ME PREOCUPAN NUESTROS JÓVENES

… a la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

El segmento de población entre los 14 y los 30 años, constituye una parte importante del conjunto de la sociedad y por ello, merecen nuestra atención y el de las administraciones públicas, si queremos verlos entrar en la vida adulta sin tener que pasar por diversas intoxicaciones “aculturales”, ideológicas o de credo.

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Festeros LA CATERVA, Alcublas

Pasada la página del verano y vivida la fiesta mayor en muchas localidades de esta comarca, tanto al Centro de Estudio la Serranía como yo mismo, nos preocupa el trato que proporcionamos a nuestros jóvenes desde el punto de vista global. Esta preocupación tiene su principal cimiento en las actitudes que dicho sector muestra de manera general.

Con demasiada frecuencia, en nuestros pueblos existen lugares en los que los jóvenes actúan de manera sectaria y aislada de la realidad, en la que se suelen ingerir cantidades ingentes de bebidas alcohólicas, con todo lo que ello supone.

El futuro de estas personas no puede pasar por la enajenación mental o social provocada por el alcohol o las drogas de mayor o menor efecto físico o psíquico. El futuro de estas personas, ha de pasar necesariamente por su socialización alejada del mundo de la drogadicción en todas sus facetas.

La solución no pasa por la represión policial, sino por otros ámbitos que se han dejado de lado en esta comarca. No podemos seguir justificando actitudes incívicas de nuestros jóvenes con aquella recurrida frase: “estamos en fiestas y, ¿qué hemos de hacer? Siempre se han hecho chiquilladas”.

Lo que pasa es, que las actuales mal llamadas “chiquilladas” rayan, en ocasiones, la ilegalidad e incluso la zona delictiva. Porqué, ¿cómo se ha de considerar el robo de una furgoneta para hacer trompos en la zona donde se apartan? ¿cómo podemos calificar que arranquen de raíz unos plantones? ¿acaso no es un delito el robo de un vehículo o la venta de alcohol a menores?

No quiero ser alarmista, pero estos y otros episodios semejantes, se han vivido y se viven entre los jóvenes de nuestra comarca. Esto pasa porque durante los casi 40 años de democracia, no se ha abordado una política juvenil pensada en el futuro. Nadie ha pensado en abrir espacios públicos para los jóvenes, ni en construir redes de comunicación que les ayuden a madurar.

Nuestros pueblos, por pequeños que sean, han de disponer de un lugar para dinamizar la vida, los intereses y las oportunidades juveniles, de igual manera que disponemos de Hogar del Jubilado o Casa de los Ausentes. De esta manera, los jóvenes podrán acceder a un local de reunión y encuentro, en el que poder programar y desarrollar su vida social e interactuar y facilitar la integración cultural.

Pero también se ha de pensar en la calidad del transporte público entre nuestros pueblos y aldeas. En el siglo XXI resulta inexplicable la incomunicación con la que nos castiga la Chelvana y el gobierno valenciano. En ocasiones, nuestros jóvenes encuentran más fácil pasar un fin de semana en Londres, Copenhague o Ámsterdam, que desplazarse entre Alcublas y Oset en días de fiesta o de encuentro.

Todo ello y otras propuestas que se desarrollan en puntos diversos del territorio peninsular, pueden aplicarse en nuestra comarca, con objeto de sacar a los más jóvenes del aburrimiento y de la tediosa monotonía de tener que vivir sin futuro, abocados a vivir el presente como si no hubiera un mañana, ingiriendo cantidades descontroladas de bebidas alcohólicas o asistiendo a las mal calificadas “chiquilladas” sin ofrecer alternativas.

Las hay; claro que las hay y a poco que se indague, podemos sacar medios para llevarlas a cabo si existiera una voluntad política de mirar por estos jóvenes, que han de ser los ciudadanos de mañana y de pasado mañana.

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LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUE

Esta semana hemos leído la noticia de que la Generalitat Valenciana completa la primera fase de adecuación de la base aérea de Benagéber para su uso en extinción de incendios y emergencias.

