SERRANÍA SIGLO XXII

Amparo Roger. Chelva

Existen muchas formas de transitar por la vida. Hay quien solo mira el ahora y el momento y mañana “Dios dirá”. Los hay quienes son previsores y ponen las bases para vivir un futuro que puede ser distinto al imaginado.

(1)AHILLAS

Ahillas. Foto Juan Antonio Fernández

De algo similar trata una canción de Silvio Rodríguez (<<Fábula de los tres hermanos>>) en la que se cuenta que un hermano andaba por la vida mirándose a los pies; el segundo siempre miraba lejos y el tercero miraba hacia adelante y hacia atrás.

Para saber cómo acabaron los hermanos, os invito a escuchar la canción.

Cuando pienso en la Serranía me acuerdo de la fábula de los tres hermanos: ¿es mejor mirar el ahora y tratar de solucionar los problemas inmediatos?; ¿miramos al pasado y con el pasado reconstruimos el futuro?; o ¿miramos sólo hacia un futuro lejano?

Esta reflexión es necesaria hacerla porque mientras nos preocupamos del futuro inmediato ya se está teorizando sobre lo que será el siglo XXII, el siglo de la robotización.

Los grandes desafíos sociales que puede traer como consecuencia esta nueva revolución (no sé si llamarla así) industrial está obligando a anticiparse a un futuro que ya está llamando a las puertas.

Si los grandes planificadores están pensando ya en futuro y volviendo a la fábula de los tres hermanos, ¿hacia donde debemos mirar?

¿Miramos los problemas inmediatos?

¿Nos recreamos en el pasado pero sin perder de vista el futuro? o ¿planificamos la Serranía del siglo XXII?

Anuncios

72 PUEBLOS EN RIESGO

El Consell ha creado la Agencia Valenciana contra la Despoblación (AVANT) para luchar contra la despoblación de las zonas rurales de la Comunidad Valenciana, en concreto se citan 72 pueblos con riesgo extremo.

17097225_961628927305507_5039346125535024930_o

Aldea de La Almeza, Alpuente. Foto M. Ibáñez

Por lo que se indica, se creará una comisión interdepartamental que incidirá en movilidad, educación, sanidad, trabajo y fiscalidad para frenar este problema que genera desigualdad y sufren «gravemente» 72 municipios. La primera de las medidas estará destinada a proyectos por un importe de 100.000 € que contemplen actuaciones sobre patrimonio artístico, cultural, TIC o relacionadas con el agua.

Captura de pantalla 2017-04-19 a las 18.58.40

Poblaciones Serranas y del Rincón incluidas en AVANT

Lamentablemente la mayoría de los pueblos de nuestras comarcas La Serranía y Rincón de Ademuz aparecen en la lista. Siempre salimos en los rankings equivocados, es nuestro sino.

Llevamos camino de que  nuestros pueblos “cierren” entre semana y “abran” los fines de semana, como si fueran un comercio o un establecimiento turístico. Los pocos residentes serán los “caseros” que cuidarán sus poblaciones hasta las pascuas, agosto o fiestas de guardar.

Sin ánimo de ser pesados, queremos recalcar la necesidad de un transporte público adecuado para nuestras comarcas. Debe ser el punto primero de actuación para esta “operación rescate”. Ya lo hablamos en una anterior publicación en nuestro blog Serranos y Rurales.

  • Fijar población y evitar el despoblamiento.
  • Aumentar la calidad de vida de los ciudadanos.
  • Vertebrar el territorio.
  • Mejorar infraestructuras.
  • Impulsar el emprendimiento.
  • Favorecer la aparición y ubicación de empresas.
  • Aumentar la oferta educativa y cultural.
  • Promover el empoderamiento femenino y la igualdad.
  • Atender eficazmente a los mayores, personas dependientes y discapacitados.
  • Aumentar el atractivo turístico comarcal…

Disponer de un buen servicio de transporte público contribuye a alcanzar todos estos objetivos y, sobre todo, a dar respuesta a una necesidad real, vital para nuestro territorio. Esperemos que en no mucho tiempo, podamos disponer de algo tan básico y esencial como es el servicio de transporte público.

