CIUDADANOS DE SEGUNDA

Una vez pasado el espejismo veraniego en la comarca volvemos a la realidad. Y nuestra realidad va de la mano de recortes en temas tan importantes como sanidad y educación.

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Es desmoralizante. Parece que siempre nos hemos hemos de dar cabezazos contra la misma pared. Parece que se han propuesto desertizar La Serranía y llevan el camino adecuado para ello. ¿Lo harán adrede o les sale sin querer?

Hasta ahora, los chavales de las localidades de Titaguas o Aras de los Olmos iban en un autobús al instituto de Chelva, los de Tuéjar, se subían a otro bus para ir a Villar (cabe destacar que que los alumnos de Titaguas y Aras de los Olmos también pueden acudir al SES de Alpuente). Pues desde desde que comenzó este curso solo pasa un autobús, que recoge a todos los estudiantes. Es decir, de dos líneas se ha pasado a una.

El problema es que se ha reducido la accesibilidad y que los menores que salen antes, concretamente, de Primero y Segundo de la ESO, deben esperar a los mayores para poder ir juntos en el bus todos. Pues bien, Lidia Ferrer, miembro de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos, afirma que si antes tenían poco, ahora tienen menos. Y esto, no es justo. La madre que pertenece a la AMPA asegura que llega un momento que niños de 11 y 12 años se pasan fuera de casa más de 8 horas. Y entre esas, más de 2 horas están esperando. Algo insostenible que debe cambiarse de inmediato, explica Ferrer.

(+TURIA Revista Digital)

Y por otro lado, en Calles este mes de septiembre se ha suprimido la atención médica diaria.

Niños de 10 años más de ocho horas fuera de casa y pueblos pequeños pero con vida sin atención médica diaria. ¿Este es el modelo?

Es el  momento de exigir un trato igualitario y no el que dictan los ratios. No hemos de ser una comarca subvencionada, no queremos ayudas. Se trata de que, igual que contribuimos con todas nuestras obligaciones, tengamos los mismos servicios que el resto de valencianos. Ni más ni menos. Una señora de Calles tiene que tener médico todos los días del año. Un niño de Titaguas tiene que tener un desplazamiento escolar adecuado para pasar con la familia las horas necesarias. Un hombre de La Yesa tiene que poder ir a Valencia los días que necesite en transporte público. Un joven de Vallanca tiene que tener banda ancha y 4G. Hasta que esto no lo veamos como un derecho y no como una reivindicación no habremos adelantado nada.

 

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EL TÍO NAZARIO

Curiosamente hay veces que la niñez a medida que se aleja se acerca y es entonces cuando surgen vivencias distorsionadas pero bonitas. Me vienen recuerdos de Corcolilla, unos recuerdos en blanco y negro.

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– Bajad a la tienda a eso de las cinco que van a llamar vuestros padres.

Era cada tres o cuatro días y ahí nos tenían a mi hermana, mi hermano y a mí sentados en tirereta esperando que sonara el teléfono.

– Portaros bien, haced caso a los abuelos, no riñáis, ¿habéis hecho siesta?

Este era el control remoto de mis padres hacia unos niños a cien kilómetros de distancia. Nosotros a todo decíamos que si. Una vez colgado el teléfono salíamos corriendo a jugar a la era de bajo de casa de mis abuelos. En el trayecto nos cruzábamos con Nazario, que venía de revisar su huerta andando junto a su macho por el camino de El Hontanar. El tío Nazario me provocaba cierto misterio. Era un hombre pequeño, de aspecto amable, poco hablador pero con una mueca traviesa. Lo que más me llama ahora la atención es que era testigo de Jehová, algo muy extraño en aquellos tiempos y en aquellas tierras. Una de las tiendas de Corcolilla era suya.

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Enseguida llegaba el momento de la merienda. Mi abuelo se apresuraba a prepararnos un bocadillo de mantequilla con azúcar y de postre el famoso flan chino. Una vez merendado, era la hora de mi abuela.

Con su bolígrafo en mis manos, mi abuela me sentaba encima suya y me hacía creer que yo resolvía sus palabras indescifrables. Era su pasión, los crucigramas. Yo, todo orgulloso de ayudar a mi abuela. Ella, orgullosa de ver a un niño feliz.