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La nota de prensa de la Generalitat continua indicando que “ha supuesto una inversión de 221.406 euros, según ha explicado la vicepresidenta del Consell y consellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, Mónica Oltra, durante su visita al aeródromo. En total, la Generalitat invertirá 2,5 millones de euros en las obras de mejora y adecuación de la base aérea de Benagéber.

La vicepresidenta ha recalcado que se trata de “un gran proyecto de la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias que va a dar servicio a la Serranía y a las comarcas colindantes”.

Estas obras de mejora van a permitir que Benagéber se una a los aeródromos que dan servicio a las aeronaves encargadas de la vigilancia y extinción de incendios en la Comunitat Valenciana: Mutxamel, Siete Aguas, Tirig y Enguera, dado que “está en un lugar estratégico, al lado del embalse de Benagéber, y muy valioso desde el punto de vista de masa forestal“, ha indicado Oltra.

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Plano del proyectado aeródromo de ALCUBLAS

Todo ello me trae a la cabeza el proyecto abandonado de aeródromo en Alcublas. Era un proyecto de aeródromo deportivo que bien podría haberse adecuado a otras demandas. Pero el proyecto lo desestimó el actual consistorio: que si falta de presupuesto, que si falta de convencimiento, etc, en resumen, lo que pudo haber sido y no fue. Trescientos mil euros eran los necesarios para que el proyecto de aeródromo en Alcublas viera la luz, y ahora comprobamos que la Generalitat va a invertir dos millones y medio de euros en la base aérea de Benageber. Un aplauso a Benageber y a Rafael Darijo -su alcalde- en particular, por conseguir para su pueblo tamaña inversión que supone un halo de luz positiva de cara al futuro.

Se ha dicho muchas veces que uno de los problemas de nuestra comarca es carecer de un plan de desarrollo a medio plazo, con unas previsiones de lo que queremos que sea la Serranía dentro de 20 años. Alcublas con su proyectado aeródromo tuvo una posibilidad de prever un futuro algo más competitivo, pero se dejó estar. Pero claro, cómo pretendemos tener una visión a medio plazo en temas importantes cuando no somos capaces de solucionar problemas cotidianos como el tener una presión digna de agua en nuestras casas verano tras verano…

 

ANDILLA, GUERRA, PATRIMONIO Y RECONSTRUCCIÓN

Se ha presentado un libro en la Serranía. Eso es siempre una buena noticia. Un libro sobre la Guerra Civil. ¿Otro libro sobre la Guerra Civil? dirían algunos.

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Pues ni mucho menos se trata de un libro más al respecto. En él, Paco Teruel -su autor- nos acerca a la historia de Andilla en el marco de la Guerra Civil con una prosa fácil y bien enlazada cronológicamente.

Paco Teruel Navarrete es Profesor de Secundaria y Bachillerato. Se licenció en Historia y posteriormente en Humanidades. Su vinculación con Alcublas, de donde es originario, ha marcado su interés por el patrimonio de la Guerra Civil Española, especialmente en la Serranía. Desde joven ha participado en numerosos congresos y es autor de publicaciones como Estelas en el cielo (Alcublas, 2009) y Posición Oriente. Chelva, 1938 (Chelva 2016).

El libro fue presentado en Andilla el sábado 19 de agosto y posteriormente en Alcublas el martes 22. La presentación de Andilla, a la que pude asistir, se dio en un abarrotado salón del ayuntamiento. Ni los más optimistas esperaban un lleno tal, pues muchos de nosotros nos acomodamos de pie al fondo de la sala. Da envidia sana el observar el cariño de los asistentes y su implicación en un acto como es la presentación de un libro sobre su pueblo.

Los restos bélicos son el gran patrimonio desconocido tanto de Andilla como de Alcublas.  En contra de lo que la razón nos impone, estos restos no han sido rehabilitados siendo incluso destruidos en procesos de repoblación de los montes (como indicaba Paco Teruel) y también en los incendios que años atrás sufrimos.

Paco une en su libro naturaleza, patrimonio, cultura y pueblo. Sólo él sabrá las horas que le ha costado recoger toda la información para más tarde darle forma. Carlos Mallench y Blas Vicente lo arroparon en la presentación y nos dejaron apreciaciones muy interesantes. Todo ello nos lleva a entender que tenemos un activo muy importante en nuestros pueblos en forma de restos bélicos que no hemos sabido rentabilizar.

