PAISAJE DE SILENCIO Y OLVIDO

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

A pesar de la existencia de lugares que sólo salen en los mapas de la imaginación, nuestra comarca está preñada de rincones de vida y de lugares habitados por gentes amables, abiertas y esperanzadas en un porvenir que tarda demasiado en llegar, dado que a cuentas de los más mayores, se padece demasiado tiempo de silencio y olvido.

PUENTE ANDILLA

Ruta Medieval, Baronía de Andilla

Pero además, este paisaje imaginario, se nutre de la tierra de secano y de las pocas huertas que subsisten bajo la influencia del agua de un arroyuelo o una fuente manal; de los pasos dados por unos pies enfundados en unas albarcas de labranza, aspras y rudas, como sus dueños o dueñas (porque de ambas cosas hay en esta tierra anclada en el interior), de los planes de regadío que sangran los embalses sin tomar conciencia.

Se suma al bodegón de nuestra comarca, el olor de la lluvia de una tormenta repentina de gotas grandes; los cortes de luz sin explicación alguna, los cantos rodados de las aguas que discurren por una parte de la comarca (dicen que coincide con la zona más próspera y rica) las voces de los chiquillos y las chiquillas que van o vienen de la escuela (allà en donde todavía la conservan).

Nos han clasificado como “los serranos”, cuando la mayor parte de este territorio de la mal calificada también “valencia castellana”, se siente más identificada bajo el topónimo de Serranía del Turia. Un nombre –el primero—que más bien se entiende como gentilicio que no como topónimo; por ello, nuestra historia siempre ha estado plagada de esgarrones de olvido.

Cualquier persona venida de otras comarcas, se adentra en nuestro territorio y se le antoja que se encuentra inmerso dentro de la geografía del silencio y de las ausencias, que se convierten con demasiada frecuencia, en el imaginario de cualquiera de los que nos visitan como el paradigma de nuestros pueblos, aldeas y lugares.

puente alta calles

La Puente Alta, Calles

Muchos turistas que suelen acudir durante los fines de semana y las fiestas de verano de nuestros pueblos, desconocen la realidad de cuantos vivimos o trabajamos dentro de este paisaje interior habitado por todo un universo geológico, vegetal, animal y humano, que nos caracteriza y subraya.

Podemos decir que la Serranía del Turia es comparable a un relato, en el que la única verdad es la realidad que se vive en cada lugar; que la suma de arrapadas y ternura, conforman nuestro carácter, la idiosincrasia de los serranos y serranas, amasado con los sonidos de las calles empedradas, los rincones naturales, nuestro secano y nuestro patrimonio cultural, lingüístico, monumental, geográfico, histórico, vegetal…

En nuestros pueblos, todavía huele a garrofa en tiempo de garrofa; a mosto de uva, en tiempo de cosecha; a aceite recién prensado tras recolectar las olivas de nuestros campos; a paja seca tras la siega; a mondongo y especies, tras el matapuerco; a jotas y seguidillas en tiempo de fiesta; a carnaval por los idus de “primero d’año”; a gozos y tonadillas arcaicas, teñidas de religión dominante; a buenos caldos y manjares; a juegos de “carteta” y dominó; a tiempo que transcurre bajo otras coordenadas mediante los sonidos de las escobas que agranan calles sin asfalto.

Pues bien, todo eso es lo que ofrece nuestra comarca y hemos de estar bien satisfechos para preservar cada fiesta, cada celebración, cada ciclo. No debemos dejar de lado todo este bagaje si no queremos “puncharnos” con las aliagas del mal llamado “progreso”. Para preservar esta realidad, hemos de solicitar apoyo y ayuda y, en este esfuerzo, nos han de echar una mano las instituciones valencianas, porque somos garantes de la poliedricidad de este País Valenciano.

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HUIDOS Y MAQUIS: LA LEYENDA DE OJOS AZULES

Entre las vertientes del Turia y la Calderona sobrevivió un huido sobre el que se ha construido toda una leyenda, el llamado OJOS AZULES, al parecer natural de Alcublas, hijo del tío Camilo, nacido en 1912, con domicilio en la calle Hospital.

maquis

De él, con esa dosis de oralidad, trata Carlos Llorens en su libro de memorias “La primera década” (Valencia, Fernando Torres Editor, 1983), e igualmente Alfons Cervera lo hace protagonista de su novela “Maquis” (Barcelona, Montesinos 1997).
“El Manco de la Pesquera” ante el interrogatorio de su juicio explica que
…”ha oído comentar entre sus compañeros que andaba por ahí, es decir por el monte un individuo que así se apodaba, pero que no pertenecía a las guerrillas, y también se comentaba entre ellos que lo habían matado, pero sin saber quién, si los mismos bandoleros o la Guardia Civil.” (Sumario 101-V-52, AJMV).
Ojos Azules, que participó en la guerra en el cuerpo de carabineros, no volvió a reintegrarse en la vida civil de su pueblo al ser denunciado. Su padre le ayudaría en los primeros momentos de huido trasladándose y recorriendo en los primeros años 40 los montes de los alrededores de Chera y municipios cercanos en cuyos casetos dejó recuerdo de sus apreciadas dotes de dibujante.

El motivo de la denuncia parece claro:

“…Ojos Azules trabajaba en Valencia en una fábrica de lejías. Era un buen empleado, y el dueño meditaba en dejarle el negocio a él en propiedad. Esto fue el desencadenante de las envidias del hermano del dueño, que pensaba que el negocio acabaría en sus manos. Fruto de sus pensamientos fue el denunciarlo por rojo para de este modo quitárselo de en medio. Entre todos estos acontecimientos el hermano del dueño del negocio murió, y todos los números apuntaron hacia Ojos Azules. Había estado ya tres veces en prisión con anterioridad, y debido al cariz de los acontecimientos se vio obligado a huir al monte.”

dibujo maquis

Su presencia era sabida e incluso consentida por autoridades y población de la comarca. Su suerte se truncó el 5 de julio de 1945. En la Caseta de Doce (Loriguilla), pernoctó con el tío Juan “el Bombo” y su hijo. El alcalde de Loriguilla, Juan Aliaga Baeza “Juanillo” lo denunció en el cuartel de Requena. Acto seguido, de noche, saldría a su encuentro una pequeña dotación mandada por el brigada Abraham López Sánchez. Su aproximación a la casa donde estaba Ojos Azules fue altanero y desafiante:

– ¡Abran!
– ¿Quién es?
– El brigada de Requena.
Para acto seguido verse encañonado y con el disparo encima. La sorpresa cundió igualmente entre los guardias que le acompañaban, que apenas pudieron responder con fuego y detener a quien se dejaba moribundo a su jefe y huía descalzo. Hasta la finca del tío Cardador en el paraje de los Olivastros llegaría. Allí se encontró con la tía Maria de Lino a quien le quitó las zapatillas. Su siguiente rastro antes de trasladarse al entorno de los montes próximos de Marines, sería estar dos días escondido en un nicho del cementerio de Casinos donde antes de abandonarlo dejaría escrita una nota personal.
(Datos facilitado por Francisco Gregorio Montón, cronista oficial de Sot de Chera).

Ojos Azules nunca fue un maqui al uso. Tal vez por ello su leyenda fue en aumento:
…”el disparo que le hirió trajo sus más y sus menos pues “Jerónimo” dudó si la bala había salido de la pistola de “Larry” o bien de la persona que estaba escondida en la casucha, y que en principio creyeron que se trataría de algún guardia civil. Posteriormente se comentaría que quien se escondía allí era el personaje de Ojos Azules, un huido de Alcublas que nunca llegó a integrarse en guerrillas, y con el que Nelson, sin informar a nadie de su grupo, había pedido una entrevista a través del padre del guerrillero, seguramente Rafael. Ojos Azules, en la memoria de los guerrilleros, entorpecía su labor y más en esa zona de actividad, y alguno piensa que poco después de esta acción fallecería, incluso Larry lo identifica con un paisano al que tienen que disparar en el camino de Náquera que conduce a la Cartuja de Porta- Coeli. Por las mismas fechas, y en un paraje cercano lo que posiblemente conlleve algún tipo de relación, la fuerza pública mataría a un desconocido apodado “El Inglés” en la partida de La Miseria (Serra), el 24 de noviembre de 1947.” (Sumarísimo 722-V-47 AJMV).