¿QUIERES CONOCER ALPUENTE?

Compartimos las actividades que se realizarán en Alpuente este próximo fin de semana de San Vicente.

12

SÁBADO 22, DOMINGO 23 Y LUNES 24
11:00h. Taller para los niños
12:00h. Visita por el Casco histórico
12:30h. Visita al Museo Paleontológico
13:30h. Visita al Museo Paleontológico

OUR PROGRAM FOR NEXT SATURDAY (22nd APRIL)
11:00h. Museum of paleontology (In English)
12:00h. Guided tour of the medieval village (In English)

NOTRE PROGRAMME DE DIMANCHE PROCHAIN (23 AVRIL)
11:00h. Musée des #dinosaures (En Français)
12:00h. Visite guidée du village médiéval (En Français)

3

En Alpuente podrán disfrutar de un agradable paseo entre sus calles y plazas con cierto aire medieval. Destacan las casas solariegas con portadas de sillerías decoradas con escudos nobiliarios, sus edificios defensivos, el Castillo (en lo alto del cerro sobre el barranco de El Reguero), las Torres y Muralla de la Villa.

En este recorrido descubrirán pequeños rincones y miradores desde los que observar distintas vistas del valle y los alrededores.

A lo largo del el Casco Histórico encontrarán diversos paneles explicativos sobre algunos de los edificios más emblemáticos de Alpuente.

¿Te vienes a conocer Alpuente?

PINTORES SERRANOS: AGUSTÍN ALBALAT

Descubrimos a Agustín Albalat por casualidad hace ya unos años. Uno de sus cuadros se expuso en la inauguración del Ayuntamiento de Alcublas. Preguntamos sobre él y nos dijeron que se trataba de un pintor alcublano que alcanzó la fama, murió joven (1930-1965) y no pudo volver a sus orígenes.


Pascual Patuel, en su libro ”Agustín Albalat. El camino hacia la abstracción”. Diputación de Valencia. Institució Alfons el Magnànim, 2002. Col. Itineraris 12; habla así del artista:

“La presente (muestra) quiere recuperar la figura del pintor Agustín Albalat (Valencia, 1930), que empieza su andadura en la década de los años cincuenta. Desde un ambiente muy limitado en el contexto de pos-guerra consigue superar los condicionamientos de su formación y sabe asimilar el espíritu de la modernidad en el ámbito del paisaje y la naturaleza muerta. Su corta, pero intensa trayectoria, le llevó a evolucionar, desde las posturas académicas del realismo y sorollismo decimonónico, hacia una pintura dominada por el interés formal, hasta desarrollar una obra abstracta de gran fuerza lírica. En este camino se fue vinculando a los ambientes más renovadores del momento”.

 

RETRATO PADRE

Retrato de su padre

Hablar de la pintura valenciana de la posguerra es hablar de Agustín Albalat. Formó parte del Grupo Parpalló, constituído en Valencia en 1956.Vicente Aguilera Cerni, con el apoyo del Instituto Iberoamericano de la Ciudad, es el promotor. El grupo es fundado, al igual que otros grupos de posguerra, para conectar la creación artística valenciana con el panorama internacional tras la interrupción causada por la Guerra Civil. Suelen distinguirse dos momentos en la evolución del grupo: el primero, hasta 1959, está compuesto por artistas de distinta orientación estilística, pero con una actitud renovadora común; son Agustín Albalat, (1930 1965), Manuel Gil (1925- 1957), Salvador Montesa y Vicente Castellano (1927), entre otros. Su referencia fundamental es la abstracción figurativa.

Diarios como ABC o La Vanguardia se harían eco (desde 1950 hasta su muerte) de sus numerosas exposiciones y premios. Incluso María Ángeles Arazo le dedica un extenso artículo en Las Provincias el 5 de mayo de 1971, que reproducimos a continuación.