Recuerdos de niñez. Esas tardes de verano en Corcolilla desde la perfecta atalaya que era la casa de mis abuelos. Tardes de tormenta. Allí en su salón, estratégicamente elevado, se divisaba toda la hoya y a lo lejos, La Almeza y La Cuevarruz. Olor a tierra mojada, olor a cera de vela, fallos en la luz, truenos… y la voz de mi abuelo tranquilizándome.

Enrique Domingo

ALCUBLAS, UN PUEBLO CON MUCHA SORORIDAD

Hilando Vidas, proyecto de arte colaborativo y reivindicativo femenino de Alcublas llega este domingo a su tercera edición. Será inaugurado en la Casa de la Cultura de Alcublas este próximo domingo 12 de agosto a las 18,00 horas.

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Esta tercera edición tiene como palabra clave la SORORIDAD, que es lo que lleva a las mujeres a unirse por una causa común.  El proyecto, que nace de la idea de Ascen Martínez y es desarrollado técnicamente por María José Cabanes da un giro este año y se asemeja al trabajo de las abejas, con hexágonos de ganchillo a modo de panales que hacen de Alcublas un museo al aire libre.


La sororidad  trata de acordar de manera limitada y puntual algunas cosas con cada vez más mujeres. Y en Alcublas más de 70 mujeres de todas las edades participan en ello. Sumar y crear vínculos. Asumir que cada una es un eslabón de encuentro con muchas otras y así de manera sin fin.

Todo ello en Alcublas desde el 12 de agosto. ¿Te lo vas a perder?

INFECCIÓN

Sé perfectamente cuando empezó.

Reconozco que yo tuve la culpa. No fue del todo voluntario, pero sí que es cierto que yo dí los primeros pasos.

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Todo empezó cuando abrí un viejo álbum de fotos. Allí estaba. Era mi abuelo y yo estaba en sus brazos, serio y formal, como debía ser. Al fondo de la foto se distinguía la casa de mis abuelos, con aquella puerta de madera que utilizaba, colgándome de sus resaltes, como columpio o balancín improvisado.

Aquello me trajo recuerdos entretelados, ensoñaciones, imágenes que no sabía si eran reales o no. No aguanté más, las piernas se movían solas, no podía estar quieto en la silla.  Aquel fue el inicio, lo sé muy bien.

Lo que vino después solo fue consecuencia lógica de la situación inicial. A los dos días estaba en casa de mis abuelos, abrí la puerta y entré. Un olor, como a olla de barro y paja humedecida saltó hacia mi y yo, respiré una y otra vez, cada vez más hondo.

Salí al patio donde el tiempo había sembrado de tejas rotas el suelo. Volví a entrar en la casa, busqué, miré, removí y finalmente salí a la puerta, me balanceé sobre ella y la ví.

La vieja fuente estaba casi igual. Detrás de ella asomaba la cumbre del Cabezo que atrapando  el aire y soltándolo, furioso  sobre el pueblo, se proclamaba como Gran Señor.

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Aspiré ese aire, miré el reflejo del sol en el agua de la fuente y olí el olor a tierra. Estos tres gestos, tan inocentes, fueron fatales.

Ya nunca volví a ser el mismo, la infección se extendió por cada célula de mi cuerpo retroalimentándose de mi ADN convirtiéndose en una infección crónica que, sin embargo, no me impedía seguir con mi vida.

A pesar de que mi enfermedad se estabilizó, algunas noches me despierto  creyendo oler a teja rota y a agua corriendo y eso me lleva a pensar que mi mal no tiene cura. Os pido, por favor, que no os preocupéis por mi, voy sobrellevando la situación.

Espero no haber infectado a nadie de este mal aunque (os lo digo de forma confidencial)  cuando me quedo absorto en los días de verano escuchando el canto de los grillos y el murmullo del agua en la puerta de la casa de mis abuelos, tengo que confesar, aunque pueda padecer cruel, que  me gustaría que mis hijos padecieran de mi mismo mal.