En posteriores investigaciones en Alcublas, obtuvimos los siguiente testimonios:
…”lo que yo se es que Ojos Azules huyó a Francia –como otros muchos maquis- y que tuvo una hija. Esa hija, años después vino al pueblo a veranear. Estuvo viviendo en la antigua tienda de comestibles de Asunción Domingo que estaba en las Cuatro Esquinas. Después compró una casa que, más tarde le vendió a un alcublano (en la calle de la Discoteca) porque le detectaron una grave enfermedad y ya no subía al pueblo. La hija falleció (creo). Hace unos años trajeron los restos al cementerio y lo enterraron en un nicho –me imagino que de la familia-. Coincide que se llamara Camilo pues a su hija la llamaban “la Camila”.

“Mi padre siempre contaba (mi padre era pastor) y una noche de verano cuando venció la noche y recogió las ovejas en el corral y él se disponia a cenan loque llevaba, se le apareció un hombre que se identificó cómo “el de los ojos azules. Estuvieron juntos, compartieron cena y luego durmieron en la era al lado del corral . Cuando mi padre se levantó ,ya no estaba. También decía que otro día volvieron a encontrarse en el monte, hablaron un rato y luego se marchó. Decía de él que era buena persona, conocía y sabía de muchas cosas y era un poco precavido, seguramente, según mi padre por sus circustancias. Jamás lo denunció , ni lo comunicó hasta pasados muchos aos, para que nadie pudiera saber por donde estaba.”

sello agla2Ojos Azules estaba en el monte como pepe por su casa. Se conocía bien el terreno. La verdad es que era una persona atípica. No estaba afiliado a ningún partido, ni tampoco pertenecía al AGLA (Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón). Es por ello por lo que no generaba muchas simpatías entre los demás maquis. Cuando se daba cuenta que los guardias iban tras de él, les dejaba después papeles escritos en los pinos diciendo el día y la hora que los guardias habían pasado por allí. Esto era una muestra de su buena voluntad, pues perfectamente los podría haber matado…”

“Era hijo de Alcublas. Su padre, nacido en Alcublas, aún lo conocí yo. Dicen que Ojos Azules está enterrado en Alcublas, yo eso no lo sé, creo que no. En tiempos se comentaba que mató a un Brigada y a varios guardia civiles por la parte de Requena y Utiel. Allí se cargó a un Brigada y dos números. Pero él estuvo mucho tiempo por Abanillas.  A su padre le llamaban Camilo Montera, no sé si el Montera sería mote o apellido, no te lo puedo decir. Su padre tenía una finca en Torres. Tenía la tierra junta con A.C. de Alcublas, a partes iguales. El que estuvo también unas cuantas veces por aquí era éste, Rufino, a lo mejor. Yo no lo llegué a ver, pero sí oír de él. Lo que sí que sé es que iban varios: iba uno como si fuera de lego. Mira, iba con una vara grande como de peregrino, llevaba una calabaza y siempre iba disfrazado. Había veces que algunos, cuando se lo encontraban, se ponía a rezar padre nuestro ave maría no se cuantos ni se más… y santiguándose. Iba vestido como si fuera un lego con el capuchón dentro la cabeza. Lo vieron unos cuantos, pero ese no era Rufino.”

cementerio alcublas

Y para terminar, un experto en el mundo de los maquis con el que contactamos nos dijo:

…”Ojos Azules era natural de Alcublas, pertenecía a la familia de los Camilos, lo más seguro es que huyera a Francia donde tuvo descendencia que con el tiempo regresaría a España. Investigaciones recientes nos señalan que viviría en Montpellier donde falleció en 1993. Una hija trasladaría su cuerpo al cementerio municipal de Alcublas, donde reposa con su nombre, el de Luis Pérez (Peris?) Martínez”.

Agradecemos la participación desinteresada de numerosas personas que han querido conservar su anonimato, y a la ayuda de Salvador F. Cava, que con su libro “Los Guerrilleros de Levante y Aragón” desvela muchas incógnitas de este apasionante tema.

LA SEU DEL CINGLO

Petronila la Churra. La Yesa

¡Hoy si, hoy he d’allegar!, eso se dijo a’il mesmo, eso cavilaba el pastor probando de comencese qu’ise dia si, ise seria capable d’hacelo. Guidó el ganau ancia’l cinglo, ise que dominaba toa l’anvista dinde mu lejos, lu’hizo tar cuar tantismos dias trás, y lo mesmo que tós isos dias, si se paraba a escudriñar en el fon del almica suya, sabia que nunca allegaria, que se golveria sobre las chafas suyas de que barruntara la presencia d’ella, d’isa que tanto le penaba remerar. El pastor ya escomenzaba a endivinar la figura n’el cabo riba, munchas veces en ise inte se regiraba dandole la esquena, pero ise dia algo diferiente se barruntaba, tar cuar si l’hora hubiera allegau.

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El sabía destinguila mu bien, nu’era ná fácil, al adonala dinde la destancia, dinde los bancales u los lugaricos, la vista s’aturullaba, s’embolicaba con el mesmo cinglo, naide asampaba guipar isa polideza manifica ni tan sisquiá la abrobil grandaria d’ella, la chente nu’asampaba guipala asina, amagaica dentre las peñas, isas con las que la montaron.
Pocos remeraban isos días de gloria, n’años de gracia, a la que bregaban chuntos pá obrala, pero el si, el tio Perico el Cucho, el pastor, anque le penara muncho hacelo, tenía mu presientes isos días. ¿Cuanto hacia d’aquello?, muncho, ni tan sisquiá s’atrivia a parase a cavilalo, eran ya décadas, munchas, agora él era mu viejo, más de lo que l’hacia gozo reconocer, pos isa vida tan solenca l’hacia perdir l’esme, el sintído del tiempo, tós los años eran ya parejos pa’il, sin ilusiones, sintindose juto, laso.
S’enfiló drecho a la cinglera, rodiá de barrancos, más allá de las tierras acaramullás de bancales se devantaba por dencima de tó farruca, mestica, mesteriosa, tar cual si juera impercanzable, iso jué dicierto lo que les aluzó antaño, lo que les clamó ancia ise lugar tan repropiau dentrar, tan alejau de los lugaricos pero a la mesma ves presiente en tos ellos pos isa fegura de la cinglera se guipaba dinde mu lejos, dinde cuasi toas las masadicas y lugares de la contorná.
Se sospendrió ise dia a si mesmo mu cerquica, muncho mas de lo qu’habia sido capable enantes, a la qu’estaba ya chunto al barranco se paró adonando el puente, sintió una punzá drentro al percatase que los angelotes que lo franquiaban enduraban allí, embolicaus de yedras y verdines cuasi no se destenguian de cualquiá otra peña, el pastor sabía muy bien ande estaban, el aun era capable de destinguir iso quel tiempo s’encasporraba n’amagar, pa qu’asina la chente d’este mundo, chano chano s’oblidara d’isa gosá ententona de dominar la peña, d’abotinchasen de gloria, pos isa gloria paicia agora nomás reservá a la cinglera mesma.
Dispues del puente bien sabía lo que l’asperaba al que s’enfilara pu’alli, unas escalas entretallas en la peña, dicierto habian d’estar atibacaicas de verdines y peñas sueltas del cinglo, dicierto habia de ser mu repropiau subilas, antimas no podia albandonar al ganau, asina que se regiró con l’entención de golver a casa tar cual tantas otras veces que provó de cercase. Antonces los guipó, acudian drechos al encuentro suyo, el tio Perico s’espertugo una miaja, nu’asperaba guipar nenguno pu’alli, estaba amarinau a estar solenco in esos momentos tan intimos, isos en los que le penaba habese cercau a l’abrobil cinglera.
-Tio Perico, ¿que no me conoce?, soy l’Andres, el ñeto de la tia Pepica, qu’es prima suya.
-Ah si chiquillo, si que ties una regirá, es que no m’asperaba topetame con ninguno pu’aqui, ¿y el amiguico tuyo de quien es?
-Soy el ñeto del tio Simón el molinero, no me conoce usté pos vivimos en la ciudá y hace munchos años que no subimos al lugarico.
-Claro, eres igualico quel padre tuyo de mozo, ¿y que sus trai a estos cinglos?.
-Nus hace gozo subir al cinglo, nus han charrau qu’hay una iglesia albandoná, usté dicierto sabe pu’ande se sube.
-Iso es mu aperilloso, me paice qu’hace munchismos años que no sube naide.
-Pos nusotros nus hemos hecho l’animo tio, dicen que hay un pontarrón que cruza el barranco y dispues unas escaletas de peña.
-Si, ahi mesmo están, pero me paice que nu’asampareis subir pu’ahi, pos dicierto las escalas estaran ya enrunaicas.
-Antonces, ¿pu’ande se pué subir tio?, l’agüelo miyo nus charró que los obreros subian pu’el lau d’atras.
-No se ná, no quiero saber nadica de tu’eso.
-Tio Perico, me paice que si sabe y no nus lo quié dicir, ¿qu’es eso que l’amuina?, ¿u es qu’anguna cosa le clisa allá riba?.
-Ná, solo hay peñas, un munton de peñas, me paice…
-¿le paice?, ¿nunca ha estau en lo alto?
-No dinde… güeno no m’hace gozo subir, antimas con el ganau nu’es posible.
-Pero tio si l’agüelo miyo charra que subian carros estiraus con machos carriando fusta, algéz y de tó pa l’obra, tamien el ganau subiría.
-Si, es verdá, pero es muncho mas largo ise camino, y mu enrriedau pos agora tié qu’haber salio muncha broza.
-Güeno pos lo rebuscaremos, me paice qu’he sintio qu’es por la lomera d’isa pedriza y dispues…
-Sus esperdigolarais mozos, no sus veo mu de monte, dejar la ideya de subir al cinglo, hay andurriales muncho mijores cerca del lugar pa divirtirus.
-Pos ná tio, no cavile, nus andaremos con tiento, pero nus vamos a buscar el camino de la lomera.
Conforme s’enfilaron pa la pedriza el tio Perico s’enfiló pal lugar con el ganau suyo, isos mozos no tenian ni miaja conocimiento, ¿a quien se l’escurria semajante desficacio?, ná güeno barruntaba. Con iso roldandole en la casporra, de sopeton se percató que sin ser dispierto sisquiá de los actos suyos, habia en angún inte cambeau de direción, agora caminaba drecho ancia la pedriza.
-Chiquillos siguirme, vamos al cinglo.
-Pero tio Perico, ¿que l’ha hecho cambear d’ideya?, ¿agora quié guidarnus?
-Ya va sindo hora de concarar los pantasmas, antimas usotros solencos nunca asampareis allegar, es un camino mu enrriedau.