Artículo de MARIA ANGELES ARAZO
LAS PROVINCIAS – 5 DE MAYO DE 1971 – PAG. 15

AGUSTÍN ALBALAT EN EL RECUERDO
“Después de leer las cartas de Agustín Albalat confieso que he necesitado un tiempo, una pausa larga, antes de comenzar a escribir. Su letra, tan fluida, su sinceridad de expresión; esa terrible angustia, esa loca ilusión y esos ramalazos de humor, encierran tan poderosa humanidad que parece injusto tener la certeza de que hace seis años dejo de pintar, de escribir; dejo de renegar, de soñar, de esperar y de burlarse de si mismo con esa tremenda piedad de los inteligentes.

Lo conocí una tarde invernal. Antonia Mir iba a visitarle al Sanatorio Médico Quirúrgico, y yo le acompañé. Era en noviembre de 1964. En los cristales de su terracita golpeaba la lluvia y se oía también el rumor de los árboles que perdían las hojas. Agustín Albalat tenía un cuadro a medio pintar en el caballete y sobre la mesita, botes de pintura, pinceles, plumillas y pequeñas carpetas con bocetos. Arriba del televisor estaban los dos muñecos que Antonia le había llevado del Rastro; uno de trapo con sus mofletes pintados como lunares, que el bautizó con el nombre de Francisco; el compañero era el popular Nicanor, ese personaje de cartón criatura de la más vulgar artesanía española, a quien el pintor llamaba Claudio.

ABC, VIERNES 24 DE FEBRERO DE 1956. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 39

Hablamos y reímos mucho. Agustín Albalat tenía una gracia extraordinaria para contar anecdóticamente la vida de su reclusión en el centro antituberculoso. Recuerdo que me brindó tema para un cuento, al referirme las andanzas de una asociación caritativa cuyos miembros hacia juegos de manos, tocaban la armónica y algunos hasta vestían de payasos para escenificar chistes. De vez en cuando, se asomaba uno a la puerta y me preguntaba: “ ¿He estado aquí ya?” …. Antes de responder, entraba, me hacia coger cartas de una baraja para no sé que trampa, y apenas veía que yo empezaba a sonreír, se iba la mar de feliz”.

Agustín Albalat permanecía semi-acostado en la cama, con dos o tres almohadones en la espalda. Estaba pálido y su cabello, muy lacio, le caía sobre la frente y las patillas. “¿Entrevista?, No; ya me la harás con motivo de alguna exposición”. Me entregó después el Cuaderno de Arte del Ateneo de Madrid, publicación monográfica sobre su pintura que firmaba Federico Muelas y que se editó con motivo de la presentación de su obra, en la Sala del Prado (del 9 al 22 de febrero de 1961). “El curriculum vitae”, a grandes rasgos, viene en la última página”, dijo.

ABC. JUEVES 3 DE DICIEMBRE DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 67

Lo leí saltando algunos renglones. Nace en Valencia, 1930. Estudia en la Escuela de San Carlos de Valencia. Medalla de Plata de la Exposición de Arte Universitario (1948). Pensionado por la Diputación de Valencia. Beca de El Paular. Reside un año en Madrid (1950). Se traslada a Marruecos donde permanece dos años. Exposiciones en Tetuán, Valencia y Madrid. Primer Premio Paisaje “Venta de Contreras” 1955; Primer Premio Salón de Otoño de Valencia 1956; Premio en la VIII Exposición de Pintores de Africa (Madrid). Medalla de Plata en el Concurso nacional de Alicante 1957; Tercera Medalla en la nacional de Bellas Artes, Madrid; Primer Premio en la IX Exposición de Pintores de Africa 1958; beca Fundación Conde de Cartagena.
Viajes a Francia e Italia. Exposición en Cannes. 1959 Participa en el Certamen: “Veinte años de pintura española contemporánea” (Lisboa). Exposiciones en Madrid y Bilbao. Premio March. 1960: Nuevas exposiciones en París. Seleccionado para la “Bienal Internacional de Venecia 1962”.
“Pero la vida – ¿sabes? – no se puede condensar ahí, en una relación de nombres y fechas. Cuando este bien, algún día, en Valencia, ya hablaremos”.

