejaron sin una perrica ni media. Este hombre se pasó algo de palabras y, claro, enseguida lo barruntaron y le buscaron la vuelta, pues sabían que frecuentaba por aquí.
Un día de los que estaba trabajando por aquí cerca le llegaron una noche. En eso que llega el hombre con el animal, lo mete, se pone a hacer la cena… y a la que está ya a punto de echar el arroz se presentan los cuatro fariseos, los cuatro Tomasos.
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– ¡Qué! Buenas noches. (Dicen los Tomasos)
– Buenas noches.
– ¿Qué está, preparando la cena?
– Si, pero… ¿qué queréis cenar aquí?
– No… con esa que tienes ahí ya tenemos bastante. Además, no hacemos cuenta de que comas tú.
Y uno le dice:
– Va, quítate la chaqueta.
– ¿La chaqueta pa qué?
Nada. El uno la chaqueta, el otro el pantalón, lo dejaron como su madre lo parió en el mundo.
Una vez lo tienen desnudo, le dicen que se tumbe y uno de los tomasos llega y le pone la paella en todos los riñones, y se ponen a comer. Claro, ellos confiados porque tenían las armas allí y, además, cuatro para uno… dime tú lo que tenía que hacer el tío, ni moverse. Pero mecagüen, le clava la paella recién sacada del fuego y se la clavan en los riñones; de momento sí que aguantó un poco, pero al segundo pega así y le tiró la sarten a dos. Como estaba la puerta abierta, se salió como su madre lo trajo al mundo corriendo a Alcublas.
En vez de ir a su casa, le tocó a un amigo y le dijo:
– Soy yo. Sácame ropa que no quiero que me vea mi mujer cómo vengo.
– ¡Chico! ¿Qué te ha pasado?
– Me han hecho esto y esto… pero me las pagarán.
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Aquellos como no pudieron hacerse con lo que querían, en mucho tiempo no se les vio por el pueblo. Tardaron mucho tiempo en aparecer, pero él pensó: – Como los localice alguna vez…
Y claro, al pasar tiempos y tiempos, dio la coincidencia de que estaban jugando a la pelota en el callejón del Olmo, el callejón ese que se mete en la era, ande vivía la tía María la Verdesa. Y allí en el callejoncico estaba uno de ellos. Otro de ellos, mientras jugaban a pelota dos a dos, estaba sentado mirando la partida. Llevaban pistola, un revolver de aquellos y claro, llevaba dos tiros.
Y sale por la esquina y aquel dice:
– ¡Qué! Ahora me pones la paella…
Y sin perder un minuto le pega un tiro a bocajarro en la tripa. El otro lo ve de cara y no le dio tiempo para nada; se cayó al suelo y le aplica el otro tiro que le quedaba en la pistola. Se cargó a los dos en el acto allí mismo. Quedaba uno, pues no iban los cuatro.

Si algún día preguntáis, en la Cruz, en la plaza de la Cruz había –yo no lo llegué a conocer- una cruz de piedra en medio de la plaza, con unos asientos todos de piedra. Por eso se llamaba la Plaza de la Cruz.
Pues le entró el que quedaba y rodando y rodando a la cruz, como llevaba un cuchillo, se piensa lo que se piensa y rodó al revés. Entonces le aplicó el cuchillo… y con eso ya se cargó a los tres.

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Después de todo esto lo detuvieron por los tres asesinatos. Al cogerlo preso dijo:
– Si me encuentro al que falta, aquel me lo comería a pedazos.
Hablaron de todo lo que había pasado, del incidente de la paella, de los robos… y lo soltaron.

Esta es la historia de uno que le llamaban Gabarda, un tal Gabarda, y los inicios de toda la historia pasaron en las Bodegas de las Veinticuatro.
Y con ello termina nuestro amigo el relato. Comentándolo con posterioridad, varias personas afirmaron también conocerlo.
El bandolerismo fue un fenómeno social de capital importancia para toda nuestra comarca. Un fenómeno teñido de contradicciones que arranca ya en los s. XVI y XVII y que se situó a mitad de camino entre la rebeldía y la marginalidad. Numerosos artículos salpican la prensa del momento.
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LOS FUEROS DE ARAGÓN Y LOS FUEROS DE VALENCIA

Después de la conquista, en el reino de Valencia coexistieron dos cuerpos legales, los Fueros de Aragón y los Fueros de Valencia. Ambos cuerpos legales formaban parte de la labor legislativa del rey conquistador.