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Pararon en lo alto de la lomera, los mozos carriaban almuerzo y le convidaron, el tamien sacó el suyo y compartieron una miaja toa la manduca, mientres, los mozos no paraban d’hacele preguntas d’aquellos tiempos antigos. Les esplicotio quel Mosén d’aquel antonces les charro de la gran obra que pretiendia, don Jacinto, asi le dician, era una presona mu inteligente, mu pitico y trebajador, antimas de la carrera de Teologia tinia la de Arquitetura, asina qu’escomenzó a charrales de la visión del, algo abrobil, imposible diría cualquiá que no conociera al Mosén, pos paicia cosa d’orates, ¿n’isa cinglera una iglesia?, ¿charraban seriosamente acaso?, nu’era posible. Pero la chente que lu’aurraba si creía n’él, tinia una mena d’aura qu’aluzaba, machica, henchicera, y que comencia dica’l mas repropiau. Asina escomenzo tó, asampando que la chente s’ilusionara creindo en semejante marabilla. Muncha chente l’aduyaba, anque solo juera acarriando fusta y picando peñas, don Jacinto trebajaba dia y noche sin discanso en los planos, lo queria tenir to controlau, pero le mancaban manos, precisaba artistas pa que la polideza de l’obra juera de lienda, asina, a la que le charraron d’un mozo qu’entretallaba fusta, quiso vesitalo enseguidica, vivia en una masadica de las mas lejanas de la rodalá, alli se presientó.
Los guidó sirpentiando dentre matojos, n’angunos rodales aun s’endivinaban las carriladas de los carros que mientres años trillaron isos andurriales, agora las aliagas, romeros y esnebros lu’enllenaban cuasi tó, aun asina albanzaban escopetiaus, el tío Perico paicia que tuviera corricutas, dispues de muncho rato de subir por la lomera, hubieron de bajar unas rochas pro empinás pá ensiguida escomenzar a subir otra ves, era una rocha muncho más larga, subía aspacico por uno de los laus del cinglo, los mozos se figuraron qu’habian d’estar justico al otro lau de las escalas de peña.

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-Tio, ¿antonces subían puaqui tras los obreros?
-Pos claro, jueron menester munchos andamios de fusta y muncho algéz, había que subir manduca y agua, anque había aljipes alla riba, emplegaban isa agua en l’obra, asina que pa beber la subían a diario.
De que don Jacinto guipó la fegura d’un bu dencima de la puerta, supo qu’era lo que precisaba, lo que le mancaba pá que iso que ya naide podia parar aganchara un ran munchismo mas alto, pos perras pa pagar artistas afamaus de la ciudá nu’habia, dispues, a la qu’entro y guipó las pinturas se percató que no podia dejalo escapar, si con tierras de colorines que replegaba pu’el monte era capable de montar isos cuadros, ¿que seria capable con güenos matiriales?, habia de pintarle los santos y virgenes, enllenaria las paderes qu’agora los obreros escomenzaban a devantar espullaicas, las enllenarian de bonicas escenas de santos en vivos colorines.
No le costó muncho comencer al mozo de que escomenzara a trebajar pa’il, pos el mozo habia sintio charrar que l’obra estaba en marcha y era una cosa tan improtantisma que se sintio mu pagau de fromar parte d’isa marabella. Anque’l mozo nu’habia estudiau arte, naide l’habia anseñau a trebajar la fusta ni la guisa güena de pintar, eran cosicas quel mesmo hacia pá divirtise, por que l’agustaba y se sintia mu bien mientras lu’hacia.
Dicidiron escomenzar con la fusta, allí, en la casa suya, entretallaria feguras de los santos qu’ha Don Jacinto l’hacia gozo poner en l’obra, pintaria retablos de los milagros quel le esplicotiara, asina si ancaso no l’agustaba el resultau no se ficarian, pero si tubiera gracia al pintar toas isas cosas en la fusta, dispues pintarian las paderes, y dica las regüeltas de la cupula.

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Don Jacinto inoraba lo mijor pal proyeto, era parte de la vida suya, algo que carriaba bregando dinde chicuto, cavilandolo, figurandoselo, pu’eso mesmo estudió arquitetura y teologia, se metió a mosén y agora tinia isa misión, devina, si, habia de ser algo devino, asina lo creia en verda, asina lo barruntó a la que una estrania sensación lo enfiló al cinglo, ¿como sinos iba el a cercase pu’alli?, hubo de ser una juerza devina y mestica. Dispues, a la qu’asampó que la chente de toa la rodalá le siguira en isa misión suya, se percató que estaba en lo cierto, era algo que naide aturaria, asina pos, era menester que juera perfeto. Era mu güena presona, la chente le tinia muncha almiración, sin repropio merecida, pos naide sabia mas quel, nunca habian conocido a naide mas inteligente y mas trebajador, iso jué lo que mas les agustaba del, pu’eso le siguirian dica ande a’il l’hiciera gozo allegar, dica lo alto del cinglo.
La gloria, la polideza devina nu’allegaria con los ramplones santos de las masadicas ni lugaricos rededor, era menester algo que clamara a la chente de mas lejos, del mundo entero, angun milagro, anguna reliquia, si iso era lo que precisaba reliquias de santos pá que la chente acudiera. Las perras nu’endurarian muncho mas, asina lo mijor seria hacesen con anguna antes con antes, asina la chente escomenzaría a pelegrinar alli, dejarían ofrenas y asina asamparia el rematar isa gran obra. Tras munchas carticas con espertos teologos, mosénes y obispos, allegó de la mesmesima Roma una reliquia, el brazo enmalvau de san Teodoro de Sikeota.
Mosén Jacinto ensiguida comencio a munchos de lo miragloso d’ise Santico, la chente mas prosima a’il cavilaba qu’habia de selo, pos pa iso l’habia enviau el mesmesimo papa de Roma, pero la hestoria d’ise santo era estrania, la ramplona chente de los lugaricos estaba amarinadica a los santicos suyos, este nuevo no sabian mu bien que miraglicos habia asampau en vida, ni de que guisa los hizo. Asina que don Jacinto s’enfiló a casa’l pintor y l’esplicotio los repropiaus miraglicos del santico, acaicieron con personaches de tierras lejanas y enrriedaus nombres, era menester juera capable de pintalo mu bien, pa que la chente lo apriendiera pronte y escampabillaran rededor lo miragloso qu’era, asina la reliquia gozaria d’una devoción mu grandiza. El probe artista nu’allego a compriender mu bien isa hestoria del santico, asina qu’enduro con la faina que tinia escomenzada, la de pintar los santos de cadascuna de las ermiticas de la rodala, los de cada iglesia, pá que tos los lugaricos estubieran en la nueva iglesia, caviló qu’asina la chente se sintiria parte de isa obra.