ABC. SABADO 19 DE NOVIEMBRE DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 62

Su obra se había admirado aquel mismo año, en una exposición que Antonia Mir se encargó de organizarle en el Ateneo Mercantil. Aquella tarde, cuando la conversación perdió el tono bromista, y la noche cubrió pesadamente el cielo, Albalat nos mostró algunos de los bocetos que iba a exponer en la Galería El Bosco. “Yo no sé lo que hago – confesó – . Quedan unas cosas extrañas, pero yo creo que bastante atractivas. Me pongo a rayar y, … ¡hala, a ver que pasa!. Los vio Zobel y me animó a que siguiera. Utilizo siempre plumillas, y a la tinta china negra”. Su voz bajó de tono, y como si necesitara la confidencia, añadió: “En realidad, estoy mas que harto de mi mismo; harto de mis propias quejas y demasiados males reunidos; harto, y con la paciencia y la voluntad a punto de romperse. Soy como una cañería muy vieja y llena de “forats”; tapas una y empieza a romperse por otro lado”.

Se quedo un poco triste, aunque sonreía, aunque afirmaba que Francisco y Claudio le acompañaban, y según la luz la expresión de sus caras cobraban viveza.

No lo volví a ver. Hace unos días Antonia me entregó sus cartas y certificó, sin rubor, que mi piel se ha erizado al conocer la valía de un hombre, de un artista, que luchó hasta el final con una esperanza que , si a veces se quebraba, sabía recomponerla.
Desde su exposición en El Bosco, escribieron los más acreditados críticos de Madrid. José Hierro afirmó: “Cuando uno se enfrenta con estos dibujos, apenas unas formas blancas destacando del fondo negro, no puede menos que pensarse que estamos ante unos cuadros cubistas que se han quedado a oscuras. El rigor preside estas creaciones. Y el primor. No se trata de estallidos de blanco sobre negro, sino de formas muy precisas realizadas con una técnica de rayados finísimos, paralelos y entrecruzados, como podrían ser los de un grabador. Se piensa que los dibujos de Albalat son aguafuertes aún sin realizar. El artista revela una personalidad aún más firme y singular que en sus pinturas. Es una sorprendente exposición”

ABC. 28 DE NOVIEMBRE DE 1963. PAG. 18

Sánchez-Camargo, en su extensa crónica, analizaba la producción de Albalat: “Cada vez mas inquieta, mas ansiosa de selección, y así, de un figurativismo, que tuvo el raro resultado de satisfacer a unos y a otros, para después desembocar en un abstractismo “sui generis”. Y es signo de singularidad hacer que la obra sea diferente a las demás. La estimación de Albalat tan antigua en el aprecio crítico, revalida en esta muestra los méritos que posee. El artista es dueño de algo que solo a él le esta permitido crear. Albalat adquiere la dimensión del gran artista que siempre es”.

Esto sucedía en enero de 1965. Durante estas fechas, el pintor valenciano dejaba constancia de su amargura: “tres años de encierro y en la cama. Pueden ser muchas cosas juntas; y es que estoy medio neurótico y desquiciado. O todo el mal esta en mi; en mi gastada voluntad que llevo a rastras como el que lleva un abrigo viejo que no sirve para nada. También pienso que mi pintura no entra en Madrid. Los dibujos se pusieron al precio de una gabardina, y no de buena calidad; y ni por esas. Juana Mordó compró dos cuadros, y un pintor, el tercero. No dudo de que los adquirieron porque les gustaron, pero estoy seguro de que la razón principal no fue esa. Ayer fui a la exposición. Me llevaron en coche, y regrese con cerca de 39 de fiebre y unos tiritones enormes, pues debí acatarrarme. Con las flores de la estufa ya se sabe. Los médicos dicen que estoy menos podrido que hace tres años, pero me queda el rabo por deshollar (palabras textuales)”.