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Los Fueros de Aragón consistieron en una colección de fueros locales aragoneses que fueron compilados por Vidal de Canellas, obispo de Huesca, a instancias de Jaime I. La obra jurídica llevada a cabo por Vidal de Canellas y sus colaboradores fue ardua y difícil ante la inexistencia de una previa colección fiable, por lo que se vieron obligados a sistematizar, es decir, a agrupar los diversos fueros en varios libros.

La “compilatio mayor” o “In excelsis Dei Therauris”, dirigida a los abogados, no debía tener vigencia oficial y estaba formada por nueve libros. En cambio, la colección conocida como Código de Huesca, compuesta por ocho libros, que se apoyó en la foralidad militar al haberse impuesto a la foralidad burguesa, sí tenía carácter oficial.

Fueron jurados y promulgados por Jaime I el día 6 de enero de 1247 en Huesca, donde había convocado la celebración de Cortes Generales del Reino de Aragón, por lo que asistieron a las mismas los principales ricos-hombres, caballeros, infanzones, prohombres, dignidades eclesiásticas y representantes de los concejos municipales.

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VIDAL DE CANELLAS

Una vez promulgados, para que causaran efecto en la actividad privada y en la administración de justicia, el rey encargó a todos los bailes, justicias, zalmedinas, jurados, alcaldes, junteros, sobrejunteros y a todos sus súbditos, que observasen y utilizasen los Fueros de Aragón en todos sus pleitos, declarando el sentido común y la equidad como normas supletorias para poder regular todas las circunstancias que no estuviesen contempladas en los mismos.

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Por su parte, los Fueros de Valencia contenían la legislación territorial vigente en el reino de Valencia que perduró durante más de cuatro siglos hasta que fueron derogados por Felipe V de Borbón en 1714 mediante los denominados Decretos de Nueva Planta.

Después de la conquista de la ciudad de Valencia, según López Elum, durante octubre de 1238 o, como máximo, antes de finalizar el año, Jaime I promulgó y concedió un cuerpo legal que se denominó la “Costum”, puro Derecho local según Mariano Peset, que contenía una serie de normas que regulaban la vida en común y la ordenación de la ciudad, adoptando normas de los fueros aragoneses y de las “costums” catalanas, permitiendo que los señores aragoneses y catalanes aplicasen en sus señoríos los diversos fueros locales aragoneses o los Usatges de sus lugares de origen.

Poco a poco, la “Costum” fue modificándose mediante la concesión de ciertos privilegios y la incorporación de nuevas disposiciones, así como también el criterio del monarca, que decidió que las normas que inicialmente había concedido tan sólo para la ciudad de Valencia ampliaran su campo de aplicación territorial, por lo que el 9 de mayo de 1245 concedió la “costum” a Denia y el 29 de julio de 1248 a Sagunto.

Según López Elum, en 1250 tuvo lugar en Morella una reforma de la “Costum” que supuso el inicio de profundas innovaciones que permitieron su conversión de norma meramente local a territorial para todo el reino, lo que daría lugar a los Fueros de Valencia.

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El 7 de abril de 1261, en Valencia, Jaime I de Aragón juró ante las Cortes valencianas los Fueros de Valencia, y el 11 del mismo mes promulgó un privilegio por el que se impuso a todos sus sucesores la obligación de jurar los Fueros de Valencia antes de que finalizase el primer mes de sus reinados. La supeditación del monarca a los Fueros supuso la constitución del reino de Valencia como estado soberano.