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Al poco tiempo el Mosén mando clamar al mozo pá que le presientara angun trebajo, el mozo habia escomenzau a trebajar la peña, habia apriendio a sacar feguras d’ise matirial tan duro, asina que le carrió a la obra dos angelotes grandizos, tar cuar un hombre d’altaria. Eran de peña pura, don Jacinto se sosprendio de lo bonicos qu’eran pero ala mesma vez se sintio dececionau, nu’era lo quel asperaba, l’habia charrau de la necesidá que tinian de esplicotiar los milagros del santico nuevo, y el le presientaba isos angelotes que naide l’habia encomendau, asina que decidió que los ficaria bajo, n’el puente recin estrenau, por donde pretiendia que la chente subiera al cinglo. A los pocos dias jué el mesmo a estase con el mozo pá esplicotiale los mesterios otra vez, de qu’entro en la casa se llevo otra dececión muncho mas grandiza, ese muchacho era mu tarugo, alli nu’habia nenguna de las escenas quel l’habia encomendau, a la contra solo guipaba santos mu ramplones que no trairian nengun pelegrino. Trato de comencelo por las güenas, era menester que compriendira que se debian a mayores glorias, a misiones d’altura y no a las ideyas propias del pintor aficionau, escogio unas tablas y le dijo quel mesmo las apañaria pa que jueran perfetas, pos anguna ideya de debujo tinia.
A la quel mozo vesito el cinglo se quedó maravellau de lo bien que lucian las pinturas suyas con aquellos doraus de pan d’oro y las incrustaciones de plata de lay, pero de sopetón se percató qu’habia munchos detalles y feguras quel nu’habia pintau, al adonalas de cerca se guipaba con claricia qu’habian añidio munchas cosicas y dica borrau otras, angunos santicos ni tan sisquiá se sabia quien eran, lo mesmo podia ser el nuevo santo quel viejo, vesten a saver. Pero no dijo nadica, no l’agusto muncho iso de que cambeara l’esencia de la faina suya, pero ¿quien era el pa custionar iso?, l’almiración que sintia por don Jacinto era mu grandiza, asina que lo dejo escorrer, golvió a la casa suya y enduro pintando a de la guisa suya, las cosicas que a’il le paicieron mijores, las que compriendia y las que la chente de las masadicas el cavilaba que tamien compriendia.
Mientres, Mosén Jacinto cavilaba que la voluntá d’un ramplón que ni tan sisquia tenia estudios nu cogia en ise menisterio del. Asina se l’hizo saber a la que le vesito de nuevas, isa vez le charro mu entufau, le chillo lo quel inoraba, lo quel habia cavilau qu’era lo mijor pal menesterio de la Seu, pos nu’era una iglesia, era una Seu, la Seu suya. Le charro de otras iglesias, de santuarios ande acudia muncha chente por qu’habian hecho las cosas bien, asina que pu’el camino ramplón nunca asamparian percanzales, l’esplicotió qu’era menester hacer lo que la chente inteligente con repropiaus estudios dicia, y no lo que cavilaba un mozo aficionau al arte sin letricas ni na. Iso le penó muncho al mozo, pos la chente ya le dicia lo güen artista qu’era, asina quel mozo se jué abotinchando d’esito, se figuraba qu’era mu güen pintor, pero agora el Mosén no solo futía el trebajo suyo clamandolo ramplón, sinos qu’antimas barrunto una cosa mas fonda, le futía a’il mesmo por no ser tan intelegente, por no tener estudios d’arte que le dieran ran.
-¿Que paso antonces?. Preguntó l’Andres.
-Pos me paice que nu’allegaron nunca los pelegrinos que asperaba don Jacinto, asina qu’al remate se quedo tó sin acorar, jué una pena mu grandiza, tanto trebajo pa ise murrio remate.
-¿A usté tio, le paice que la culpa jué lo lejos y repropiau que se les antojo obrar la Seu lo qu’espantó a la chente?
-No, no jué iso, si s’allega al corazón de las presonas, se chenera una juerza mu entensa, es una ilusión mu grandiza la que siente antonces la chente, asina que si hubieran asampau allegar al almica mesma me paice qu’habrian ido ande juera, por mu largo pelegrinaje habrian acudio, y por más escalones na les impidiría subilos.
De que entraron en isa enorme nau sin techumbre, se percataron que si habría sío una gran Seu, el tio Perico se cercó ancia una capilla, habia unos tabletones n’el suelgo, se cerco drecho ancia ellos y les dio la guelta, se quedo parau muncho rato adonando el rostro pintau en el tableton, un rostro limpio, sin adornos, el tiempo habia borrau los doraus, las coronas de plata, solo enduraba en la probe tablica l’esencia mesma de la pintura, la carica d’ise santo, ise que dispues vistieron con ropajes de colores, devinas auras que lo aluzaban y coronas de oro pa que paiciera un santo miragloso. Le jué imposible escusase las lacrimas, la gola l’hacia muncho mal, tar cuar si se la travesaran con un guchillo, antonces sin sisquia cavilalo, se guardó la tablica en el zurron y s’aparto de los mozos pá que no se percataran de que carriaba chorreras en la cara.