Sin embargo, su animo, esa llama de entusiasmo que palpitaba en su pecho enfermo, le hizo escribir: “Voy a pintar nueva serie de dibujos (una veintena) para exponer en abril o mayo en Paris. Además he de preparar obras para Nueva York. Proyectos no me faltan. Pienso muchas veces que, a fin de cuentas, todo esto de la vida se reduce a pretender alcanzar siempre algo – y muchas veces no sabemos el que – Nos sucede un poco como aquel pobre burrito, que le ataron u palo delante del morro con una zanahoria en la punta. De esta forma no dejaba de caminar; pero de la zanahoria ¡ni pum! Por eso creo que lo importante es andar, andar, andar; y cuanto mas aturdido y agitado mejor, … pero con ilusión!”.
Páginas y páginas, con su letra a veces desgarrada, con esos graciosos dibujos de Francisco, Claudio y un pájaro, que encarnaba el ave enjaulada que era él. Un pájaro tristón ante esa primavera que despuntaba en las acacias. “Este tiempo no me sienta nada bien. Pienso en el verano; es entonces cuando revivo haciendo con las cigarras, pero sin cantar (lo hago muy mal)”.

Claro que no podía permanecer insensible a esos detalles de acento poético: “la hermana del piso me mando hoy dos rosas rojas de gran tamaño, preciosas. Y proceden, además, del altar de la capilla”

La necesidad le apremiaba. Aceptó los encargos que le hacían: “Portadas para un libro, viñetas de color para una revista industrial y la confección de un calendario a base de máquinas de coser”. La humilde maquina del hogar había constituido años atrás la temática preferida de muchos de sus cuadros. Maquinas de concepción simplísima, pero con un encanto especial en su propia humildad. Negros sobre fondos malvas y rosas.

LA VANGUARDIA ESPAÑOLA. DOMINGO 17 DE JUNIO DE 1962. PAG. 18

Albalat tenía que interrumpir los dibujos. Albalat, a medida que la savia renovaba la naturaleza, se debilitaba. “Estoy un poco harto de esta constante angustia. Cuando me decidí a venir aquí era un caso perdido. Gracias a los médicos y al doctor Pontearroyo. Una noche se me dio, en plena lucidez, la extremaunción; esto fue en septiembre de 1962”.

Francisco, el muñecote de trapo: “tan bobalicón, tan inocente”, y Claudio, el de cartón “que tiene cara de pillo y tunante”, debieron estar muy tristes cuando el pintor cogió el bolígrafo para escribir: “Tengo la impresión de que no sirvo para nada. Hace semanas que no me levanto. Desde mi puerta hasta el fondo del pasillo hay 103 pasos, cortos. Cuando sólo cuente 70 estaré curado”

Nunca más se levantó. La primavera, mediado junio, pudo más que él. Tal vez estaba cansado de luchar. Allí quedaron sus dibujos, el sueño de sus proyectos. Los cuadros de Agustín Albalat colgaban en Museos y colecciones particulares de España, Marruecos, Francia , Suiza, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica y Alemania.
Un día ya no pidió las plumillas, ni el bolígrafo. Un día quedó dormido, ante la mirada atónita de los muñecos del Rastro y de esa primavera azul, que le había vencido sin darse cuenta seguramente.

TERRITORIO Y MEMORIA

Mira la zorra: olisquea el calor. Levanta las orejas y luego escarba la arcilla cuarteada. Lleva horas hurgando en las toperas, con el ansia enroscada al desficio de sus tripas. Husmea en la broza y resolla desprovista de paciencia. Sube monte arriba y entonces el conejo huye loma abajo. Se amedrenta el animal y busca cobijo en los trasquilones del paisaje, donde sentirse a salvo de las pupilas agrestes de quien lo busca. El trajín de la zorra. La escasez de la zorra. Los tejemanejes del hambre. La mordedura del deseo cuando ni a la de tres se cumple.