Centrándonos en el libro, se trata de un trabajo en forma de reconstrucción pormenorizada de los hechos ocurridos en Andilla tras el estallido de la sublevación militar del 17 de julio, los dramáticos meses de la guerra y la esperanza de la reconstrucción en la posguerra.

Como decíamos con anterioridad, nuestro territorio conserva muchos retos bélicos fruto de aquellos días de contienda. Trincheras, refugios y galerías subterráneas son parte de un patrimonio desconocido y casi olvidado. Es por ello por lo que este libro se convierte, más que en una investigación histórica, en un gran proyecto cultural.

Gracias Paco. Os lo recomiendo.

HILANDO VIDAS EN ALCUBLAS

Emoción, reivindicación, denuncia, esperanza, ilusión, visibilidad ante la invisibilidad, homenaje, historias personales, historias no contadas, esfuerzo, trabajo, capacidad femenina de crear, de hilar vidas, el poder femenino de construir. Mirar hacia el interior de una y encontrar la hebra de la que tirar para seguir tejiendo, para seguir contando historias que no deben permanecer en el olvido.

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Instalación nº 8 MATRIARCADO. Foto M. Ibáñez

La Asociación Amas de Casa de Alcublas inauguró el pasado 5 de agosto el proyecto artístico “Hilando Vidas” elaborado a partir de material reciclado e inspirado en emociones femeninas. Estará expuesto durante todo este mes de agosto.

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Nombres tan sugerentes como «Colores del Alma», «Maternidad», «Amor, ilusión, juventud», «Conciliación trabajo-familia», «Crianza», «Estereotipos femeninos», «Violencia de género», «Amistad», «Figura Matriarcal»… invitan a descubrir el proyecto. La iniciativa está inspirada en las emociones femeninas, en cómo las mujeres viven momentos importantes de sus vidas y cómo siguen transmitiendo valores esenciales. Expresar sus sentimientos y vivencias, su realidad y las situaciones de desigualdad que todavía sufren.

El Proyecto, ideado por Ascen Martínez y Mª José Cabanes es toda una expresión de arte colaborativo en el que participan la casi totalidad de mujeres de Alcublas.

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Pretenden homenajear a TODAS LAS MUJERES, en especial a las que han vivido en Alcublas, las que han trabajado fuera y dentro de sus casas, las que han luchado para mantener a sus familias y a su pueblo. A través del arte quieren que sean visibles y darles la voz que nunca tuvieron, dando el protagonismo adecuado a la energía creadora femenina.

Este proyecto está inspirado en las emociones femeninas, en cómo las mujeres viven momentos importantes en sus vidas y cómo siguen transmitiendo valores esenciales. Desean expresar sus sentimientos y vivencias, su realidad y las situaciones de desigualdad que todavía sufren.

Acércate a Alcublas estos días. Disfrutarás de un pueblo en fiestas y podrás observar tranquilamente las 16 instalaciones de Hilando Vidas.

ESOS PUEBLOS QUE NO SALEN EN LOS MAPAS

Alfons Cervera – el diario.es

Hace unos días, el gobierno valenciano escogió el Rincón de Ademuz para reflexionar sobre sus logros y cuentas pendientes en los dos años de legislatura. Está bien esa elección. Una manera de escribir, en la tierra que se pisa, los planes de futuro para aliviar la despoblación que sufren las comarcas valencianas de interior. El Rincón y la Serranía son posiblemente las dos que se llevan la palma en lo que toca a quedarse cada día que pasa más vacías de gente y de esperanza. Quiero decir vacías de esperanza en el futuro -como apuntan los planes del Consell- pero digo también y sobre todo vacías de esperanza en el presente.

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Casas Bajas (Rincón de Ademuz)

Porque el futuro no existe. Hablar del futuro es una manera de secuestrar el presente, de poner el rábano en los morros del burro para que no lo alcance nunca. Hablar del futuro es hablar de ahora mismo y si no es así es que estamos haciendo trampa con el lenguaje. Las comarcas pobres y despobladas del interior necesitan buenas políticas que las ayuden a sobrevivir en el presente oscuro en que viven, y en el que seguirán viviendo si no se atina eficazmente en las posibles soluciones.