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Los mozos escudriñaron maravellaus tó enrrededor, era algo que no tinia ficacio, algo que naide s’habria figurau en la vida pudiera esistir en ise cinglo, a la que cavilaban lo repropiau de subir los matiriales dica al cabo riba, lo muncho qu’hubieron de bregar isas chentes montando peña a peña isos pilares, isas altismas paderes, se percataron qu’habria sio pareja a cualquia Seu del mundo, ná tinia qu’invidiar a nenguna, pos d’haber asampau acorala habria tenio munchas cosas unicas, especiales, namás por la polideza del lugar y las anvistas que dinde alla riba s’adonaban ya hubiera sido una esperiencia mu mestica, el subir a la Seu hubiera sio algo qu’habria señalau de por vida a cualquiá pelegrino.
-¿Tio perico, por que se dejo usté de pintar?, son mu guenas isas pinturas.
-¿Que charras mozo?, no m’esplicoteo por que cavilas que’l pintor juí yo.
-Tio, l’he guipau a la qu’adonaba la tablica con el retrato, isa que carria en el zurron, ¿que santico era?.
-Pos la verda no remero el santo, lo pinté a semejanza del padre miyo, un güen hombre, al poco de pintalo faltó, asina que si, de sopetón l’he cariñau muncho.
-¿pu’eso se dejó usté la pintura?
-No, no jué pu’eso, la verdá es que nunca he charrau d’esto a naide, pero güeno ya va sindo hora de charralo, sinti que la chente d’alto ran nunca apreciaría la faina miya, antonces había chente que me dicia tos los dias lo bien que pintaba, lo rebonico de los cuadros, asina que la farruqueria me domino, me golvi presuntoso y antonces el que don Jacinto me dejara clarico que nunca sería naide, que nunca allegaria al ran suyo pos yo nó tinia letricas, me peno muncho, tanto que golví a mi vida ramplona de siempre, la pastura.
-Vaya tio, pues es una pena mu grandiza to, ahora caviló que lo mesmo el dejase usted de pintar dejó está Seu murria y vacía, ¿no le paice que con estas pinturas hubieran allegau al corazón de la chente y asina habria donativos y pelegrinos?
-No, agora ya no cavilo asina, antaño si, pero con los años m’he percatau qu’otro pintor cualquiá habria allau el mosén, el que se quedara sin pinturas y entretallas miyas no jué lo que la sentenció, jué namás una consicuencia.
-Antonces, ¿que le paice agora que jue lo qu’esbarró?, ¿quien jué el culpante?.
-Pos jué la soberbia, la farruconeria, isa que sinti yo, m’estrozó a mi mesmo, pero la que sintia el mosén l’estrozó a’il, quiso lo mijor, bregó muncho p’asampalo, pero la manificencia de tu’esto l’acaramullo de farruconeria, chano chano se jué abotinchando, sintio que poseyia la verdá asoluta, antonces dejó d’ascuchar a la chente, nus perdió a tós, yo solo juí de los primericos en cair.
-Vaya, que pena, habria sio algo tan bonico…
-Si, pero al cinglo no l’hacia falta la Seu pá ser bonico, ¿no sus hais percatau de que dinde la destancia, dinde cualquiá lugarico se pué adonar en los dias claricos?, ¿sus percatais de quel es l’unico que endurará a la que los dias de los hombres rematen?, es farruco si, pos es l’unico que se pué premitir ser asina, l’unico que siempre tié la razón.

Vocabulario:
Abrobil: Enorme
Amuinar: Preocupar
Anvista: Paisaje
Atibacau: Repleto
Aturar: Parar
Aurrar: Tratar
Enrunar: Enterrar
Esperdigolar: Perder
Espertugar: Sobresaltar
Espullau: Desnudo
Futir: Menospreciar
Gosau: Osado
Inte: Momento
Juto: Seco
Laso: Vacio
Ran: Categoria

LA SERRANÍA. TERRITORIO MINADO CONTRA LA BELLEZA

Alfons Cervera.

diario.es

http://www.eldiario.es/cv/opinion/Serrania-Territorio-minado-belleza_6_617048301.html

La Serranía es una de las comarcas más hermosas de este país que borra del mapa lo que no le interesa. Es una de las más grandes. Y también una de las más despobladas.

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Hay sitios que existen de verdad, pero es como si no existieran. No aparecen en los mapas. Los medios de comunicación sólo hablan de ellos cuando sucede alguna catástrofe que los afecta directamente. La política los abandonó hace años. No hay votos suficientes para ningún partido porque en esos sitios no vive casi nadie. Antes sí. Antes vivía mucha gente en los pueblos que hoy están casi abandonados. Pero la vida es más difícil en unos sitios que en otros. Y los pueblos del interior se fueron quedando vacíos. La emigración a Francia, sobre todo. Y a Barcelona. El no regreso. La gente se va y casi nunca vuelve. A lo mejor vuelve para las fiestas patronales. O para abaratar las vacaciones del verano. Pero la vida en esos pueblos no es vida de verdad, es supervivencia. Y, sin embargo, hay gente que hemos decidido vivir en esos pueblos de la Serranía y no en otros. Aunque a ratos sea difícil resistir, casi imposible.
La Serranía es una de las comarcas más hermosas de este país que borra del mapa lo que no le interesa. Es una de las más grandes. Y también una de las más despobladas. Por eso, como decía antes, al mundo de la política -sea cual sea- le interesa bien poco lo que pasa aquí arriba. Hay otras comarcas parecidas. No somos los únicos que sufrimos ese abandono de nuestros representantes públicos. Pero uno ha de hablar, principalmente, de lo que conoce. Y lo que yo más conozco es la Serranía. Apenas una veintena de pueblos. Apenas entre todos unos catorce mil habitantes. Y de esos catorce mil, más de la mitad se los llevan entre tres de esas poblaciones. Como si la Serranía fuera Siberia. Más o menos. Hace muchos años era difícil recorrer los pueblos serranos. Todo quedaba lejos. Las carreteras eran caminos de carro. Ir de un pueblo a otro era como un viaje de Julio Verne al centro de la tierra. Poco a poco nos fuimos conociendo. El punto de descubrimiento fue cuando se quiso instalar en el Domeño abandonado, hace casi treinta años, un almacén de pararrayos radiactivos. Nos opusimos. Hasta los del PP se oponían. Claro: entonces mandaba en la comarca el PSOE de Joan Lerma y se trataba de engañar a la gente. A esos del PP les importaba un pito el almacén radiactivo. Lo que querían era echar a los socialistas. Y lo consiguieron. Luego abandonaron las pancartas de la protesta y se dedicaron, en los pueblos donde gobernaban, a convertirlos en estercoleros. Así es la vida: imposturas y traiciones a destajo. El almacén se fue a otra parte. Y ahí, en aquel suceso lamentable, nos descubrimos como comarca, como tierra común, como un sitio lejos de todo pero con el alma de una resistencia a prueba de bomba.

La resistencia sigue. Sencillamente porque es la única manera de salvar lo que más nos identifica: el paisaje. Somos bosques, sendas incorruptibles, cielos tan limpios como el de las noches marsellesas, agua que no deja de brotar por trochas inextricables, gente que sólo sabe lo que ha de saber la gente decente: que la mayor nobleza se la debemos a la tierra donde nacimos y en la que hemos decidido vivir cueste lo que cueste. La resistencia tiene que ver con la belleza que antes les contaba. Somos una tierra hermosa. Pero desde hace años esa tierra está agujereada impunemente por las excavadoras. Las minas de explotación a cielo abierto. Las montañas se convierten en pozos sin fondo. Los árboles desaparecen y en su lugar quedan un inmenso agujero de color marrón, muelas ancestrales convertidas en calvas abruptas que parecen calaveras, un olor a mierda que supuran los deficientes contenedores de basura planetaria que ha encontrado en la Serranía su particular territorio de intereses bastardos. Luchan esos depredadores contra la belleza de mi tierra. Les importa un pito la destrucción de lo más nuestro, de lo común que nos junta en medio del infortunio: ese vivir apegados a los pueblos donde nacimos y donde hemos decidido vivir a pesar de la intemperie política, de las traiciones a destajo, de que no aparezcamos en los mapas.

Pero ya digo: la resistencia está ahí. Por eso el otro día -¡al fin!- vinieron a visitarnos responsables políticos de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana. Algo es algo. Quienes no aparecen para nada son los de Turismo de esa misma Generalitat. O de la Diputación de Valencia. Seguramente la Serranía los pilla a trasmano. Mucho hablar del turismo rural pero sus eslóganes no dejan de ser una manera retórica de marear la perdiz para que todo siga igual que cuando los dinosaurios corrían como ardachos gigantes por las huertas de Losilla de Aras. La visita del otro día era para ver el estado en que se encuentran las montañas copadas por las minas. Territorio minado contra la belleza. Eso somos. La comitiva se detuvo en una de esas explotaciones. Y uno de esos explotadores se subió a una excavadora y embistió a quienes formaban parte de la comitiva. La agresión a la tierra y a las personas se juntaban ese día en la forma de un salvaje al que sólo le importa su negocio, aunque sea a costa de liquidar los bosques y el aire que esos bosques nos permiten respirar con absoluta pureza. No se trata de un caso único ni es la primera vez que ocurre. Hace años que esa violencia existe. Los mineros dicen que defienden sus derechos. Lo que no entienden -porque no quieren entenderlo- es que nosotros también defendemos los nuestros.

Hay sitios que existen de verdad, aunque demasiadas veces no salen en los mapas. Este artículo les llega a ustedes desde lejos, desde uno de esos sitios: la Serranía, carretera de Ademuz arriba, buscando tierras de Cuenca y de Teruel. Seguro que habrá sitios hermosos en todas partes. Yo les acabo de contar uno de esos sitios. Ahí se juntan -con deseos de dignidad y de nobleza- la belleza irrepetible de una tierra y la resistencia de sus gentes a que esa belleza desaparezca en manos del abandono político y de la vieja y enconada violencia de las excavadoras.