 

María de los Cerezos

LA LATERALIDAD DE LA COMARCA

LA SOLANA – Zequi Castellano- Coordinador del CELS

En el momento de escribir esta columna de opinión, no hace ni una semana que la persona que presidía el gobierno del Estado, dejó de presidirlo de la noche a la mañana. Una vez más se corrobora el dicho serrano y universal mediante el cual se sabe que las mentiras tienen las patas muy cortas.

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Esta realidad, he de confesar que la descubrí cuando en tiempos de cursar estudios medios en el Instituto Luís Vives de Valencia, llegué tarde i extemporáneamente a casa, tras un día de folga en los jardines de Viveros, allá en donde todavía hoy, se encuentra una inmensa pajarera y un túnel vegetal de gran frondosidad.

Lo que personalmente descubrí cuando tan solo tenía 15 años, los entresijos de la política impiden que sus coordinadores, lo descubran a edades tempranas. Siempre se ha dicho que el mundo de los políticos está plagado de recovecos y de otras realidades, que hacen de este segmento social, un auténtico laberinto por el que transitan imberbes y doctos representantes al mismo tiempo.

Pero no insistiré sobre la bondad de transitar al recto en nuestro proceder cotidiano y menos aún, en la necesidad de hacerlo siempre en el campo de la política y en el ámbito de la representación. Cualquier atisbo de engaño en política, siempre se acaba pagando. El que hasta ahora ha sido presidente del gobierno central y sus correligionarios, lo han vivido en sus propias carnes.

En nuestra comarca, de hecho, los bandazos de los dirigentes políticos y sus organizaciones, han dado al traste con proyectos que mejoraban alguno de nuestros pueblos. Esta esquizofrenia política en que se encuentran algunos nuestros lugares, evidencia una realidad: no es lo mismo izquierda que derecha y siempre conviene acertar la lateralidad colectiva.

En nuestra comarca, desde hace algunos años a esta parte, predomina más la tendencia conservadora que la progresista, propia de una sociedad con raíces profundas en el sector agrario. Los estudios de sociología así lo ponen de manifiesto en cuento analizan los procesos políticos dentro del libro de nuestra historia.

Los últimos acontecimientos vividos, aconsejan caminar hacia una futura comarca de la Serranía del Turia, sin corrupción de cualquier tipo: económica, política, social, cultural, medioambiental…  Reconozco que se me hace difícil comprender y vislumbrar en su justa dimensión, la singularidad de esta sociedad, empaquetada dentro de una historia milenaria, repleta de luchas, reconquistas e invasiones, guardiana de su selecta gastronomía, su amplia gama agrícola, sus tradiciones seculares y su manera de entender la vida.

No obstante, los pueblos que formamos este rico territorio de interior que es la Serranía del Turia, vivimos inmersos en un cierto desconcierto colectivo, que se substancia en la calidad de vida de según el color político que ha consolidado gobierno en este o en aquel lugar. No es igual la manera de entender la vida desde la perspectiva de Alcublas, Andilla, Aras de los Olmos, Benageber, Chelva, Gestalgar, Titaguas o El Villar, que como se entiende en el resto del territorio.

Pero además de esto, se ha de convenir en apuntar que dentro de estos pueblos de la Serranía, se acentúan las diferencias, cuando sus administradores o administradores, llevan algún tiempo al frente, o cuando acaban de cumplir tres años, una legislatura o dos.

El sabor de todos y cada uno de nuestros pueblos, se ve mediatizado por la lateralidad política al que se somete o se sometió en su día. Incluso los adoquines, su urbanización, el trazado de calles y fachadas, hablan de la lateralidad de nuestros pueblos. Conviene visitarlos de vez en cuando, para corroborar sus progresos.

