FIESTAS CON MÁS SENTIDO COMÚN

a  la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

No tengo ni la más mínima duda que las fiestas de nuestros pueblos, aprovechan para que la diáspora de aquellas personas que hacen su vida en otros puntos de la geografía valenciana e incluso más allá de estos límites, retornen con objeto de compartir tradiciones, amistad y momentos pretéritos traducidos al presente.

fiestas chelva

Bailes típicos de Chelva

El ocio ha de considerarse como un elemento de cultura, de relaciones humanas, de actividades gratificantes, de aprendizaje de cosas nuevas. Nuestra comarca, debido a sus condiciones sociales, geográficas y climatológicas, ha de procurar  promover actividades capaces de crear hábitos integradores entre la ciudadanía.

Se deben potenciar fiestas y celebraciones que, con el menor presupuesto posible, inviten a la participación al conjunto de la ciudadanía. En el Centro de Estudios la Serranía estamos persuadidos que la participación ciudadana es la clave para el triunfo de cualquier proyecto, pero se ha de tener en cuenta que la participación no se mide únicamente con el parámetro de la cantidad, sino también con el de la implicación y el de la posibilidad de participar.

De nada nos sirve disponer en una mesa de diálogo de una representación masiva de las asociaciones, grupos y entidades de nuestro pueblo, si en realidad no se propicia la participación y esta se desarrolla como en los viejos tiempos, como siempre: unos pocos que hablan y unos muchos que escuchan, a veces sin atender.

Por pequeños que sean nuestros pueblos, se ha de procurar promover la participación; el consejo de participación ciudadana. Un consejo en el que recuperemos la voz de la ciudadanía y volvamos a substanciar el sentido democrático de la vida pública. Las fiestas locales, mayores o de verano de nuestros pueblos, pueden ser una buena excusa para organizar este consejo ciudadano.

No corren tiempos para continuar dejando en manos de comisiones, de festeros y festeras, de quintas o de cofradías, nuestras fiestas mayores. Se ha de pensar en clave abierta y se ha de procurar abrir puertas y ventanas a la creatividad. Las cofradías, los grupos de jóvenes, las quintas nos han traído hasta el declive de la calidad de los actos que se organizan. Hemos de saber ponerle imaginación a nuestras fiestas locales, porque pueden ayudarnos a poner en valor nuestro pueblo.

Las fiestas de verano son el periodo que ayuda a cohesionar la comunidad, suponen momentos de alegría en tiempos difíciles i hacen pueblo. Unas fiestas originales y participativas no necesitan mucho presupuesto, puesto que con unos céntimos de participación ciudadana y actos en los que el pueblo se sienta protagonista, hay más que suficiente.

Ya que estamos en harina, convendría recuperar también el Día de la Serranía, una jornada en la que cada año, se visualice lo que se realiza en esta comarca que en demasiadas ocasiones permanece cerrada y olvidada entres nuestra isla de montañas. Una jornada en la que se promuevan actividades capaces de sumar cultura, tradición y sociedad, condensadas en formato dinámico. En esto, las mancomunidades tendrían mucho que decir, pero callan silenciadas por la dualidad que las anula.

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