DES-INFORMACIÓN PERIODÍSTICA

En el diario Las Provincias del 6 de marzo se recoge una noticia sobre la acogida a emigrantes en la Comunidad Valenciana. Dejando a un lado el carácter general de la noticia y la idoneidad o no de los lugares señalados para acoger a estas personas, el articulista se ceba de manera incomprensible con el pueblo de Alcublas.

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El texto, cargado de dramatismo, recoge informaciones erróneas y deformadas del pueblo de Alcublas:

  • Un pueblo sin gasolineras.
  • Paisaje postnuclear.
  • Albergue semiabandonado y raído por el sol.
  • Edificio con desconchones, cristales rotos y con papeles para evitar la entrada de aire.
  • Campo de futbol con porterías oxidadas, hojas secas y cajas de cartón abandonadas.
  • En invierno hace mucho frío y en verano te asas.

Es inaceptable que por motivos políticos se de una imagen tan errónea de Alcublas, nada más lejos de la realidad. Señor periodista, los alcublanos cuidan su casa como los que más, por lo que ese sentimiento de desidia y abandono que da a entender en su artículo es del todo falso. Esperamos una rectificación y también una respuesta oficial por parte de nuestras autoridades quejándose de manera enérgica a este diario.

Pensamos, señor Arturo Checa, que la misión del periodista es no ser prejuicioso, ser justo y equilibrado en sus artículos, algo que, en esta ocasión, usted ha pasado por alto.

Hemos querido añadir una carta publicada en facebook dirigida al periodista que redactó el artículo:

Me llamo MªJosé Cabanes, vecina de Alcublas y propietaria de la ESTACION DE SERVICIO TALLER CABANES SANZ, sí han leído bien, en Alcublas hay Gasolinera!, igual les parece sorprendente, pero estamos dando servicio desde el 8 de Julio de 1992, por lo que este año celebraremos nuestro 25 Aniversario.
Me indigna al tiempo que me entristece enormemente que se realicen este tipo de artículos, con un trabajo de investigación tan malo como traslucen sus palabras. ¿Cuántas veces han estado en Alcublas? Imagino, por sus palabras que usted Checa en ninguna ocasión, y usted Signes, imagino que una vez para realizar este “reportaje” fotográfico. Aunque he dudado si su GPS se confundió y le llevo a Chernovyl o a Fukushima.
Permítanme que les cuente algunas cosas de Alcublas, que ustedes han “obviado” en sus artículos, del domingo 5 de marzo y del lunes 6 de marzo.
Se accede desde Valencia, tomando la CV-35 hasta enlazar con la CV-339 y luego continuar por la CV-245, aproximadamente a unos 45 minutos de Valencia, por lo que como ven, no estamos perdidos en el mundo…
Uno de los significados del nombre de Alcublas, es Ayuntamiento de gentes, gentes trabajadoras, hombres y mujeres dedicadas a la agricultura, como actividad principal del lugar, que trabajan mucho para mantener un pueblo pequeño, pero muy grande en esencia.
En nuestro pueblo tenemos farmacia, colegio, peluquerías, escuela de educandos, centro médico, piscina pública, dos alojamientos rurales, El Mirador de la Torre, y La Seca, en los que degustar la maravillosa olla churra con unas vistas impagables, dos oficinas bancarias, dos hornos con productos típicos de nuestra tierra, una carnicería, García Bonet, con productos en los que se unen gran calidad y tradición, y que ahora también con su Despensa Serrana ofrecen sus productos, a tres comarcas valencianas: Serranía (Valencia), Camp del Turia (Valencia) y Alto Palancia (Castellón), tienda de comestibles con todo tipo de género, restaurantes como El Molino, en el que el buen trato y la calidad son los protagonistas, Hogar del Jubilado, cafetería-heladería Sefos,bocaterías, empresas de construcción, de carpintería metálica, centro cultural, estanco, supermercado, Cooperativa en la que se produce uno de los mejores aceites, y muestra de ello es el Primer Premio en la I Cata de aceite de Oliva realizada en la XIV Mostra de Vinos, Cavas y licores y XII de alimentos tradicionales, en Valencia, celebrada en 2012.
A todos estos servicios, se les une el gran número de asociaciones que conviven creando un entramado asociativo rico y diverso: Asociación de Amas de casa “Atenea”, Asociación de Jubilados, Asociación Juvenil El Catxirulo, encargados de la Escuela de Verano, Club Deportivo Alcublas Muntanya, Junta contra el Cáncer, Alcublas corre, Grupo de Jotas de Alcublas, Grupo Alcublano de Teatro GAT, Grupo de Pelota Valenciana, Asociación Cultural Rey Don JaimeI-Virgen de la Salud, Asociación Cultural San Agustín “Toros”, Asociación Cultural Las Alcublas Acla, con numerosas actividades a lo largo de todo el año, Sociedad de Cazadores, “Gallipato Alcublano” M. Ambiente, peña Valencianista, Peña Motorista, Cáritas Diocesana, Unión Musical Alcublana UMA con una larga tradición…Y sí, también hay albergue, para nada situado “en mitad de la nada”, y está claro que para acoger a familias se debe acondicionar adecuadamente, pero deben entender que actualmente este lugar está abierto para todo aquel que quiera “acampar” alguna noche, por lo que sería difícil acondicionarlo completamente sin tener unos caseros que se ocuparan de su mantenimiento y cuidado diario. Imagino que entenderán que si se ha propuesto este lugar desde la corporación de gobierno de la localidad, en el caso de llegar refugiados, se preocuparían de que previamente esté todo acondicionado perfectamente para uso diario como vivienda.
Podemos presumir de un entorno con mucha historia: Los Molinos construidos entorno al s.XVIII. Parque de la Salud, Fuente y abrevadero de la Plaza S. Agustín, Antiguo pozo de La Cava, Lavadero de la Cava, Lavadero de la Plaza S. Agustín, Antigua almazara, Las “carrileras” de La Solana…etc
No es un “deporte de riesgo”, como dice usted en su artículo venir a Alcublas. El riesgo son juicios de valor como hacen ustedes en un medio de gran difusión, por lo que aprovecho para solicitarles, amparándome en Ley Orgánica 2/1984, de 26 de marzo, reguladora del derecho de rectificación, y que en su Artículo Primero dice así:
“Toda persona, natural o jurídica, tiene derecho a rectificar la información difundida, por cualquier medio de comunicación social, de hechos que le aludan, que considere inexactos y cuya divulgación pueda causarle perjuicio.
Podrán ejercitar el derecho de rectificación el perjudicado aludido o su representantes y, si hubiese fallecido aquél, sus herederos o los representantes de éstos”.
rectifiquen el dato de “pueblo sin gasolineras en cinco kilómetros”, y para que así conste, les remito el presente documento.
Alcublas no está aislado, no estamos perdidos en la nada. No tenemos un paisaje “postnuclear”. Me dejo muchas cosas que contarles de Alcublas, pero creo que con esto ya se pueden hacer una idea de lo equivocados que están ustedes. Antes de emitir un juicio tan atroz, sin base alguna, se informen, visiten y paseen por Alcublas, conozcan a sus gentes, y todo lo que allí tenemos y ofrecemos. Seguramente, y si el sentido común les acompaña, disfrutaran de su visita y cambiará radicalmente la visión catastrófica que han querido vender.
Un saludo.
MªJosé Cabanes Sanz. Una alcublana

 

EL FOLASTERO

Petronila la Churra. La Yesa.

Le paician ramplones, isa guisa de charrar nu’era drecha, no podía selo, si munchas veces ni tan sisquiá asampaba compriender isas parabras, isas regirás qu’emplegaban en el lugarico, parabras que senificaban una cosa destinta a la lengua de la chente culta de letras, el castellano. A la c’allegó munchas veces probó d’endongales, po’que sin ser dispierto de lo c’hacia, dicierto no lu’hacia a mala fé, pos el había estudiado, era culto, barruntaba que muncho más pitico qu’ellos, asina cavilaba él c’había de ser, pos tinia una güena carrera, leia munchos libros de toa mena, de medecina lo que mas, otros eran repropiaus trataus de quimicos, pero tamien l’agustaban los diarios, dica novelas, asina que si, el si era un hombre con muncha educación, sin repropio el que mas del lugar, el si que sabía charrar güeno.