UNA DE RODEROS EN LA SERRANÍA

LOS TOMASOS

El bandolerismo es un fenómeno social que se enraiza y se desarrolla en las sociedades rurales y en los momentos de debilidad del poder. Es hijo del campo y de regímenes políticos que difícilmente se hacen respetar. Su origen se pierde en la noche de los tiempos.
Hablamos de bandolerismo con un vecino de Alcublas, y al respecto del tema, nos contó…
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Había una cuadrilla de roderos que eran cuatro compañeros, que les llamaban los Tomasos. Eran todos de esta zona, uno era de Pedralba, el otro de… Cuando se enteraban que uno vendía las botas de vino, allá iban ellos a sacarle la panoja… eran los amos y señores. En aquella época no había guardia civil, los guardias eran unos llamados los miñones, así les decían a la guardería de aquella época, no sé si será verdad…
Hace mucho tiempo uno de aquí contaba:
Se presentaron un día, llegaron aquí esos cuatro pues un pariente de él vendió el vino y lo dejaron sin una perrica ni media. Este hombre se pasó algo de palabras y, claro, enseguida lo barruntaron y le buscaron la vuelta, pues sabían que frecuentaba por aquí.
Un día de los que estaba trabajando por aquí cerca le llegaron una noche. En eso que llega el hombre con el animal, lo mete, se pone a hacer la cena… y a la que está ya a punto de echar el arroz se presentan los cuatro fariseos, los cuatro Tomasos.
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– ¡Qué! Buenas noches. (Dicen los Tomasos)
– Buenas noches.
– ¿Qué está, preparando la cena?
– Si, pero… ¿qué queréis cenar aquí?
– No… con esa que tienes ahí ya tenemos bastante. Además, no hacemos cuenta de que comas tú.
Y uno le dice:
– Va, quítate la chaqueta.
– ¿La chaqueta pa qué?
Nada. El uno la chaqueta, el otro el pantalón, lo dejaron como su madre lo parió en el mundo.
Una vez lo tienen desnudo, le dicen que se tumbe y uno de los tomasos llega y le pone la paella en todos los riñones, y se ponen a comer. Claro, ellos confiados porque tenían las armas allí y, además, cuatro para uno… dime tú lo que tenía que hacer el tío, ni moverse. Pero mecagüen, le clava la paella recién sacada del fuego y se la clavan en los riñones; de momento sí que aguantó un poco, pero al segundo pega así y le tiró la sarten a dos. Como estaba la puerta abierta, se salió como su madre lo trajo al mundo corriendo a Alcublas.
En vez de ir a su casa, le tocó a un amigo y le dijo:
– Soy yo. Sácame ropa que no quiero que me vea mi mujer cómo vengo.
– ¡Chico! ¿Qué te ha pasado?
– Me han hecho esto y esto… pero me las pagarán.
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Aquellos como no pudieron hacerse con lo que querían, en mucho tiempo no se les vio por el pueblo. Tardaron mucho tiempo en aparecer, pero él pensó: – Como los localice alguna vez…
Y claro, al pasar tiempos y tiempos, dio la coincidencia de que estaban jugando a la pelota en el callejón del Olmo, el callejón ese que se mete en la era, ande vivía la tía María la Verdesa. Y allí en el callejoncico estaba uno de ellos. Otro de ellos, mientras jugaban a pelota dos a dos, estaba sentado mirando la partida. Llevaban pistola, un revolver de aquellos y claro, llevaba dos tiros.
Y sale por la esquina y aquel dice:
– ¡Qué! Ahora me pones la paella…
Y sin perder un minuto le pega un tiro a bocajarro en la tripa. El otro lo ve de cara y no le dio tiempo para nada; se cayó al suelo y le aplica el otro tiro que le quedaba en la pistola. Se cargó a los dos en el acto allí mismo. Quedaba uno, pues no iban los cuatro.

Si algún día preguntáis, en la Cruz, en la plaza de la Cruz había –yo no lo llegué a conocer- una cruz de piedra en medio de la plaza, con unos asientos todos de piedra. Por eso se llamaba la Plaza de la Cruz.
Pues le entró el que quedaba y rodando y rodando a la cruz, como llevaba un cuchillo, se piensa lo que se piensa y rodó al revés. Entonces le aplicó el cuchillo… y con eso ya se cargó a los tres.

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Después de todo esto lo detuvieron por los tres asesinatos. Al cogerlo preso dijo:
– Si me encuentro al que falta, aquel me lo comería a pedazos.
Hablaron de todo lo que había pasado, del incidente de la paella, de los robos… y lo soltaron.