Siempre hubo algo en esas soluciones anunciadas a bombo y platillo que me sigue provocando una miaja de turbación. Las políticas de ayuda a los pequeños pueblos siempre se inventaron pensando en la gente que no vive en esos pueblos. El argumento ha sido tan repetidamente sencillo como inquietante: el turismo como única tabla de salvación. La canción de siempre: que venga gente a los pueblos que han perdido -si alguna vez lo tuvieron- su sitio en los mapas. Se prometían subvenciones que llenarían nuestras calles de un turismo amante de lo rural, de la tranquilidad que se respira en los sitios pequeños, de esa calma que vuela como un pájaro sobre los valles esculpidos en las montañas con el pico y la pala de una ilusión a prueba de la humillación y del cansancio. Lo de siempre: esa poesía cursi que alimenta las versiones silvestres del urbanita que no sabe lo que vale el peine rasposo de vivir en el culo del mundo. Me lo decía hace muchos años el inolvidable Vicent Ventura: “nunca hagas poesía de los pueblos pequeños”. Y tenía razón. En los pueblos pequeños lo que hay que hacer es destripar el falso bucolismo, abrir una brecha en una cultura que ensalza las tradiciones más anacrónicas (a veces crueles) y exponer esas tripas al aire luminoso de la modernidad. Lo rural no es un valor en sí mismo. Lo hemos de poner en valor, más que nadie, quienes ahí vivimos, casi siempre en unas condiciones que rayan la resistencia numantina. El turismo o el nuevo vecindario vendrá cuando quienes vivimos en medio de la despoblación lo hagamos en las mismas condiciones de confort que todos los demás. Y eso es lo que hay que exigir a las diversas instituciones que nos gobiernan.

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Benagéber (La Serranía)

Ahora el Consell y la Diputación de Valencia han hecho públicos a la vez sus encomiables propósitos de devolver a los pequeños pueblos de la montaña la vida que emigró a la búsqueda de otra vida mejor en las ciudades grandes o en el extranjero. Se trata de propósitos que muestran claras intenciones de generosa y justa ayuda a nuestra supervivencia. Esos planes para acabar con la desigualdad y la despoblación de las tierras de interior hablan de “políticas que garanticen empleo, bienestar y servicios públicos de calidad”. Mucho me parece y ojalá que todo -o cuanto más, mejor- pueda llegar a un final feliz más pronto que tarde.

Escribo aquí algunos detalles que ayuden a entender mejor la necesidad y la urgencia de que se implanten esas políticas de salvación puestas en boca de los presidentes de la Generalitat y la Diputación de Valencia, Ximo Puig y Jorge Rodríguez. Ya dije que la única manera de atraer el turismo o conseguir que aumente el vecindario más o menos fijo es que nuestros pueblos dispongan de todas las ventajas que disfrutan los pueblos y las ciudades grandes. No es posible atraer a nadie para un fin de semana o para toda la vida si tenemos en nuestros pueblos dos horas de ambulatorio médico y ninguna desde el viernes hasta el lunes. No es posible atraer a nadie si no hay un puñetero cajero automático donde sacar el esmirriado dinero de las pensiones. No es posible atraer a nadie si las nuevas tecnologías (internet y cobertura telefónica) son como el tam tam de aquella lejana Kukuanalandia que salía en “Las minas del rey Salomón”. No es posible atraer a nadie si los cauces de los ríos están cegados por esos peligrosos cañares que sólo generan podredumbre y que tanto gustan a los de la Confederación Hidrográfica del Júcar (menuda lacra, esa Confederación). No es posible atraer a nadie si las máquinas excavadoras siguen haciendo desaparecer las montañas como si fueran alumnas aventajadas del mago Houdini. No es posible atraer a nadie si la financiación municipal (la gran cuenta pendiente de todas las políticas) no da ni para pagar el sueldo del alguacil y mucho menos para pagar a las brigadas de limpieza o cualquier otro empleo más o menos estable que dependa de las arcas municipales. No es posible atraer a nadie que en plan emprendedor monte un pequeño negocio si los pocos que ya existen sufren cosa mala para sobrevivir. Por eso -y por mucho más- los planes de futuro del Consell y la Diputación de Valencia están llenos de buenas intenciones, pero no sé cuál será su eficacia final si no tienen en cuenta esos detalles aparentemente “insignificantes” que aquejan la difícil supervivencia de nuestros pequeños pueblos del monte.