La dualidad legislativa territorial en el reino de Valencia estuvo motivada por el descontento de los ricos-hombres aragoneses, que desde el primer momento de la conquista entendieron que las nuevas tierras conquistadas a los musulmanes debían quedar sujetas al reino de Aragón, como Mallorca había quedado sujeta a Cataluña al ser su conquista propiamente catalana. Entre los ricos-hombres que no quisieron consentir que se aplicase la “Costum” como fuente jurídica para todo el reino de Valencia se encontraban el noble Pedro Fernández de Azagra y su hijo Álvarez Pérez de Azagra, señores que fueron del señorío de Chelva y del Estado independiente de Albarracín, ascendientes de Elfa Álvarez de Azagra, baronesa de Jérica por su matrimonio con Jaime I de Jérica. Ellos y sus descendientes de la casa de Jérica siempre se consideraron aragoneses, por lo que las tierras de sus estados, el señorío de Chelva y la baronía de Jérica, en la que encuadramos Las Alcublas, debían regirse por los Fueros de Aragón.

En 1329, Alfonso IV de Aragón, que se había decantado por la unidad legislativa, pretendía imponer los Fueros de Valencia sobre los de Aragón, acordó en Cortes “que en todos los lugares de su propiedad en el reino de Valencia en los que se aplicaban los Fueros de Aragón, y en aquellos donde los señores de los mismos lo consentían, se aplicase a partir de entonces los Fueros de Valencia, concediendo la denominada “jurisdicción alfonsina” a aquellos nobles que, renunciando a la aplicación de los Fueros de Aragón en sus señoríos, adoptasen los Fueros de Valencia”.

Una de las medidas adoptadas para fomentar la aplicación de los Fueros de Valencia consistió en instar a toda persona que ejerciese un cargo oficial en el reino y tuviese en el mismo algún señorío, villa o alquería, a que aplicase en sus tierras los Fueros de Valencia, siendo compelidos a renunciar a sus cargos o serían destituidos si no lo hacían efectivo.

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¿Qué sucedió en Chelva y en Jérica-Las Alcublas?

Las anteriores disposiciones afectaban a las tierras de Chelva y Jérica-Las Alcublas, pues en ambas se aplicaba el Fuero de Aragón al ser los Jéricas nobles aragoneses. Pero el rey no olvidó los lazos de parentesco con ellos, por lo que, alegando los mismos y en honor a su casa, recomendó a Jaime III de Jérica que renunciase al cargo de lugarteniente de gobernador en el reino de Valencia, que en 1329 ocupaba, antes que se viera obligado a destituirlo al estar cometiendo un contrafuero. A pesar de la recomendación, Jaime III de Jérica se mantendría en el cargo hasta finales de 1332 y en sus estados de Chelva y Jérica, en el que se encontraban las tierras de Las Alcublas, se siguió aplicando los Fueros de Aragón al ser descendientes de la Casa real de Aragón.

Al estar sus vasallos sometidos a los Fueros de Aragón, regularon sus relaciones privadas conforme a sus disposiciones, y el Justicia de sus villas, figura jurídica típicamente aragonesa, máxima autoridad judicial, aplicó sus normas en la administración de Justicia.

Después de la desaparición de la casa de Jérica en 1369, fecha de la muerte del último Jérica varón, fue decayendo poco a poco la aplicación de los Fueros de Aragón en sus tierras, si embargo, en el estado de Chelva, al ser adquirido por el noble aragonés Pedro Ladrón de Vilanova, I vizconde de Chelva desde 1390, su aplicación sobrevivió durante bastantes años del siglo XV.

El compartir señores, los Jérica, leyes, los Fueros de Aragón, obispado, Segorbe, costumbres y el “habla”, ha motivado que durante todo el año de 2009 los ayuntamientos de Chelva y Jérica hayan acordado el hermanamiento de ambas villas. Los lazos entre ambas quedan demostradas, también lo están con Las Alcublas, tierras también hermanas muy queridas en la capital del Vizcondado.

Vicente Vallet Puerta,
fue Cronista Oficial del Vizcondado de Chelva.
Académico correspondiente de la Academia de Genealogía y Heráldica de Valencia.