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Le salieron al chiquillo suyo malentias del alentar, se conoce quel aire juto y fresco le probaba bien, pu’eso pidió el mesmo isa destinación, pos asina pronte remontaría el chico y asina asamparían golver a la capital, caviló qu’eso acayeria en poquicos años, pronte joparia isos montes, que eran tó maleza, allagas, pinos, isnebros, carrascas y trabinas, isos cinglos que salian por cualquiá rodal, rodiando el lugar, esafiando a las juerzas de gravedá, quietos tar cuar si se burlescaran del tamaño del que los adonaba, pagáus de que los guiparan inpercazables. Pronte joparía isas tierras acaramullas de rochas, tan pesás de subir, c’hacían desagradable salir a pasiar, pos dica eran repropias de bajar y lo pior era l’aseguranza de que dispues había que subilas. Albandonaria isas tierras tan aperillosas d’altas hormas en los bancales, isas c’habian obrau a mano mientres siglos, pa tratar d’aplanar una tierra enrrochá y dura, mu dura, tar cuar las peñas c’asomaban por toas partes, duras tar cuar las chentes que las habitaban, pos paicia que ni tan siquiá tubieran corazón de lo jutos y frios que se l’antojaban, tar cuar la recochura que bufaba en hibierno.
A la c’allegó al lugar la mujer suya estaba preñá ya del segundo chiquillo, desacupó en la capital, tar cuar había de ser, isas chentes s’empecinaban en parir en las casas suyas, tar cuar habían hecho siempre dinde cherenaciones tras. Chano chano jué amarinandose al lugar, se percató de lo sano del aire c’alentaban, lo bien que le probaba al chiquillo mayor pos con la meta de medecinas estaba mijor que nunca, se percató tamien de lo tranquiloso que dormían, sin ruidos, fresquicos al verano, iso si, hacia muncha refrior en los hibiernos, pero sana, un aire que criaba juertes y sanas las criaturas, bien sabía el iso. Pero las chentes, a isas no s’amarinaba, no, isas chentes siguian guipandolo tar cuar un folastero, munchos años dispues d’allegar siguia barruntando c’asina era, ya no les endongaba, pos cuasi tampoco charraba con ellos, eran tan ramplones que nu’apriendian nadica, antimas le tinian ojeriza, habia de ser iso, pos día a día l’hacían barruntar que nu’era parte del lugar, nunca le clamaban pa preguntale parecer en los asustos de festejos ni tradaciones, a la consulta siempre le dician d’usté y en la calle tamien, siempre con distancia, con recelo, tantos años y aún no tinia amistades dentre ellos, pos eran chentes mu enrraizas, acarrazas a lo propio, a la estrania traza de charrar d’ellos, amarinaus a unas tradaciones antigas, viejuras y dica aperillosas. Prendian aperillosos fuegos pa cerebrar santos, si dica de tantas velas una vez se les prendió fuego en la Iglesia, sin allegar a mayores, pero podia haber sido una disgracia mu grandiza, por mas que les recomiendo él que no prendieran mas velas, ni tan siquiá paice que se pararon a cavilar un menuto isa ideya, cuasi no podía ser d’otro modo, pos eran chente pro surritonta.

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Los chiquillos, isos se criaban sueltos, d’una guisa mu borde, siempre allegaban a la consulta con güesos rompios y espizques que precisaban puntos, y es que los padres no paicia que les hacia muncho caso, les premitian jubar tol dia por las eras con palos a aporreasen, u s’arreban pedrazos. Y que icir de l’higiene, isa ni tan siquiá sabían qu’esistira, pos por mas que probó d’anseñales una miaja d’urbanida, na había c’hacer, golian mal, mu mal, a borrega, a puerco, a buja… sin repropió eran chentes mu salvaches, pero iso si, distinguían mu bien al forastero del lugareño, asína se sintIia en el lugar, forastero, y asina se lo esplicotiaba a los chiquillicos suyos, “siempre os consideran forasteros en este pueblo, nunca tendréis amigos aquí”.

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Los mestros allegaban pá un añico namas, una mena de castigo por no tenir pro punticos p’asampar la plaza inorada pu’ellos. Por lo corriente la que inoraban era una plaza en la ciuda u en el lugar ande s’habian criau, un lugar grandizo, con muncha chente, con botigas, espectaclos, cultura. Asina isa amargura que síntian, ise despagamiento d’encontrasen en un lugar pirdio en meta de cinglos que na les ofricían, iso era lo que tresladaban a los alunos, aún sin pretiendelo, sin ser dispiertos d’ello, chano chano, en los chiquillos mas piticos y despabilaus l’ideya de inferioridá iba calando, y el que nu’enduraran nunca mas d’un curso sin repropio les daba la vaya a los mestros, eran ramplones. ¿Y que barruntaban los mestros?, distancia, por lo corriente eran jovencicos, al allegar estaban clisaus, lejos de sus parientes y de sopetón se topetaban con isa chente tan ramplona, con isa estrania traza d’educar a los chiquillos, tan retraíos que los adonaban con distancia dica con refrior en los ojos, isos chiquillos nunca asampaban aganchales campera, asina lo barruntaban.

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Isas eran las escasas presonas que trataba el dotor, los mestros, pos eran los únicos que sabían de letras n’el lugar, pero jopaban pronte y asina año tras año había que renuevar las amistades. A la c’allegaban ya les charraba el de la tracica qu’eran pu’alli las presonas, asina que no seria ná estranio si nunca asampaban hallasen agustico n’el lugar, pué quel dotor inorara sintise asina, entegrarse en el lugar, pero ellos no, ellos namas inoraban agüecar pronte, ni tan siquiá angunos enduraban el curso pleno, pos a la que surtía plaza, anque juera pa sustituyir a otro mestro mientres unos poquicos meses, no repropiaban, nu’adonaban tras, pos nenguna campera habían aganchau con isa chente, nenguna amistá. L’unico que les penaba una miaja eran los probes chiquillos, paicia c’angunos mestros les sabia malo se criaran asina, tan alejaus de la chente cevilizá, asina c’antes de jopar procuraban inculcales la ideya de que antes con antes, a la que tubieran l’ocasión, s’espolsaran las sabatillas.
Allegaron en verano, les ampraron una casa pa tres meses, de meta Junio a meta Setiembre, eran Ingleses, tan apenas charraban el castellano una miaja, asina que resultaron mu chocantes pa los lugareños, tinian dos chiquillos chicutos, de sais y ocho añicos, y cuasi dinde recin allegaus escomenzaron a jubar con los demas chiquillos del lugar, pa isos chiquillicos paice que nu’habia lenguajes estranios, pronte se divirtian d’una guisa que jamas habian podio figurase, cuasi sin trastes, sin moñas ni pilotas, namas con lo que se figuraban ellos mesmos, ardieando los juebos con trastes que replegaban por las eras, palos, piñas, potes…
Los padres se percataron que los chiquillos suyos estaban mu alcontentos allí, eran muncho mas filices asina, cuasi sin ná, ellos mesmos se sosprendieron estraniamente de mu güen teque, tranquilosos, sin repropio anguna cosa habia n’aquel lugar que les clamaba, algo que les resultaba mu atrativo, pué que juera l’aire con isos aromas de planticas salvaches, isas que pu’aquel antonces ni tan sisquia sabian clamar por el nombre suyo. Lo mesmo lo que les encandilaba era la polideza de los paisaches, de los montes con isas bonicas cingleras percutidoras, con isos arboles tan sojerentes, centenarios, isos que netechaban l’aire, y no mas con alentar una bocanada d’ise aire se sintian reviscolar. Pero tamien pué que jueran las chentes c’allaron pu’alli, pos anque no asampaban charrar muncho con ellos, siempre les sonrreian, les agustaba apriender la guisa de fainar que tinia isa chente del lugar, aprendian munchas cosas nuevas tos los dias, dinde regar los güertos u masar pan, dica obrar casas con peñas y algez, chano chano los ingleses estubieron en boca de tos, eran tan chalangueros que los lugareños les carriaban a la casa suya calabacetas tiernas y pepinos, güevos y dica angunos les convidaban a yantar a la casa suya.
A la c’allegó setiembre “el inglés” se jué a la ciudá, pos la faina le clamaba, pero pá sospresa de tos n’el lugar la mujer y los chiquillos enduraron allí, el hombre acudia pal cabo de semana, dispues, al año, compraron una casa, pretiendian endurar alli pá siempre. Eran chente estranjera, estrania, y agora pretiendian vivir alli, no paicia haber muncho ficacio en tu’iso, el hombre bajaba a la ciuda tres u cuatro dias, dispues subia al lugarico ande tinia la parentela. Ella fainaba cosicas de lo c’habian apriendido de la chente del lugar, s’emplegó a l’artesania y l’arte, amanaba conrservas mu naturales de tomates, de bajocas u de pimientos que criaba la chente en los güertos, l’anseñaron a crialos ellos mesmos, dica s’hicieron con un güen güerto. Tamien criaban conejos y gallinas, amanaban zucraturas con las frutas y la miel del lugar, aprendieron fainas con las qu’escomenzaron a montar cosas que dispues vendian en las ferias y mercaus artesanales con esparto, con fusta, con lo c’asampaban pu’isos montes, asina chano chano asamparon ganasen la vida con isas fainas y el marido se dejo la faina de la capital, los ingleses jueron unos mas n’el lugar, charraban a la guisa suya, tar cual si carriaran la boca llena u algo asina, pos no asamparon quitasen ise dejo suyo, pero iso si, sabian lo qu’era una rocha, un ardacho, la cambra, l’artesa, el pernil, el lebrillo u la perilla de la luz.