IMG_20170404_130249_resized_20170404_063223408

El recelo no sabe de escondrijos. Ese temor asoma sigiloso y la cautela va y se aúpa a la respiración acobardada del conejo cuando ésta anda agazapada sobre las sombras melsudas del barranco. La línea desmochada de piteras que marcan las coordenadas exactas del miedo. Los rodales que no son de nadie y pertenecen solo a las aliagas. Las contornadas en las que el musgo seco le pone caras a los ribazos pero se olvida luego de pintarles gestos. Hay un trozo de supervivencia extinguida debajo de cada piedra, en ese vacío estéril en el que las arañas esperan que la noche baje despacio desde los cinglos.

IMG_20170107_184703_resized_20170404_063335004

Esta es una tierra de celtíberos, de bancales habitados por culebras antiguas: las de un cretácico más lejano que la infancia. Un laberinto de trochas caminadas por fantasmas de maquis con los ojos claros que se abrazaron una madrugada al monte. El sabor negruzco de las garrofas es el sabor de lo vivido. El regusto dulce de lo que alguna vez vieron aquellas gentes: lo que otros fueron antes o lo que nunca llegaron a ser. Éste es un horizonte de pasiones de secano, de amores con poca agua, de tormentas desperdigadas en veranos que no acaban nunca o sobre septiembres que no terminan de llegar. Un mapa escrito de desfiladeros hondos y de ramblas con mal despertar. De canteras que esconden en la profundidad de su vientre el sueño polvoriento de los dinosaurios: aquel que un zarpazo del tiempo dio por imposible y convirtió en un montón de huesos hechos de silicato cálcico.

IMG_20170117_212902_resized_20170404_063335201

En ese atlas hay una senda que no conduce a ningún lugar. Cruza por mitad de lo poco que recuerdo, luego tuerce a la derecha y tras ese recodo el camino se pierde. Desaparece en una parcela en la que solamente crecen las rabanizas y unas flores con el sin color de la amnesia. Tal vez la memoria  también es un extenso territorio de interior. La evocación agolpada a trompicones tierras adentro, como un descampado que se extiende desde el hipotálamo hasta las solanas del pueblo, para acabar más allá de la frontera que delimita aquellas tardes de agosto. Por allí deben andar los recuerdos que se helaron sobre los ventisqueros del olvido o aquellos otros que murieron ahogados en el jarabe de feromonas que empalaga el estómago de plástico de unas botellas que cuelgan de los olivos. Los restos se disolvieron lentamente, como lo hacen las bolitas blanquinosas del quince quince cuando los goteros dan de beber a esos pulgones que trepan las piernas de los naranjos.

IMG_20170117_211942_resized_20170404_063335127

Ahora la zorra anda como alma en pena sobre lo cojitranco de su cuerpo y lo desgreñado de su cola. Camina el llano por encima de la sequedad que muestran los charcos los días en que el poniente les da forma de huella. Se mueve con la ingravidez de ser apenas pelambre, como si sus ojos resultasen el único peso de la flaqueza.

 

Existen fotografías que aparecen solo por el álbum vaporoso de los momentos. Un lenguaje de lumbres tranquilas y de sardinas de bota. Una estética de bicicletas viejas y de palabras disecadas que se han hecho pequeñas de tanto guardarlas. La memoria comienza ahí o no muy lejos: donde acaba una calle larga y no hay más que corrales con los tejados de uralita. Las casas son almas retratadas: un eco sordo de voces calladas y de silencios no pronunciados. De una quietud que se apellida chito. En ocasiones esas voces salen a dar una vuelta y se sientan en las esquinas, junto al azufre lavado por las meadas de los perros. La vida entra y sale por las gateras que atraviesan las puertas grandes. Se encoge y a ratos se arrastra para pasar por ese agujero perforado por el centro de las ideas. Las ausencias se han quedado a vivir en las pajareras vacías que decoran las paredes del no regreso. Queda el murmullo enjaulado. No queda otra cosa. La sombra húmeda de las bodegas y esa caterva de balcones que se quedaron sin miradas desde la otra parte del cristal, porque aquellos ojos de la curiosidad se los llevó un tren a Francia o se marcharon con el último autobús de los domingos. El lado vacío de las cosas. Un material frágil arrapado por los años. La fantasía de una niñez engatusada sobre el embuste de los cuentos y los bocadillos de pan, aceite y sal. Alguna vez el otoño no fue más que un aguarrujo en mitad del pensamiento. Como la sangre oscura del matapuerco. Más bien negra. Por dentro de mi cabeza es negra. Igual que aquellas tachas que cosían la mosquitera al marco de una ventana que daba al cerro. Claro que es negra. Como si alguien hubiera apagado todas las luces y esa sangre se hubiera convertido en un grumo de tierra al que acuden las moscas. La quietud: otra vez esa.