Y una coda final para que se entienda mejor mi suspicacia cuando hablamos del turismo. No nos hace falta un turismo masificado y depredador al que le importa un pito la belleza del paisaje, un turismo que si pudiera (y a veces puede porque lo dejan) llegaría con el coche convertido en apisonadora al centro mismo de esa belleza, un turismo que limpia la grasa de las sartenes en el río y antes ha lanzado aguas abajo las bolsas de basura llenas de retales de pollo y botellas vacías de cerveza o coca cola. Un turismo que la única cultura medioambiental que ha mamado en su vida es la de la mierda. Tampoco queremos un turismo de ricos, faltaría más. Sencillamente, lo que queremos es un turismo cómplice con el que compartir lo poco que tenemos. Incluidos nuestros sueños.

FIESTAS CON MÁS SENTIDO COMÚN

a  la solana

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

No tengo ni la más mínima duda que las fiestas de nuestros pueblos, aprovechan para que la diáspora de aquellas personas que hacen su vida en otros puntos de la geografía valenciana e incluso más allá de estos límites, retornen con objeto de compartir tradiciones, amistad y momentos pretéritos traducidos al presente.

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Bailes típicos de Chelva

El ocio ha de considerarse como un elemento de cultura, de relaciones humanas, de actividades gratificantes, de aprendizaje de cosas nuevas. Nuestra comarca, debido a sus condiciones sociales, geográficas y climatológicas, ha de procurar  promover actividades capaces de crear hábitos integradores entre la ciudadanía.

Se deben potenciar fiestas y celebraciones que, con el menor presupuesto posible, inviten a la participación al conjunto de la ciudadanía. En el Centro de Estudios la Serranía estamos persuadidos que la participación ciudadana es la clave para el triunfo de cualquier proyecto, pero se ha de tener en cuenta que la participación no se mide únicamente con el parámetro de la cantidad, sino también con el de la implicación y el de la posibilidad de participar.

De nada nos sirve disponer en una mesa de diálogo de una representación masiva de las asociaciones, grupos y entidades de nuestro pueblo, si en realidad no se propicia la participación y esta se desarrolla como en los viejos tiempos, como siempre: unos pocos que hablan y unos muchos que escuchan, a veces sin atender.

Por pequeños que sean nuestros pueblos, se ha de procurar promover la participación; el consejo de participación ciudadana. Un consejo en el que recuperemos la voz de la ciudadanía y volvamos a substanciar el sentido democrático de la vida pública. Las fiestas locales, mayores o de verano de nuestros pueblos, pueden ser una buena excusa para organizar este consejo ciudadano.

No corren tiempos para continuar dejando en manos de comisiones, de festeros y festeras, de quintas o de cofradías, nuestras fiestas mayores. Se ha de pensar en clave abierta y se ha de procurar abrir puertas y ventanas a la creatividad. Las cofradías, los grupos de jóvenes, las quintas nos han traído hasta el declive de la calidad de los actos que se organizan. Hemos de saber ponerle imaginación a nuestras fiestas locales, porque pueden ayudarnos a poner en valor nuestro pueblo.

Las fiestas de verano son el periodo que ayuda a cohesionar la comunidad, suponen momentos de alegría en tiempos difíciles i hacen pueblo. Unas fiestas originales y participativas no necesitan mucho presupuesto, puesto que con unos céntimos de participación ciudadana y actos en los que el pueblo se sienta protagonista, hay más que suficiente.

Ya que estamos en harina, convendría recuperar también el Día de la Serranía, una jornada en la que cada año, se visualice lo que se realiza en esta comarca que en demasiadas ocasiones permanece cerrada y olvidada entres nuestra isla de montañas. Una jornada en la que se promuevan actividades capaces de sumar cultura, tradición y sociedad, condensadas en formato dinámico. En esto, las mancomunidades tendrían mucho que decir, pero callan silenciadas por la dualidad que las anula.