POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS

Oyes crujir las ventanas de madera, que dejan entrar levemente el aire, debido al paso de los años. Te levantas pensando que la mañana será fresca pero cuando el día avance “hará bueno”, llegas al comedor y todavía queda calor de la noche anterior. Te calzas las botas, le pones el collar al perro que te mira con cara de alegría y de sueño, pero mueve el rabo porque sabe donde vas.

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Ves que la noche aun domina, bajas andando hasta llegar al principio del barranco, sueltas al perro que empieza a correr sin control, las patas traseras se le encogen, el culo se le agacha y el perro en sí se alarga… cruza las patas delanteras y traseras en su objetivo de coger la máxima potencia y desaparece.

Empieza a romper la mañana y ves como las piedras están mojadas, los romeros, la leña de los almendros y la tierra están llenos de pequeñas gotas de agua que irán desapareciendo con el dominio del sol.

Te cruzas un par de tractores, te saludan con ganas, se alegran al verte y, al ver que, como ellos madrugas….no sé por qué en los pueblos nos alegramos de ver que otros también madrugan, brevemente te dicen, sin parar , dónde van y a qué…y tú más o menos haces lo mismo.

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Metido de lleno en la umbría y con el perro ya en tus pies después de la exhibición de fuerza, empiezas a andar, terminas el camino de piedra y bajas a otro que te lleva hasta la Seca, una vez allí ves una imagen totalmente contrapuesta.

A una parte tenemos Valencia su ajetreo y su actividad, de otra parte el pueblo, ves las casas, los pinos que quedan en la parte de los molinos, el monte quemado del fondo que ya verdea, las granjas y todos los bancales de labor. La tranquilidad domina la imagen, es una forma distinta de vivir que cada vez menos gente elige. Empiezas a recordar las casas que hay vacías, la elevada edad de gran parte de las personas que viven allí, los pocos niños que hay en el colegio… ¿realmente, cada vez hay menos gente que quiera esta forma de vida?
La agricultura y las granjas son las que mantienen gran parte de familias, gracias al trabajo duro y constante sobrevive la actividad en el pueblo, pero piensas dónde estaremos de aquí a veinte años. La palabras son mucho más fáciles de escribir que los hechos, pero sigo pensando que aún nos quedan oportunidades, al final un pueblo no tiene que perder la esencia que lo caracteriza y que hace que estés encantado de estar allí, pero tiene que buscar no ser dominado por la tranquilidad absoluta.

Es aquí donde te sientes parte de algo. Desde donde estoy oigo las campanas y sé que me llaman a mí y a la necesidad de hacer algo, cada familia de este pueblo es un pedazo de esta forma de vida, que cuando nos pase algo a alguno de nosotros es como si nos pasase a todos, que este mal, de una forma u otra, antes o después nos afectará , que cualquier pérdida nos disminuye como pueblo ya que estamos ligados a él, así que, no preguntes a quién va dirigido este artículo, porque todos de una forma u otra pertenecemos al pueblo y tenemos bastante que perder.

por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti (J.D y E.H).

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Vuelves por los mismos pasos, pensando que podrías hacer para que la tranquilidad no domine en exceso, y la verdad es que no lo sabes, pero si sabes que estarías dispuesto a hacer algo. Te resignas a que sea un pueblo de fin de semana. Al final estas líneas serán simplemente una entrada en un blog, que alguien leerá y sabrá lo que son estas sensaciones, y ya está, como siempre nos quedamos en palabras frente al avance de lo que sucede.

Reflexiones anónimas de un joven alcublano

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