IMG_20161211_110248_resized_20170404_063338296

Si lloverá mañana solo lo saben los dioses y los pájaros, porque quedan pocos esperando esa lluvia. Han salido todos corriendo como aquellos ratolines que llenaban el duodeno blando de un muñeco hecho de trapos durante las fiestas: cuando los críos lo molían con una somanta de palos los ratones escapaban por los descosidos de la tela y se apresuraban en todas las direcciones.

IMG_20161210_171632_resized_20170404_063337045

No me preguntes en qué cavila la zorra cuando no come, porque no sabría darte solo una respuesta.

 

    La Serranía, cuatro de abril de dos mil diecisiete

                            Amadeo Laborda

      Autor de La memoria de tu nombre.

            Edicions Lletra Impresa.

LAS VOCES DE LA RESISTENCIA RURAL

Alfons Cervera- eldiario.es

De la mano de Paco Cerdà y su libro ‘Los últimos. Voces de la Laponia española’, Alfons Cervera recorre algunos de los lugares menos poblados del interior de Valencia, la Serranía y el Rincón de Ademuz.

localidad-valenciana-Aras-Olmos-Serranos_EDIIMA20170327_0083_4

Aras de los Olmos

El paisaje siempre será un territorio moral. Lo que allí vive. Todo lo que se mueve. Hasta las piedras que surgen de millones de años atrás. Siglos y más siglos que nos llevan a lo que el periodista valenciano Paco Cerdá llama la paradójica belleza de la despoblación. Acaba de publicar un libro de lectura inexcusable: Los últimos. Con un subtítulo añadido muy esclarecedor: Voces de la Laponia española. Cuidadosamente editado por Pepitas ediciones. Lo tengo aquí, al lado de otros libros, ocupando un lugar privilegiado entre todos los demás. He ido desde hace días de un sitio a otro de este itinerario que abruma por los kilómetros recorridos y sobre todo por ese vacío que va ocupando lentamente, con pulso de maestro, las páginas que lo cuentan. La Laponia española. La periferia de las periferias. Rincones casi clandestinos en las provincias de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló: “menos de ocho personas por cada 140 campos de fútbol”. La hostia. El desierto. Ese vacío que antes les contaba. Y a pesar de eso -como también decía- la belleza que sigue persistentemente en esos sitios, como una liebre agazapada lejos de los disparos que intentan abatirla sin miramientos de ninguna clase.

El libro de Paco Cerdá no es sólo un libro. La verdad es que ningún libro es sólo un libro. Pero Los últimos es lo más de lo más. La vida lo cubre todo, aunque sea una vida aislada del resto del mundo, tan aislada que a ratos es como si la vida y la muerte, en su sentido más filosófico, fueran juntas a todas partes, de la mano, como cuando alguien se enamora de alguien o de algo y ya no quiere soltarlo aunque pasen cien años, como dicen los boleros. Un día me llamó Paco y me contó su proyecto. Hace unos meses. Quería visitar el Rincón de Ademuz y la Serranía. Las tierras de interior. Las que no salen en los mapas. Las del olvido, como dice en el libro Toni Gómez, que un día se cansó de su trabajo administrativo en Sedaví y se volvió a Castielfabib, su pueblo del Rincón. Y habla y habla del abandono a que a estas tierras de interior someten los políticos. Mucha Fórmula 1, mucha Copa América y mucho Palau de les Arts pero aquí arriba sólo nos traen la mierda. Lo de la mierda lo dice a su manera, entre la rabia y la resignación que no es resignación sino esa forma primaria que la gente del monte tiene de asumir y refugiarse de las tormentas. O como Josefina, que volvió de su periplo en Sabadell y se casó con Domingo, natural de Arroyo Cerezo, y allí vive: “la gente va donde le dan teta, y esto me parece que no tiene futuro”. El vacío. Los desiertos. Pero también la pasión de vivir en esos sitios y no en otros diferentes. La pasión, también. Una palabra que no recuerdo si sale en el libro pero que encontramos en todas sus páginas y en sus protagonistas. La decisión de vivir ahí y no en otros lugares que sí que salen en los mapas.