Esta es la historia de uno que le llamaban Gabarda, un tal Gabarda, y los inicios de toda la historia pasaron en las Bodegas de las Veinticuatro.
Y con ello termina nuestro amigo el relato. Comentándolo con posterioridad, varias personas afirmaron también conocerlo.
El bandolerismo fue un fenómeno social de capital importancia para toda nuestra comarca. Un fenómeno teñido de contradicciones que arranca ya en los s. XVI y XVII y que se situó a mitad de camino entre la rebeldía y la marginalidad. Numerosos artículos salpican la prensa del momento.

LOS FUEROS DE ARAGÓN Y LOS FUEROS DE VALENCIA

Después de la conquista, en el reino de Valencia coexistieron dos cuerpos legales, los Fueros de Aragón y los Fueros de Valencia. Ambos cuerpos legales formaban parte de la labor legislativa del rey conquistador.

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Los Fueros de Aragón consistieron en una colección de fueros locales aragoneses que fueron compilados por Vidal de Canellas, obispo de Huesca, a instancias de Jaime I. La obra jurídica llevada a cabo por Vidal de Canellas y sus colaboradores fue ardua y difícil ante la inexistencia de una previa colección fiable, por lo que se vieron obligados a sistematizar, es decir, a agrupar los diversos fueros en varios libros.

La “compilatio mayor” o “In excelsis Dei Therauris”, dirigida a los abogados, no debía tener vigencia oficial y estaba formada por nueve libros. En cambio, la colección conocida como Código de Huesca, compuesta por ocho libros, que se apoyó en la foralidad militar al haberse impuesto a la foralidad burguesa, sí tenía carácter oficial.

Fueron jurados y promulgados por Jaime I el día 6 de enero de 1247 en Huesca, donde había convocado la celebración de Cortes Generales del Reino de Aragón, por lo que asistieron a las mismas los principales ricos-hombres, caballeros, infanzones, prohombres, dignidades eclesiásticas y representantes de los concejos municipales.

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VIDAL DE CANELLAS

Una vez promulgados, para que causaran efecto en la actividad privada y en la administración de justicia, el rey encargó a todos los bailes, justicias, zalmedinas, jurados, alcaldes, junteros, sobrejunteros y a todos sus súbditos, que observasen y utilizasen los Fueros de Aragón en todos sus pleitos, declarando el sentido común y la equidad como normas supletorias para poder regular todas las circunstancias que no estuviesen contempladas en los mismos.

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Por su parte, los Fueros de Valencia contenían la legislación territorial vigente en el reino de Valencia que perduró durante más de cuatro siglos hasta que fueron derogados por Felipe V de Borbón en 1714 mediante los denominados Decretos de Nueva Planta.

Después de la conquista de la ciudad de Valencia, según López Elum, durante octubre de 1238 o, como máximo, antes de finalizar el año, Jaime I promulgó y concedió un cuerpo legal que se denominó la “Costum”, puro Derecho local según Mariano Peset, que contenía una serie de normas que regulaban la vida en común y la ordenación de la ciudad, adoptando normas de los fueros aragoneses y de las “costums” catalanas, permitiendo que los señores aragoneses y catalanes aplicasen en sus señoríos los diversos fueros locales aragoneses o los Usatges de sus lugares de origen.

Poco a poco, la “Costum” fue modificándose mediante la concesión de ciertos privilegios y la incorporación de nuevas disposiciones, así como también el criterio del monarca, que decidió que las normas que inicialmente había concedido tan sólo para la ciudad de Valencia ampliaran su campo de aplicación territorial, por lo que el 9 de mayo de 1245 concedió la “costum” a Denia y el 29 de julio de 1248 a Sagunto.

Según López Elum, en 1250 tuvo lugar en Morella una reforma de la “Costum” que supuso el inicio de profundas innovaciones que permitieron su conversión de norma meramente local a territorial para todo el reino, lo que daría lugar a los Fueros de Valencia.

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El 7 de abril de 1261, en Valencia, Jaime I de Aragón juró ante las Cortes valencianas los Fueros de Valencia, y el 11 del mismo mes promulgó un privilegio por el que se impuso a todos sus sucesores la obligación de jurar los Fueros de Valencia antes de que finalizase el primer mes de sus reinados. La supeditación del monarca a los Fueros supuso la constitución del reino de Valencia como estado soberano.