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Un dia “el inglés”, pos siempre tindria ise malnombre, se topetó con el dotor, le saludo tar cuar lu’ hacia con tos los lugareños, el dotor estaba intrigau por abriguar a que se dedicaba ise estranjero antes de mudase a vivir al lugar, asina que sin munchos ronderos le preguntó. El ingles era enginiero, trabajo munchos años con maquinaria en una fatoria de la ciuda y la mujer suya habia sido contable antes d’acudir al lugar. El dotor se sosprendio muncho, asina qu’eran chentes de carrera, presonas inteligentes, el se figuraba que serian una mena de chente estrania tar cuar armitaños, pero no, resulto qu’eran presonas con estudios con los que güenamente el dotor habria tenio amistá, pos eran cultos, pero no, a la contra, estraniamente s’habian ajuntau con los ramplones del lugar, si dica charraban tar cuar ellos, sin repropio era algo que no tinia ficacio nenguno.
-¿A usted no le parece que siempre será forastero en este pueblo?, ¿acaso esta gente tan cerrada en sí misma y sus costumbres arcaicas, no le recuerdan cada día que usted es solo un extranjero?, todos se refieren a usted cómo “el inglés”, para dejar claro que no es de aquí.
-Pos vera uste siñor dotor, yo siempre he de ser “el Ingles”, pero no cavile qu’iso m’hace folastero, pos el panadero siempre ha de ser clamau “el panadero”, lo mesmo c’al alguacil, naide lu’ha de clamar por el nombre suyo, asina c’habria de ser mu zoquete yo si algo tan vidente tar cuar ser desacupau en Inglaterra juera a ofendeme, pero no se figure usté que barrunto me tratan de folastero, pos iso es mu diferiente, nusotros sintimos qu’hemos hecho mu güenas conocencias aquí y asina nos lu’amostran, pos dica con angunos tenemos muncho caldo.
-Más de veinte años hace que llegue a este pueblo y le aseguro que aun me tratan como un forastero, asi que usted que solo lleva tres años por aquí, no me explico cómo es posible que piense eso, que esta gente tan vulgar pueda haberlo adoptado como si usted fuera uno mas del pueblo.
-Pos ha de ser que cosa de que nunca me figuré yo que jueran ramplones ni zoquetes, a la c’allegamos premitimos que los chiquillos nuestros hicieran lo mesmo que los chiquillos del lugar, y nusotros apriendimos de las chentes su maniera de vivir, tamien les anseñamos cosas, y las apriendiron pronte, asina que mu zoquetes no paice que sean, iso si, nunca les endongamos su maniera de ser ni les endilgamos la guisa nuestra d’hacer las cosas, pero güeno señor dotor, tu’esto no pué un forastero allegar a compriendelo.

Parabras repropiás:
Ardiear: Inventar.
Chalanguero: Campechano.
Endongar: Corregir.
Endilgar: Imponer.
Endongar: Corregir
Polideza: Belleza.
Percutidor: Impresionante.
Ramplon: Vulgar.
Recochura: Frío intenso y seco.
Surritonto: Simple.

LES PROPORCIONAREMOS UNA AGENDA

Ezequiel Castellano – Coordinador del CELS

A la velocidad con que se mueve nuestra comarca, con el ritmo que marcan las personas que nos representan en ayuntamientos y mancomunidades, la dualidad que impone la realidad de un territorio fragmentado en “villa arriba” y “villa abajo”, la voracidad descubierta en aquellas gentes que gestionan servicios y acciones, la ciudadanía se va a ver obligada a tomar medidas.

agenda

La primera de todas, ha de ser sin lugar a dudas, la organización. Sí; la organización de aquellas personas que nos representan a nivel político. Dicen los entendidos en los análisis de esta realidad surgida hace año y medio, que la vida política ha tomado este cariz, debido a la complicación de los resultados dimanados de las urnas.

Lo bien cierto es que, en nuestros pueblos, se han complicado las cosas desde el punto de vista político y  la aritmética de las urnas, ha dejado una comarca escorada 7 a 11 hacia la balanza de la derecha con ayuntamientos en los que han tenido que tomar las riendas algún que otro tripartito.

A la altura de legislatura en que nos encontramos, no se me ocurre ninguna otra solución para rematar esta inanición política que padecemos, que no sea la de proveer a los alcaldes, concejales y representantes mancomunados de nuestra comarca, de una agenda; sí, sí, una agenda. No necesitamos que sea demasiado bonita ni ostentosa, pero estoy convencido que este elemento organizativo, ayudará mucho a desencajar la paralasis generalizada en la que nos encontramos, debido a este desequilibrio equilibrado de fuerzas políticas que rige la Serranía.

Pues sí; una agenda. Una agenda en la que tan solo tengan cabida palabras que comiencen por la letra “p”. La “p” de personas; porque los ayuntamientos y mancomunidades que no tengan a las personas como primer referente, están más perdidos que Carracuca. La “p” de proyectos; puesto que si la administración más próxima no sabe por dónde pegar para desarrollar propuestas y proyectos, se constituyen en tan solo un contenedor sin fundamento.

En esta agenda a la que nos veremos obligados a regalar a nuestros representantes, ha de caber igualmente la letra “p” de pedagogía; para poder anotar las razones por las cuales se hacen tan pocas cosas a nivel comarcal, porque se olvida el sentido de pertenencia a un territorio y como es que cada partido barre para su casa.

Este elemento organizativo, ha de saber incluir acciones con la letra “p” de participación. Ayuntamientos y mancomunidades de nuestra comarca se encuentran demasiado acostumbrados a hacer de su capa un sayo y no conciben la nueva política a desarrollar, fundamentada en la participación ciudadana. Hacen falta cartas municipales de participación y consejos comarcales en este mismo sentido. No debemos permitir que la nueva política continúe basándose en las viejas formas.

Por mi parte está bien claro: deberíamos regalar a los políticos de nuestra comarca, una agenda, porque aun estamos a tiempo. Da igual que sea roja, verde, negra o gris; una agenda para que la aprovechen para diseñar un plan de ruta en el que se tenga en cuenta a las personas de la Serranía, sus necesidades y sus realidades.

Una agenda, sí, una agenda, nos ayudará bastante a tirar “p’alante”..