mestre-descola-Paco-Moreno_EDIIMA20170327_0081_20

El maestro de escuela Paco Moreno

Con Paco Cerdá recorrimos las calles de Aras de los Olmos, el último pueblo serrano antes del Rincón. Y hablamos con el maestro de escuela Paco Moreno. Conozco a Paco desde hace no sé cuántos años. Llegó a Aras de maestro desde San Clemente, su pueblo de Cuenca. Y allí se quedó. Llevaba a los críos a recorrer los montes, el método Freinet de la enseñanza, cómo la gente de Aras lo miraba al principio de reojo. Ahora es uno de los más entendidos en el cultivo de la almendra, del secano en general. Se jubiló y sigue en el pueblo. Un pozo de sabiduría, si me permiten ustedes ponerme un poco cursi. Un deslumbramiento para Paco Cerdá cuando conoció al hombre de la boina, que es para él un símbolo de quienes habitan, físicamente y desde su conciencia de resistentes, los crueles inviernos de tierra adentro. Y un poco antes, en la plaza, Manolo Cubell, Noli para los amigos, que fue alcalde de Aras y ahora alguacil, nos cuenta la historia centenaria del olmo que da nombre al pueblo. Lo cortaron por una enfermedad. Y la gente lloraba ese día como si la estuvieran dejando sin una parte importante de su propia vida.

Vuelvo al principio de este recorrido por la belleza de la despoblación. No sé si hay futuro o no para esta Laponia celtibérica. Lo que sé es que sigue habiendo gente que, a pesar de los cantos de sirena que llegan de un futuro inexistente fuera de nuestra tierra, hemos decidido vivir aquí en vez de en esos otros sitios donde prometen engañosamente atar los perros con longanizas. Como no supiéramos que en ningún sitio atan los perros con longanizas.

Y acabo este itinerario -acompañado por Los últimos, ese libro imprescindible- con las palabras de Juanito, uno de los diez o doce habitantes de Sesga, aldea del Rincón de Ademuz. Tiene setenta y siete años. Sólo salió de aquí para hacer la mili en Ceuta. Sus hermanos se fueron a Francia y el Port de Sagunt. Pero él ya no se movió de Sesga. Y no titubea ni un segundo para decir lo que dice: “Yo nunca me he ido. ¿Valencia? Me gusta mucho, pero yo no soy para estar bajo amo. No soy para trabajar en un sitio del que te despachen por llegar tarde y adonde no puedes ni hacer la siesta. No, en amo no. Yo aquí he estado siempre libre”. La libertad que siempre será lo que intuyamos al final de una resistencia que nadie ni nada nos va a arrebatar nunca. Somos ocho habitantes por cada 140 campos de fútbol. Salimos a pocos messis por kilómetros y kilómetros de monte. Pero aquí seguimos. Lejos de esa política -de izquierdas o derechas, qué importa en este caso- que nos quiere vender, como si aquí nos chupásemos el dedo, la moto escacharrada de un futuro para el mundo rural que sólo existe en sus proclamas electorales. Y después de esas proclamas, nada, absolutamente nada. Que esos políticos -de izquierdas o derechas, qué más da- sepan que nosotros sabemos la diferencia que hay entre lo que prometen sobre lo rural y lo que luego hacen. Que lo sepan al menos. Que lo sepan.