La dualidad legislativa territorial en el reino de Valencia estuvo motivada por el descontento de los ricos-hombres aragoneses, que desde el primer momento de la conquista entendieron que las nuevas tierras conquistadas a los musulmanes debían quedar sujetas al reino de Aragón, como Mallorca había quedado sujeta a Cataluña al ser su conquista propiamente catalana. Entre los ricos-hombres que no quisieron consentir que se aplicase la “Costum” como fuente jurídica para todo el reino de Valencia se encontraban el noble Pedro Fernández de Azagra y su hijo Álvarez Pérez de Azagra, señores que fueron del señorío de Chelva y del Estado independiente de Albarracín, ascendientes de Elfa Álvarez de Azagra, baronesa de Jérica por su matrimonio con Jaime I de Jérica. Ellos y sus descendientes de la casa de Jérica siempre se consideraron aragoneses, por lo que las tierras de sus estados, el señorío de Chelva y la baronía de Jérica, en la que encuadramos Las Alcublas, debían regirse por los Fueros de Aragón.

En 1329, Alfonso IV de Aragón, que se había decantado por la unidad legislativa, pretendía imponer los Fueros de Valencia sobre los de Aragón, acordó en Cortes “que en todos los lugares de su propiedad en el reino de Valencia en los que se aplicaban los Fueros de Aragón, y en aquellos donde los señores de los mismos lo consentían, se aplicase a partir de entonces los Fueros de Valencia, concediendo la denominada “jurisdicción alfonsina” a aquellos nobles que, renunciando a la aplicación de los Fueros de Aragón en sus señoríos, adoptasen los Fueros de Valencia”.

Una de las medidas adoptadas para fomentar la aplicación de los Fueros de Valencia consistió en instar a toda persona que ejerciese un cargo oficial en el reino y tuviese en el mismo algún señorío, villa o alquería, a que aplicase en sus tierras los Fueros de Valencia, siendo compelidos a renunciar a sus cargos o serían destituidos si no lo hacían efectivo.

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¿Qué sucedió en Chelva y en Jérica-Las Alcublas?

Las anteriores disposiciones afectaban a las tierras de Chelva y Jérica-Las Alcublas, pues en ambas se aplicaba el Fuero de Aragón al ser los Jéricas nobles aragoneses. Pero el rey no olvidó los lazos de parentesco con ellos, por lo que, alegando los mismos y en honor a su casa, recomendó a Jaime III de Jérica que renunciase al cargo de lugarteniente de gobernador en el reino de Valencia, que en 1329 ocupaba, antes que se viera obligado a destituirlo al estar cometiendo un contrafuero. A pesar de la recomendación, Jaime III de Jérica se mantendría en el cargo hasta finales de 1332 y en sus estados de Chelva y Jérica, en el que se encontraban las tierras de Las Alcublas, se siguió aplicando los Fueros de Aragón al ser descendientes de la Casa real de Aragón.

Al estar sus vasallos sometidos a los Fueros de Aragón, regularon sus relaciones privadas conforme a sus disposiciones, y el Justicia de sus villas, figura jurídica típicamente aragonesa, máxima autoridad judicial, aplicó sus normas en la administración de Justicia.

Después de la desaparición de la casa de Jérica en 1369, fecha de la muerte del último Jérica varón, fue decayendo poco a poco la aplicación de los Fueros de Aragón en sus tierras, si embargo, en el estado de Chelva, al ser adquirido por el noble aragonés Pedro Ladrón de Vilanova, I vizconde de Chelva desde 1390, su aplicación sobrevivió durante bastantes años del siglo XV.

El compartir señores, los Jérica, leyes, los Fueros de Aragón, obispado, Segorbe, costumbres y el “habla”, ha motivado que durante todo el año de 2009 los ayuntamientos de Chelva y Jérica hayan acordado el hermanamiento de ambas villas. Los lazos entre ambas quedan demostradas, también lo están con Las Alcublas, tierras también hermanas muy queridas en la capital del Vizcondado.

Vicente Vallet Puerta,
fue Cronista Oficial del Vizcondado de Chelva.
Académico correspondiente de la Academia de Genealogía y Heráldica de Valencia.